20/06/2026
Fe: creer algo con certeza
En el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid, un lugar que parece sacado de un cuento por sus coloridos pasillos, áreas de juego y espacios pensados para los más pequeños, Carmen Molina desempeña una de las labores más exigentes y humanas de la medicina: acompañar a niños con enfermedades graves y a sus familias desde la Unidad de Atención Integral Paliativa Pediátrica.
Lejos de centrarse únicamente en la enfermedad, Carmen ayuda a los pacientes a vivir con la mayor dignidad, serenidad y sentido posibles. Aunque reconoce que convivir a diario con el sufrimiento infantil supone un desafío físico, emocional y espiritual, asegura que su fe es el sostén que le permite seguir adelante. “La mano de Dios siempre está ahí, siempre”, afirma convencida, al recordar cómo descubre esa presencia en los niños enfermos y en la fortaleza de sus familias.
Con años de experiencia en cuidados paliativos, explica que muchas personas, al acercarse al final de la vida, buscan reconciliarse, pedir perdón, sentirse queridas y encontrar un sentido más profundo a su existencia. “Al final, lo que pesa es el amor dado o no dado”, resume.
Para Carmen, los cuidados paliativos no tratan de la muerte, sino de la vida. Por eso insiste en la importancia de atender todas las dimensiones de la persona: física, emocional, social y espiritual. “Intentamos no reducir a nadie a su enfermedad, sino reconocerlo como alguien único, con una historia que merece ser respetada hasta el último momento”.
La enfermera destaca también el valor de la esperanza, entendida no como la expectativa de una curación, sino como la posibilidad de vivir cada día con sentido, en paz con uno mismo y con los demás. Desde su experiencia, anima a no esperar a la enfermedad para preguntarse qué es lo verdaderamente importante: “La vida no se mide por el éxito o la productividad, sino por la autenticidad y el amor”.