06/04/2026
¿AUTISMO WOKE?
En la actualidad, de modo general y en el autismo en particular, algunos planteamientos se vuelven difíciles de discutir sin sanción moral o social. Esto se observa en la incomodidad, la indisposición e incluso la agresividad en lugar del debate. Hace unas semanas, por ejemplo, académicos autistas intentaron cancelar en redes a Naomi Fisher, psicóloga clínica especializada en autismo, por haber entrevistado a Uta Frith en el marco de la polémica sobre el espectro autista. Se trata de dinámicas propias de entornos donde se tiende a resguardar cierta ortodoxia “progresista” sobre lo que debería ser la realidad del autismo. Estoy en desacuerdo con Frith, pero eso no implica negar su derecho a exponer sus ideas ni la necesidad de debatirlas, no de cancelarlas.
El término “woke” surgió como una forma de estar alerta frente a la injusticia social. Sin embargo, en su uso actual no solo refiere a una sensibilidad ética, sino también a una forma de interpretar la realidad donde las ideas tienden a evaluarse no solo por su verdad, sino por su alineación con determinadas causas consideradas justas. El problema no es esta sensibilidad en sí, sino su extensión hacia ámbitos donde la pregunta central debería seguir siendo descriptiva: qué ocurre realmente, y no qué sería deseable que ocurra.
Hace casi tres décadas, Judy Singer sistematizó la noción de neurodiversidad como un subconjunto de la biodiversidad humana: la variabilidad irreductible de los cerebros. Posteriormente, Nick Walker distinguió tres niveles: la neurodiversidad como hecho biológico, como paradigma y como movimiento. Aunque relacionados, no son lo mismo. El movimiento se orienta a la justicia social y los derechos de las neurominorías; el paradigma, en cambio, constituye un marco para comprender la diversidad neurológica desde la diferencia y no desde el déficit. Cuando se confunden, el riesgo es epistemológico. El paradigma deja de operar como herramienta de comprensión y empieza a funcionar como vehículo de determinadas posiciones morales.
Sabemos que toda producción de conocimiento está situada y que la objetividad absoluta es inalcanzable. Sin embargo, no quiere decir que los hechos puedan ser sustituidos por lo que quisiéramos que fueran. Distorsionando la realidad no lograremos cambiarla. Como ha señalado el filósofo Michael Huemer, existe una forma de pensamiento que demonima “legislar la realidad”, es decir, primero se decide qué conclusión es moralmente aceptable y luego se ajustan los hechos a ella. En ese punto, las afirmaciones dejan de evaluarse por su verdad y pasan a juzgarse por su conveniencia.
Esto se visibiliza en ciertos debates actuales sobre el autismo. Como muestro en mi libro El amor autista, afirmaciones como que “el 70 % de los autistas son no heterosexuales” o que existe una mayor prevalencia de identidades de género disidentes en esta población se han difundido como si fueran conclusiones sólidas y generalizables. La cuestión no es la legitimidad de estas experiencias, sino la solidez de los datos con los que se pretende describir el fenómeno.
Muchos de estos datos provienen de estudios con limitaciones importantes: muestras sesgadas, ausencia de diseños longitudinales, uso acrítico de categorías complejas y una tendencia a convertir resultados preliminares en certezas.
A ello se suma un sesgo más grave: la exclusión sistemática de autistas con mayores necesidades de apoyo. La mayoría de estas investigaciones se basa en personas hablantes, con buena comprensión lectora y suficiente autonomía para responder encuestas, dejando fuera a autistas no hablantes, con discapacidad intelectual o que requieren apoyos extensos. En consecuencia, lo que se presenta como “diversidad sexual y de género en el autismo” describe, en realidad, a un subgrupo accesible al investigador, no al espectro en su conjunto. Sin embargo, estos resultados se extrapolan como si fueran representativos.
En este contexto, ciertas narrativas adquieren un estatuto incuestionable, y la crítica metodológica puede ser interpretada como una objeción moral. Se desplaza así el eje del debate: de la discusión sobre la validez de los datos a la evaluación de la aceptabilidad de quien los cuestiona. Esto no fortalece el conocimiento; lo restringe.
Como advierte Musa al-Gharbi en We Have Never Been Woke, parte de las élites académicas y culturales que sostienen discursos progresistas no necesariamente transforman las desigualdades que critican, sino que tienden a reconfigurarlas en el plano del lenguaje y las categorías. Los llama “capitalistas simbólicos”: actores cuyo poder reside en el manejo del discurso y que pueden promover causas legítimas sin alterar las estructuras que los sostienen. El problema su deriva hacia lo meramente discursivo, donde las ideas comienzan a valorarse menos por su capacidad de describir la realidad que por su alineación con determinados valores juzgados necesarios de antemano.
¿Podemos hablar, entonces, de un “autismo woke”? En la medida en que ciertas posiciones se vuelven difíciles de discutir sin sanción moral o social, y en que se privilegian narrativas deseables por sobre descripciones rigurosas, la respuesta es afirmativa. Conviene, sin embargo, recordar que el paradigma de la neurodiversidad no pertenece a ningún grupo ni agenda particular. Es una forma de estudiar la diferencia. Y para sostenerla, necesitamos algo más exigente que las buenas intenciones o ideología determinada: necesitamos la verdad y los hechos que la conforman. No debemos permitir que el paradigma de la neurodiversidad deje de ser una herramienta de comprensión para convertirse en un instrumento de confirmación de tal o cual agenda política. Corremos el riesgo de dejar de estudiar y comprender el autismo para defender una versión sesgada de él.
Bibliografía.
Al-Gharbi, Musa. We Have Never Been Woke: The Cultural Contradictions of a New Elite. Princeton: Princeton University Press, 2024.
Huemer, Michael. “Legislating Reality.” Fake Noûs, March 28, 2026. https://substack.com/home/post/p-191712082.
Reaño, Ernesto. El amor autista: Pasión, afecto, amistad y espiritualidad autistas. Amazon, 2025.
Singer, Judy. Neurodiversity: The Birth of an Idea. Self-published, 2017.
Walker, Nick. Neuroqueer Heresies: Notes on the Neurodiversity Paradigm, Autistic Empowerment, and Postnormal Possibilities. Fort Worth, TX: Autonomous Press, 2021.
https://ernestoreano.pe/autismo-woke/