Biblia, razón y Verdad

Biblia, razón y Verdad Biblia, razón y Verdad. La Biblia, como Palabra de Dios para los creyentes, es un mensaje de Fe que

08/09/2026

R. Padre Martín Feliciosi, IVE - llamado a la presencia del Señor un primer sábado de mes, el 5/9/2026. Rezamos por su eterno descanso en el Señor!!!

DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO (A) [30/8/2026]La tentación de encasillar a Dios en nuestros esquemas mentales, de querer ...
30/08/2026

DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO (A) [30/8/2026]

La tentación de encasillar a Dios en nuestros esquemas mentales, de querer como ‘dominar a Dios’, ha sido una de las tentaciones clásicas de todos los tiempos. La palabra de Dios en cambio, nos invita a lo contrario, a abrirnos a la revelación, en lugar de tratar de encerrar a Dios en nuestros esquemas. Leemos en Isaías (55, 8): Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos. Cuando parece que las cosas no van de acuerdo con tus planes, debes saber que siempre Dios tiene un plan para uno. ¡Sus caminos no son nuestros caminos, pero sus caminos siempre son los mejores! El punto es: poner la confianza en El y confiar menos en uno mismo.

Lo mismo parece haberle sucedido a Simón el Apóstol, que es Simón Pedro. Recordemos que Simón lo confesó como hijo de Dios, y Jesús le responde: ¡Bienaventurado eres!, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque no te lo reveló ni la carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos (Mt 16, 16). Lo llama ‘bienaventurado’ y además le cambia el nombre por Pedro -es el nombre que Jesús le pone-, que significa ‘piedra’ o ‘la roca’, y le promete que la Fe de la Iglesia descansará sobre él como fundamento visible. La Fe es siempre un don de Dios, pero tiene necesidad de testigos que la testifiquen y que la prediquen. Lo llama ‘bienaventurado’ porque dice que “ni la carne ni la sangre se lo había revelado” (era una confesión que venía de lo alto, de Dios). Pero ahora, pocos días más tarde, la misma persona, el mismo Pedro es llamado “Satanás” por Jesús. Satanás significa "el adversario". Y la razón es muy simple. Jesús dice: ¡Me eres de tropiezo (escándalo), porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres! (Mt 16, 23). Simón es 'bendecido' cuando sus pensamientos son de Dios, pero se transforma en 'adversario de Dios' cuando sus pensamientos son como el de los hombres. Se llega a ser completamente diverso en un caso que en el otro, la misma persona, porque el espíritu que la anima es distinto, en un caso y en el otro. No es que Pedro había dicho una cosa abiertamente mala, ni que hubiera cometido un pecado vergonzoso, pero pretendía guiarse por un pensamiento humano.

Simón Pedro se escandalizó de Jesús cuando éste había predicho su Pasión por primera vez. Al menos tres veces predice Jesús su Pasión en el Evangelio. Dice que "es necesario que el hijo del hombre padezca y sea rechazado y condenado a muerte...". ¿Por qué se escandaliza Pedro y se toma el atrevimiento de reprender a Jesús? La respuesta es sencilla: Porque el amor la Cruz no es un producto de la naturaleza (no de la carne ni de la sangre), sino solamente de la gracia de Dios. Simón amaba a Jesús con un amor humano, de amigo que quiere lo mejor para su amigo, pero eso no basta para darse cuenta cual es el verdadero bien, según el plan de Dios. Eso es importante para nosotros: evidentemente que el amor humano es normal y corriente en la mayoría de las personas y tenemos que convivir con él; en la familia, con los amigos, hasta en el trabajo. Pero, para el cristiano, el amor humano tiene que estar orientado al amor sobrenatural, que es la verdadera Caridad, el amor de Dios, y a veces ese amor pide sacrificios más grandes, como el de la Cruz.

Hubo grandes santos que tenían un gran amor por la Cruz de Cristo. Sin duda se trata de un regalo especial de Dios. San Luis María de Montfort nos enseña que es un regalo que no podemos imitar o pretender poseer con solas nuestras fuerzas, porque es superior a la naturaleza, pero sí es un regalo que humildemente podemos pedir, lo que él llama la "sabiduría de la Cruz". "Es una sabiduría especial – dice-, que se obtiene únicamente a través de grandes sufrimientos, ferviente oración y profunda humillación". Con todo su candor, pero la misma Santa Rosa de Lima (que celebramos hoy), dice en sus escritos: «Me daba ganas de salir a la plaza y gritar, con palabras tomadas de la boca de Cristo: “Que no se adquiere gracia sin pasar por grandes aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos para conseguir la participación íntima de la naturaleza de Dios, la gloria del Cielo y la hermosura del alma”». Esa es la ciencia de la Cruz, el tesoro infinito que los que lo adquieren, se atraen la amistad de Dios (Sab 7, 14), porque sin ella no hay verdadera amistad con Dios, no nos engañemos.

