26/01/2024
ANÉCDOTAS DE LA VIDA DE MARÍA MONTESSORI: UN HECHO MARAVILOSO
Los periódicos hablan cada vez más de lo que llaman «el milagro de San Lorenzo». Los niños, que los primeros días eran una masa informe de pilluelos asustados, ahora se muestran serenos y formales. Si llega alguien, se levantan, saludan y ofrecen una silla antes de volver a sus tareas. Si les regalan juegos, los aceptan por educación, pero luego los apartan para retomar su material.
Un día, unos visitantes depositan sobre la mesa una bolsa llena de galletas de formas geométricas, pero a ningún niño se le ocurre comérselas. Están demasiado ocupados diciéndose uno a otro: mira un triángulo, yo tengo un círculo, he encontrado un rectángulo. Los visitantes se quedan mudos del asombro. La única que no se sorprende es Maria: «Este es el hecho maravilloso: el niño trabaja por sí solo, y tras haber trabajado es más fuerte, más sano mentalmente».
Está segura de que estos resultados pueden reproducirse. Se trata de crear un ambiente adecuado. El resto llegará por sí solo: «Los niños no encuentran obstáculos en el camino de su desarrollo. No tienen nada que esconder, nada que temer, nada que evitar. Simplemente, es así». A quien teme la anarquía, responde que ella cree en el orden, pero el que nace desde dentro, no el que se impone desde fuera.
Años más tarde escribirá: «En nuestro sistema, tenemos un concepto distinto de la disciplina; también la disciplina ha de ser activa. No decimos que es disciplinado un individuo solo porque se ha vuelto artificialmente silencioso como un mudo, e inmóvil como un paralítico. Ese sería un individuo aniquilado, no disciplinado. Nosotros llamamos disciplinado al individuo que es dueño de sí mismo y, por tanto, puede disponer de sí allí donde haya que seguir una regla de vida».
En la Casa de los Niños no se ponen notas [calificaciones] ni se dan premios. Maria se convence enseguida de que a los niños no les interesan las medallas de cartón que se entregan en las escuelas tradicionales para premiar a los más diligentes. Lo que les interesa es aprender. Por eso la única forma de castigo admitida es la inactividad. Al que se porta mal se le trata como un enfermo y se le hace reposar. Por lo general, el niño que queda aislado de esta manera «se cura» rápidamente, porque tiene demasiada prisa por volver a trabajar con los compañeros.
Cristina De Stefano
“El niño es el maestro. Vida de María Montessori”
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