29/09/2026
Toda mi vida pensé que era demasiado intensa. De niña creía que por eso los otros niños no me aceptaban, y aprendí a guardarla.
Los caballos me enseñaron lo contrario. Ellos no se incomodan con la intensidad; se incomodan con lo que escondes. Una emoción contenida es, para ellos y para los demás, una bomba de tiempo.
Hoy me encontré con Nietzsche diciendo que nuestras virtudes nacen de nuestras pasiones. No de apagarlas, sino de darles forma.
Mi intensidad no era el problema. Esconderla sí.
Lo que antes era mi pasión hoy es mi virtud.
¿Qué pasión tuya está esperando convertirse en virtud?