Obviamente, no es que todos están llamados a las grandes cruces; Dios sabe lo que destina a cada uno, pero no podemos, de entrada, oponernos a que sea parte de nuestra vida, si queremos ir al Cielo y ayudar a otros para que vayan. Esa sabiduría sí podemos implorarla (Sgo 1, 5-6) y la podemos alcanzar.

El santo nos recomienda también el humillarnos, pero con tranquilidad, delante de nuestros propios pecados, cuando desafortunadamente los hemos cometido; humillarse delante de ellos inmediatamente bajo la poderosa mano de Dios (1Pe 5, 6), con arrepentimiento sincero, pero sin desesperar, diciendo por ejemplo: "Estos son señor, los frutos de mi jardín", pero perdóname. Y es también necesario recibir la humillación como corrección por nuestro orgullo y pecados. A veces Dios permite a sus siervos fieles el experimentar muchas deficiencias, a fin de que nadie se jacte en su presencia (1 Cor 1, 29).

También nos advierte de no creer que nuestras pequeñas cruces son signo especial de predilección de Dios. Es una trampa sutil e ingeniosa de orgullo espiritual”. Debemos creer en cambio:
a) Que son más bien nuestro orgullo y sensibilidad los que nos hacen considerar como vigas, las cosas que son sólo paja; como llagas, las picaduras de simples insectos; los ratones como elefantes, las simples palabras y tonterías que lleva el viento, como si fueran atroces insultos.
b) Las cruces que el Señor envía realmente son más bien el precio de lo que merecemos por nuestros pecados y no tanto señales de especial predilección.
c) Por más cruces y humillaciones que el Señor nos envíe, son infinitamente mayor en número aquellas que realmente merecemos, teniendo en cuenta el número y la magnitud de nuestros pecados. Y siempre hay quien la tiene mayor que la nuestra, especialmente en nuestros tiempos (pensemos en todos los que sufren la persecución y la muerte, y no porque sean peores que nosotros). Tenemos que pedir la gracia de ver nuestros pecados y falencias como los ve Dios.
d) Que la paciencia con la que decimos sufrir la Cruz se mezcla con nuestro modo de ser humano y natural. Prueba de ello los egoísmos, las búsquedas de consuelo, el modo en que nos justificamos, las quejas o incluso las murmuraciones, tan bien disfrazadas de virtud, el volver a hablar y hablar de nuestro dolor, la creencia de que somos muy importantes (como Simón el Mago, quien se hacía para por alguien importante; cfr. Hechos 8, 9).

La Cruz contradice el mundo, pero sólo en ella se encuentra la salvación, y ella es la única reforma que verdaderamente sirve. Le pedimos al Señor que nos enseñe a llevarla con paciencia, y si es posible, incluso con coraje y firmeza, y a mirar la realidad con los criterios de Dios. Siempre permanecerán las verdaderas palabras del Señor: Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa mía, la hallará (Mt 16, 24-25).

Obispo que expone un verdadero pensamiento católico. Para dar gracias al Señor, y a la valentía del obispo Mutsaerts!!!
20/08/2026

Obispo que expone un verdadero pensamiento católico. Para dar gracias al Señor, y a la valentía del obispo Mutsaerts!!!

Más santidad, conversión y evangelización. Obispo plantea una alternativa al camino sinodal, cuestiona los frutos y pide volver al evangelio.

DOMENICA XIX TEMPO ORDINARIO (A) [9/08/2026] Nei Vangeli i miracoli di Cristo vengono presentati come segni del regno di...
09/08/2026

DOMENICA XIX TEMPO ORDINARIO (A) [9/08/2026]

Nei Vangeli i miracoli di Cristo vengono presentati come segni del regno di Dio, che è entrato nella storia dell’uomo e del mondo. “Se io scaccio i demoni per virtù dello Spirito di Dio, è certo giunto tra voi il regno di Dio”, dice Gesù (Mt 12, 28). Perfino se tanti sono arrivati a dire che i miracoli raccontati nei Vangeli non erano veri miracoli, e cose simili, per quante discussioni essi vogliano fare, non sarà mai possibile staccare i “miracoli, i prodigi e segni” attribuiti a Gesù dal contesto autentico del Vangelo. Nella predicazione degli apostoli, dalla quale principalmente hanno origine i Vangeli, i primi cristiani sentivano narrare da testimoni oculari quei fatti straordinari, accaduti poco prima e quindi verificati, sicché trovavano normale che fossero inseriti nei vangeli.

