13/08/2025
A propósito del Día de la Juventud
Hoy, Día de la Juventud se hace necesario mencionar con seriedad y preocupación sobre el futuro de quienes heredarán este país.
La juventud guatemalteca —entre 15 y 29 años— no es una minoría. Son 5.1 millones de personas, casi un tercio de la población. Según el INE, son 2,585,368 hombres y 2,545,132 mujeres. Son la fuerza que puede cambiarlo todo… si les damos las herramientas; pero la realidad es otra.
Mientras en los países del Norte Global la juventud cuenta con amplias oportunidades de educación, empleo formal, conectividad y seguridad, en Guatemala y en gran parte del Sur Global las oportunidades son escasas.
La brecha es abismal: muchos apenas concluyen la primaria; pocos inician la secundaria. Conseguir un trabajo formal con prestaciones y derechos es un privilegio para unos pocos. La mayoría se emplea en trabajos informales, no remunerados o, peor, queda fuera de la educación y del trabajo. De las áreas rurales y periferias de las ciudades, miles se van cada año en busca de seguridad, educación o empleo. Solo el 27% de la población en países de ingresos bajos tiene acceso a internet. En el Norte, la cifra alcanza el 93%.
La llegada de la automatización de puestos de trabajo y la inteligencia artificial no perdonará a quienes no estén preparados. Si seguimos así, la brecha será insalvable. No es una predicción lejana: es un riesgo que ya está ocurriendo.
¿Qué necesitan los jóvenes de nuestro país, hoy?
De 15 a 19 años: Completar la secundaria, becas, transporte, educación técnica y vocacional.
De 20 a 24 años: Transición de la escuela al trabajo, educación dual, primer empleo con apoyo.
De 25 a 29 años: Certificación de competencias, dominio de la tecnología, créditos para emprender.
Como se puede apreciar, los más de cinco millones de jóvenes de Guatemala, demandan una inversión estratégica y debe reflejarse en el Presupuesto Nacional. Valdría la pena revisar el clasificador presupuestario enfocado en juventud y nos daremos cuenta de la precaria inversión como país.
Un porcentaje significativo del PIB debe destinarse al desarrollo de competencias de la juventud. La verdad es dura: Guatemala nunca ha priorizado a sus jóvenes. La inversión se limita, en el mejor de los casos, a la educación primaria. El resultado: un país atrapado en empleos de baja complejidad, sin capacidad de competir, y con millones de jóvenes viendo el futuro desde la frontera de otro país.
Si en los próximos 15 años no cambiamos esta historia, Guatemala quedará más aislada, más pobre y más desigual. Pero si actuamos ahora, podemos abrir un nuevo capítulo: uno donde los jóvenes sean protagonistas, no espectadores.
Invertir en la juventud no es tarea de un Ministerio o de un sólo Organismo del Estado. Es una causa nacional. Es el pacto que debemos firmar entre Estado, sector privado, sociedad civil y, sobre todo, con ellos: los jóvenes. Sin ellos, no hay futuro. Con ellos, todo es posible.