23/05/2026
En fútbol corre con entusiasmo. En música se concentra. En teatro se atreve. En dibujo permanece largo rato intentando mejorar una línea. En natación, patinaje, ajedrez, gimnasia o en cualquier espacio donde hay práctica, maestro, grupo, proceso y esfuerzo, algo suyo parece tomar vida.
Si se le quita, tal vez no se le está quitando una distracción, sino uno de los pocos lugares donde todavía puede mirarse sin sentirse en deuda. Un espacio donde no es solo “el que va mal”, “el que no entiende” o “el que preocupa”, sino el que corre, canta, actúa, dibuja, ensaya, mejora, pertenece, recibe una palabra de aliento y descubre que también puede.
Claro que el colegio importa. Hay que revisar hábitos, rutinas, horarios, responsabilidades y acompañamiento familiar. Pero una cosa es ordenar la vida de un niño para ayudarlo a responder mejor, y otra muy distinta es convertir en castigo el lugar donde está construyendo confianza.
Antes de quitar, habría que comprender qué función cumple esa actividad en su vida, porque acompañar una dificultad no debería consistir en apagar una fortaleza.