È chiaro allora che gli evangelisti e tutta la Chiesa primitiva vedevano in ciascuno di quei miracoli il supremo potere di Cristo sulla natura e sulle sue leggi. Colui che rivela Dio come Padre, Creatore e Signore del creato, quando compie quei miracoli con il proprio potere, rivela se stesso come Figlio consostanziale e uguale al Padre.

Alcuni miracoli presentano però anche aspetti complementari a quel significato fondamentale di prova del potere divino di Gesù, e sono aspetti in ordine alla salvezza. Parlando ad esempio del primo ‘segno’ compiuto a Cana di Galilea, l’evangelista Giovanni nota che mediante esso Gesù “manifestò la sua gloria e i suoi discepoli credettero in lui” (Gv 2,11). Il miracolo è dunque compiuto per una finalità di fede, ma avviene durante una festa di nozze. Si può dire allora che, almeno nell’intenzione dell’evangelista, quel “segno” serve anche a mettere in rilievo tutta la storia della salvezza e paragonarla con l’immagine del matrimonio. Gesù dirà anche che il ‘regno dei cieli’ escatologico “è simile” proprio a un banchetto di nozze che il Re prepara per suo figlio (cfr. Mt 22,2). Il primo miracolo di Gesù potrebbe essere letto come un “segno” di questo regno. Anche il miracolo della moltiplicazione dei pani e dei pesci non si potrà capire, senza dubbio, senza riferimento e preparazione all’Eucaristia che doveva essere istituita il giorno prima della sua passione.

A sua volta, la tempesta sedata sul lago di Genesaret può essere riletta come “segno” di una costante presenza di Cristo nella ‘barca’ della Chiesa, molte volte nella storia esposta alla furia dei venti nelle tempeste. Gesù, svegliato dai discepoli, comanda ai venti e al mare e si fa una grande bonaccia. Poi dice loro: “Perché siete così paurosi? Non avete ancora fede?” (Mc 4,40). Si vede la volontà di Gesù di inculcare negli apostoli e discepoli la fede nella sua presenza operatrice e protettrice anche nelle ore più tempestose della storia, nelle quali potrebbe infiltrarsi il dubbio sulla sua divina assistenza, sia per la Chiesa che per ciascuno di noi.

Gesù, che va verso i discepoli camminando sulle acque, offre un altro “segno” della sua presenza, e assicura una costante vigilanza sui discepoli e sulla Chiesa: “Coraggio, sono io, non temete”, dirà Gesù agli apostoli, che lo avevano preso per un fantasma (cfr. Mc 6, 49-50; cfr. Mt 14, 26-27; Gv 6, 16-21) [Marco fa notare lo stupore degli apostoli “perché non avevano capito il fatto dei pani e il loro cuore era indurito” (Mc 6,52)]. Il vangelo letto (Matteo) riporta la domanda di Pietro che vuole scendere sulle acque per andare incontro a Gesù e registra la sua paura quando si sente sprofondare: Gesù lo salva, ma lo rimprovera dolcemente: “Uomo di poca fede, perché hai dubitato?” (Mt 14,31). Aggiunge pure che “quelli che erano sulla barca gli si prostrarono davanti esclamando: Tu sei veramente il Figlio di Dio” (Mt 14,33).

È Gesù che rinsalda la debole e vacillante fede di Pietro, ma l’ha fatto approfittando che Pietro si era mosso verso di Lui, che aveva avuto il coraggio di scendere da quella fragile nave, in mezzo a una grande tempesta, credendo alla parola di Gesù, per correre al suo incontro. Era purtroppo ancora debole ed ha cominciato a dubitare, ma ha trovato che Gesù era lì per salvarlo. Cristo non avrebbe bisogno che noi facciamo il primo passo, ma lo vuole così, vuole che noi andiamo per primo al suo incontro, pur se siamo certi di essere deboli, ma ci vuole almeno avere la decisione di scendere dalla nave per cercare di andare incontro a Lui, là dove Lui lo vuole e ci chiama, per più difficile che sembra essere. Lui sarà lì e tenderà la mano per soccorrerci.

Nella nostra vita di Fede, esiste il pericolo del mondo e delle sue turbolenze, degli scoraggiamenti, delle delusioni, delle tentazioni diverse, perfino da parte di persone che non credono né in Dio, né nella Vita Eterna, oppure non si ne interessano. [Nella strada del consacrato in particolare, i pericoli possono ve**re del cominciare a avere nostalgia di quello che si è lasciato dietro, e certa voglia di riprenderlo, come se si volesse fare marcia indietro, fino alla riva da dove si era partito]. Cristo è però sempre con noi, pure nel buio.

