07/08/2026
Sabemos que jugar con los niños es importante.
Sabemos que necesitan movimiento, conexión, experiencias, oportunidades para aprender…
Y justamente porque sabemos todo eso, a veces los vemos sin hacer “nada” y aparece ese pensamiento:
“Pobrecito, está aburrido… debería jugar con él.”
Aunque estemos trabajando,
Cocinando.
Contestando un mensaje.
Cuidando al hermanito/a.
Terminando algo pendiente.
O simplemente necesitando unos minutos.
Sentimos que tenemos que resolverlo, pero el aburrimiento no siempre necesita una solución inmediata.
Podemos acompañar sin convertirnos en sus animadores todo el día.
A veces basta con prestarles el inicio:
- Y si hacemos una casa?
- Y si construimos un camino?
- Cómo podríamos hacer para que llegue hasta allá?
Y después hacernos a un lado un poquito.
Quizá la casa termina siendo un puente.
El puente se convierte en una rampa.
Y la rampa termina en algo que jamás se nos hubiera ocurrido.
Acompañar el juego no significa decidir cómo termina, tampoco necesitamos tener una actividad preparada para cada momento del día para estar haciendo un buen trabajo.
Hay momentos para jugar juntos.
Momentos para ofrecer experiencias.
Y momentos para permitirles descubrir:
Qué puedo hacer yo con esto?
La próxima vez que lo veas “sin hacer nada”, quizá no necesites correr a llenar ese espacio.
Puedes observar un poquito más.
Tal vez estás viendo el momento justo antes de que empiece a crear 🤯
Guarda este carrusel para la próxima vez que pienses, “no está haciendo nada”.
Y compártelo con esa mamá o papá que alguna vez ha pensado:
“Pobrecito… debería estar jugando con él/ella.”