Pietro amava molto Gesù, e voleva seguirlo, ma voleva essere sicuro di ciò che credeva. Allora chiese di andare verso di Lui. Mentre fissava il suo sguardo in Gesù e non pensava altro, tutto funzionava bene, ma appena iniziò a pensare più in sé stesso, incominciò ad affondare, e gridò: Signore, salvami! Cristo lo prese per mano e gli disse: Uomo di poca fede, perché hai dubitato? Potrebbe sembrare ovvio che un uomo che è stato invitato a camminare sull’acqua in mezzo alle onde ed al vento possa dubitare di seguire avanti. Comunque, Cristo l’invitava a farlo e gli assicurava il sostegno. Lo stesso succede con noi nella vita di Fede. San Giovanni della Croce afferma che Quanto meno essa si affida alle sue capacità naturali, tanto più avanza sicura, perché procede nella fede (Salita al Monte Carmelo, II, 1,3).

Ci sono dei momenti in cui Cristo esige a tante persone una Fede che superi ogni situazione e non rinunzi mai alla speranza. Scrive un commentatore: “Non bisogna ammirarsi, quando lottiamo con le avversità, se non riceviamo subito il rimedio che viene dal cielo, perché Dio vuole per primo, il che noi facciamo esperienza della nostra pazienza e della nostra lotta, come spettatori fino alla quarta vigilia, cioè, arrivando fino all'ultimo”. Ma ci soccorrerà se sappiamo fidarci di Lui.

Che la Madonna Santissima, nostra Madre, ci conceda questa grazia. Così sia.

DOMENICA XVIII TEMPO ORDINARIO (A) [2/8/2026] Abbiamo sentito un racconto ormai classico nel Vangelo: Il miracolo della ...
02/08/2026

DOMENICA XVIII TEMPO ORDINARIO (A) [2/8/2026]

Abbiamo sentito un racconto ormai classico nel Vangelo: Il miracolo della moltiplicazione dei pani e dei pesci, operato da Gesù. Questo miracolo possiede certamente un significato più profondo. Dice il Catechismo della Chiesa Cattolica [1335], infatti, che «i miracoli della moltiplicazione dei pani, quando il Signore disse la benedizione, partì e distribuì i pani per mezzi dei suoi discepoli per alimentare la moltitudine, prefigurano la sovrabbondanza di quest’unico pane della sua Eucaristia, così come il segno dell'acqua convertita in vino in Cana annuncia già l'ora della glorificazione di Gesù; manifesta il compimento del banchetto delle nozze nel Regno del Padre, dove i fedeli berranno il vino nuovo convertito in Sangue di Cristo».

Il fatto che questo miracolo -in genere i miracoli di Cristo- abbia un significato più profondo, non esclude assolutamente che si sia trattato vera e propriamente di un miracolo di Gesù, veramente accaduto. Essendo Gesù Dio, e operando con virtù divina, poteva perfettamente moltiplicare il pane e i pesci. Operare la loro moltiplicazione è meno che la Creazione dello stesso grano e degli stessi pesci, che sono pure loro opera di Dio e creati dal Signore. Quello che ha avuto il potere di crearli ha pure il potere di moltiplicarli.

Dalle volte si dichiara che in realtà, il vero miracolo consisté in che Gesù insegnò a parteggiare, a compartire il cibo insieme a tante persone, e che il racconto come l’abbiamo nel Vangelo, sarebbe opera degli evangelisti o di altri autori posteriore fatto soltanto allo scopo di illustrare e dare forza a quel gesto di Gesù. Ma, sarebbe un po’ assurdo che gli evangelisti raccontassero tanti dettagli come fanno: il numero di persone, di pani, di pesciolini, il fatto che i discepoli si lamentano che non c’è da mangiare per tanti, l’ordine di Gesù, il farli sedere in gruppi, il prendere i pesci ed i pani, alzare gli occhi, benedire, il comando di distribuire e il dettaglio di tutte gli avanzi; tutto questo sarebbe fantasia pura e anche malsana. Se si volesse dire che Gesù voleva solo insegnare a parteggiare, gli evangelisti l’avrebbero trasmesso come tale, come un insegnamento chiaro di Gesù, così come lo fanno in altri momenti (le Beatitudine, la Nuova Legge, le parabole).

Dobbiamo anche dire che il riferire il numero preciso dimostra piuttosto che la memoria del miracolo era ancora fresca nella mente degli scrittori sacri, e sicuramente, quando hanno scritto i primi tre Vangeli erano ancora vivi certuni che avevano assistito all'evento ed avevano partecipato. Se si trattasse di un fatto falso, essendo relativamente recente, molti avrebbero potuto contraddirlo. La cifra di cinquemila uomini che stavano ad ascoltare Gesù non è esagerata.

Ad ogni modo, e come abbiamo detto, la moltiplicazione dei pani e dei pesci resta un segno, e segno dell’Eucaristia. Di fatto, nel vangelo di Giovanni, questo miracolo viene seguito dal discorso del Pane di Vita, dove Gesù insegnerà tutto il mistero eucaristico.

C’era bisogno di un miracolo del genere per cominciare a parlare dell’Eucaristia? Per noi può sembrare di no, perché ormai abbiamo una certa familiarità con i sacramenti, con l’Eucaristia. Perfino il più incredulo di noi sa e conosce infatti che la Chiesa insegna da sempre che il pane ed il vino consacrati diventano Corpo e Sangue di Cristo, ma non era così evidente il comprenderlo quando Gesù parlava. Per più pietà e religiosità che molti di quegli ebrei avessero, era assolutamente inimmaginabile che un profeta parlasse di mangiare la sua carne e bere il suo sangue, e questo come motivo di salute eterna. Di fatto, molti così reagiranno; dicendo: Duro è questo insegnamento! Chi può seguirlo? (Gv 6, 60), o penseranno che è pazzo e non lo seguiranno più. Il discorso eucaristico segnala l’apice dell’insegnamento di Gesù, e segnala un prima e un dopo. Perfino le esigenze morali più severe, come l’amore ai nemici, non avevano spaventato alcuni, ma adesso tanti si spaventano, e non seguiranno più Gesù. Perché?

Perché l’Eucaristia, essendo anche essa un miracolo ci mostra, in definitiva, che non siamo noi i capaci di raggiungere Dio né la salvezza, ma viene concesso come dono gratuito da Dio, dono che richiederà la nostra collaborazione senz’altro, ma è sempre dono di Dio. L’Eucaristia ci insegna che dipendiamo da Dio, e dopo il Battesimo, da Cristo in modo particolare, e che soltanto uniti a Lui in modo reale, avremo la Salvezza. L’Eucaristia deve essere per forza qualcosa di grande perché Gesù abbia fatto dei miracoli a posta per prefigurarla e insegnarla.

L’Eucaristia viene ignorata e anche contestata – e qualche volta pure tra i cattolici- quando l’uomo crede di farcela da solo. Quando si ritiene qualcuno per bene, quando si dà la propria morale, si crede giusto e capace di raggiungere intese solo perché siamo umani; il mondo moderno invece, mostra che succede il contrario; mai come adesso si sono visti i fallimenti. Abbiamo delle guerre interminabili dove si uccidono soprattutto civili, movimenti fondamentalisti terribili che ci sono stati e che uccidono in forma selvaggia, con la complicità dei grandi poteri. E non parliamo delle vittime segreti, degli aborti, dell’eutanasia, anche contro i bambini, anche contro persone che non la vogliono. Si è cercato di fare una civiltà dell’uomo, dove non c’è spazio per Dio, né alla scuola, né nelle relazioni umane, né nella società, e non è che siamo andati a finire bene. Anzi, sembra che tutto diventa peggio.

L’Eucaristia è quel sacramento che dice all’uomo: Senza di me, senza essere unito a me, non puoi fare nulla …(Gv 5, 5) e allora non ci resta più che esclamare, come il centurione: Non sono degno, Signore, che tu entri in casa mia, ma dì solo una parola, ed io sarò salvato (Lc 7, 7). L’Eucaristia ci chiede di chinare il nostro cuore, prima ancora di inginocchiarci o di chinare il capo, ci chiede di adorare umilmente, ringraziare fervorosamente e di supplicare con forza e insistenza il nostro Dio affinché ci liberi dal peccato, cosa che non meritiamo affatto, ma che il Signore lo farà per sola misericordia.

L’Eucaristia è un dono di Dio che non raggiungiamo dalle nostre forze, ma che richiede la nostra disposizione e collaborazione: Siamo sempre liberi di frequentarla o meno, ma il Signore chiede anche il nostro sforzo; ci chiede di essere liberi di ogni attaccamento al peccato (non è forse possibile non peccare, ma almeno essere liberi di quello mortale e senza inclinazione o affezione attuale al peccato, nel momento di riceverla). Richiede lo sforzo di purificare il cuore e di dire umilmente: Guariscimi, Signore! E così diventerà pegno di salvezza e cibo per la nostra vita cristiana.

Chiediamo questa grazia al Signore, per intercessione di Maria Ssma, madre nostra. Così sia.

DOMINGO XV durante el AÑO (Año A) [12/7/2026] "Un sembrador salió a sembrar…". Así comienza este hermoso relato evangéli...
12/07/2026

DOMINGO XV durante el AÑO (Año A) [12/7/2026]

"Un sembrador salió a sembrar…". Así comienza este hermoso relato evangélico de la parábola del sembrador. Tiene la ventaja para nosotros, de ser una de las parábolas que el mismo Señor se encarga de explicar, por lo cual no puede caber duda acerca de su explicación. Él dice que el sembrador es el mismo Dios, la semilla es su Palabra, los diversos tipos de terrenos son las distintas clases de personas u hombres a los cuales dicha palabra es predicada.
Parte de la semilla cae a lo largo del camino. "Son aquellos - dice el Señor - que habiendo escuchado la palabra no la entienden". La reciben, la escuchan, podrían entenderla porque su lenguaje no es difícil, no es inaccesible, pero entender significa también de largarse a ponerla por obra. Y ellos no quieren, por lo que dejan de entenderla. Dejan de entenderla como consecuencia del pecado. En efecto, aquel que se sumerge en el pecado, más se sumerge, más se vuelve insensible a la Palabra de Dios, incapaz de comprenderla, y en algunos casos hasta incapaz de escucharla, como el caso de los judíos que se tapaban los oídos para ni siquiera escuchar la predicación de Esteban y de San Pablo. Esto que parece ridículo es bastante común hoy, incluso para los cristianos, a los que muchas veces la palabra de Dios no les dice nada, les suena totalmente otro idioma. Se vuelven indiferentes a la palabra, y para eso no hace falta que lleven vida de corruptos o totalmente licenciosa. A veces personas que parecen muy respetables o llevan una vida en apariencia buena son de esta clase. Y a veces hasta de religiosos, que incluso hasta parecen incomodarse, y mucho, por sólo sentir que se predica fielmente la Palabra. ¿Y esto por qué? Pues porque sus criterios son mundanos; han entregado su pensamiento no a Cristo, sino al mundo. Se cumple en ellos aquello que también dice Cristo: "Teniendo ojos no ven, teniendo oídos no oyen…" Por eso el evangelio dice que Satanás les roba el tesoro de la Palabra; se los saca con violencia por no haberlo querido escuchar, se los saca antes que puedan llegar a reflexionar y arrepentirse, y así, muchos pierden la oportunidad de cambiar de vida y convertirse.
Quizás nos pueda interesar más los dos siguientes tipos de terreno: La semilla que cae en las piedras y se seca por no tener raíces, y la semilla que cae entre espinas y queda ahogada por estas. Los primeros, los del terreno pedregoso, son aquellos que no son profundos, o sea son superficiales, y por eso no puede la semilla echar raíz. Es como la piedra sobre la cual todo se rompe o resbala, no arraiga, no entra en composición con ella. Estos acogen la palabra y la aceptan gustosos, y hasta pueden pensar en practicarla, pero por causa de su mismo interior, soberbio, mundano, que ama más la comodidad que otra cosa, terminan secando la semilla. No pueden echar raíz, no soportan las más mínimas exigencias del Evangelio. Termina no siendo posible para ellos el ser cristianos. Jesús menciona dos factores que intervienen: tribulaciones y persecuciones. Las tribulaciones hacen referencia más a presiones internas, cosas de adentro, mientras que las persecuciones son externas, presiones externas.
Esto que parece tan extraño no está lejos de los peligros que corremos los religiosos. Es el peligro de quedarse en el segundo binario, de buscarle la vuelta para que Cristo se acomode a lo que queremos y no nosotros a Él. Es la tentación de querer Cristo sin la cruz, de estar bien con Cristo y con el mundo. El mismo Señor ha dicho que no es posible servir a dos señores. Por fuerza ha de dejarse uno. Cada vez que preferimos nuestro propio juicio al de nuestro Señor, y peor aún si a esto lo llamamos voluntad de Dios, somos un poco de esta clase, somos superficiales.
El terreno de los que reciben la palabra entre espinas es algo parecido al anterior. Sólo se diferencian en cuanto que de sí mismos podrían ser capaces de dar fruto, son capaces de afrontar ciertas dificultades, pero "hacen una tormenta en un vaso de agua", se dejan naufragar por las preocupaciones de este mundo, por las ocupaciones, por la cantidad de cosas, y buscan en el fondo sólo el cumplirlas como si fuera un oficinista, como si Dios se complaciera en el sólo cumplimiento material de las cosas. No basta con evitar lo malo; tenemos que hacer lo bueno. Existe aquella tentación de no tener tiempo para Dios, lo que también es una tentación para nosotros. De hecho, sucede que las personas que más se quejan de la cantidad de cosas que tienen para hacer son las que menos hacen, hacen poco y encima no tienen tiempo. Las que no se quejan en cambio, resulta que tienen tiempo para todo y también para Dios. (Ejemplo del Papa, del padre Fuentes, etc.). Una de las cosas en las que Dios más pide y mide nuestra generosidad es en el tiempo. E incluso nuestra limosna debe ser muchas veces limosna de nuestro tiempo, de tener que estar con el prójimo, ayudarlo, o bien de dedicar tiempo a Dios.
La semilla que cae en tierra buena, produce fruto; el treinta, el sesenta, el cien por cien. San Pablo dice que los frutos del espíritu son: «amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, generosidad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí» (Gal 5, 22-23). Puede que sea difícil alcanzar todo eso junto rápidamente, pero al menos tenemos que tener la disposición para alcanzarlo. La misma disposición para dar fruto es también una gracia de Dios, que debemos saber pedirla, y hacerlo con insistencia.
Pidamos entonces esta gracia, de saber remover los obstáculos que nos impiden dar fruto, por intercesión de la Santísima Virgen, nuestra Madre. Así sea.

LA PERSECUCION CONTRA CRISTIANOS es denunciada por ORGANIZACIONES JUDÍAS en ISRAEL
09/07/2026

LA PERSECUCION CONTRA CRISTIANOS es denunciada por ORGANIZACIONES JUDÍAS en ISRAEL

Según el Centro Rossing para la Educación y el Diálogo, se documentaron 155 incidentes contra cristianos e instituciones cristianas en Israel y Jerusalén Este durante 2025, un aumento significativo con respecto a los 111 casos del año anterior. Estos incidentes incluyeron agresiones físicas, v...

ANÁLISIS, CONTROVERSIAS, CRISTIANOS PERSEGUIDOS, IGLESIA LOCAL  The Globe And Mail, uno de los periódicos más influyente...
18/06/2026

ANÁLISIS, CONTROVERSIAS, CRISTIANOS PERSEGUIDOS, IGLESIA LOCAL
The Globe And Mail, uno de los periódicos más influyentes de Canadá, reconoce la falsedad de fosas de bebés con que se acusó a Iglesia católica y derivó en quema de templos por el país. El editorial no negó el sufrimiento documentado que padecieron los niños indígenas en el sistema de escuelas residenciales de Canadá, ni minimizó las injusticias históricas. El periódico argumentó que la existencia de esas injusticias nunca debería haber eximido a las denuncias extraordinarias de una verificación rigurosa.
(ZENIT Noticias / Roma, 10.06.2026). - Cinco años después de que los titulares de todo el mundo anunciaran el descubrimiento de los restos de 215 niños indígenas en la antigua escuela residencial de Kamloops, Canadá se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando una narrativa adoptada por políticos, medios de comunicación e instituciones públicas avanza más rápido que las pruebas? La pregunta volvió a cobrar protagonismo después de que The Globe and Mail, uno de los periódicos más influyentes de Canadá, publicara un notable editorial en el que reconocía lo que describió como un fallo periodístico en su cobertura del caso Kamloops. El periódico admitió que los medios de comunicación, incluida su propia redacción, no examinaron con rigor las primeras afirmaciones de que los estudios de radar de penetración terrestre habían confirmado la presencia de restos infantiles. El editorial no negó el sufrimiento documentado que padecieron los niños indígenas en el sistema de escuelas residenciales de Canadá, ni minimizó las injusticias históricas. El periódico argumentó que la existencia de esas injusticias nunca debería haber eximido a las denuncias extraordinarias de una verificación rigurosa. Según el periódico, el anuncio inicial de la Primera Nación Tk’emlúps te Secwépemc en 2021 se refería a la «confirmación» de los restos de 215 niños basándose en anomalías subterráneas detectadas mediante tecnología de radar. Sin embargo, cinco años después, no se ha producido ninguna confirmación pública de restos humanos en el yacimiento de Kamloops. Esta admisión es significativa porque los informes originales se convirtieron rápidamente en una de las historias más influyentes de la vida pública canadiense moderna. Los líderes políticos reaccionaron de inmediato. El entonces primer ministro Justin Trudeau ordenó que las banderas canadienses en los edificios federales ondearan a media asta, donde permanecieron durante más de cinco meses. El discurso público adoptó cada vez más términos como «fosas comunes» y «tumbas sin marcar», a menudo antes de que se hubiera realizado cualquier verificación forense. A medida que avanzaban las investigaciones posteriores, la certeza fue dando paso gradualmente a la ambigüedad. Para 2025, tras haberse invertido aproximadamente ocho millones de dólares canadienses en investigaciones y búsquedas, las autoridades aún no habían confirmado públicamente el hallazgo de restos humanos en Kamloops.
Las consecuencias de la información inicial trascendieron el ámbito periodístico. A partir de 2021, una ola de ataques tuvo como objetivo lugares de culto cristianos en todo Canadá. Más de 120 iglesias —la mayoría católicas, aunque también se vieron afectadas algunas iglesias protestantes y sinagogas— fueron incendiadas, vandalizadas o profanadas. Muchas de las iglesias destruidas servían a comunidades indígenas, lo que genera una dolorosa ironía: instituciones que se habían convertido en parte de la vida espiritual y cultural indígena local se encontraban entre las víctimas de la violencia. Varios de estos crímenes siguen sin resolverse. Uno de los ejemplos recientes más dramáticos ocurrió en febrero de 2026, cuando la histórica iglesia católica de San Pablo de Montreal quedó prácticamente destruida por un incendio. Los investigadores aún no han determinado la causa. La frustración ante la falta de respuestas ha impulsado acciones fuera del ámbito gubernamental. El Fondo para la Democracia, una organización jurídica canadiense centrada en las libertades civiles y la rendición de cuentas democrática, ha puesto en marcha lo que describe como la primera investigación forense independiente sobre más de 120 ataques contra iglesias y sinagogas desde 2021. La iniciativa busca examinar si las fuerzas del orden investigaron adecuadamente los incidentes, si existen patrones que sugieran una selección ideológica u organizada, y si las autoridades públicas respondieron de forma apropiada. Se espera que los investigadores revisen aproximadamente cien informes de investigación de incendios y, finalmente, publiquen sus conclusiones.
A principios de este mes, el Senado de Canadá aprobó el proyecto de ley C-9, una legislación diseñada para endurecer las p***s contra los delitos de odio y la propaganda de odio. El proyecto de ley regresa ahora a la Cámara de los Comunes debido a las enmiendas adoptadas durante el proceso en el Senado. Entre las disposiciones más polémicas se encuentra la eliminación de una protección de larga data en el Código Penal de Canadá que amparaba la expresión de buena fe de creencias religiosas basadas en textos sagrados. Los críticos argumentan que eliminar esta salvaguarda podría exponer a pastores, sacerdotes, rabinos y otros líderes religiosos a riesgos legales por predicar enseñanzas religiosas tradicionales sobre temas moralmente delicados. Quienes apoyan la legislación insisten en que es necesaria para combatir el odio y proteger a las comunidades vulnerables. Los opositores, por su parte, sostienen que su redacción es demasiado amplia y podría coartar la legítima libertad de expresión religiosa. El debate ha unido a una inusual coalición de críticos. Organizaciones provida, defensores de la libertad religiosa, expertos en derecho constitucional, líderes políticos provinciales, obispos católicos y el cardenal Frank Leo de Toronto han expresado su preocupación. Resultó particularmente llamativo el rechazo del Senado a una enmienda propuesta que habría penalizado la negación del sistema de internados para indígenas. Sus partidarios consideraban la enmienda como una defensa contra el revisionismo histórico. Los críticos advirtieron que el derecho penal no debe convertirse en una herramienta para imponer interpretaciones históricas, especialmente cuando ciertos aspectos de la narrativa de los internados para indígenas siguen siendo objeto de investigación y debate académico. El desafío más amplio que enfrenta Canadá hoy no radica en si se cometieron injusticias históricas. En ese punto, existe poco desacuerdo serio. El sistema de internados para indígenas causó un profundo sufrimiento, separación familiar, pérdida cultural y un trauma duradero para muchas comunidades indígenas. Más bien, el debate emergente se centra en cómo las sociedades democráticas buscan la verdad y la reconciliación. ¿Se pueden abordar las injusticias históricas sin abandonar los estándares de evidencia? ¿Pueden los gobiernos combatir el odio sin debilitar las libertades fundamentales? ¿Puede florecer la reconciliación cuando la confianza pública en las instituciones se ve erosionada?
Para muchos canadienses, la controversia se ha convertido en una advertencia sobre las responsabilidades del periodismo, los peligros de la extralimitación política y la fragilidad de la libertad religiosa en una sociedad cada vez más polarizada. La disposición de los principales medios de comunicación a revisar su propia cobertura informativa podría ser un paso importante para restaurar la confianza pública.

El editorial no negó el sufrimiento documentado que padecieron los niños indígenas en el sistema de escuelas residenciales de Canadá, ni minimizó las injusticias históricas. El periódico argumentó que la existencia de esas injusticias nunca debería haber eximido a las denuncias extraordinar...

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