31/12/2022
«Todos los hombres por naturaleza desean saber», decía el viejo Aristóteles al principio de su Metafísica. Pero si somos fieles a nuestro contexto histórico, es decir, a la subjetividad de nuestra época: tal y como decía Lacan, debemos cambiar una palabra de esta frase y entonces quedaría de la siguiente manera: 𝘈𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳. Pues no está del todo claro que hoy, segunda decada del siglo XXI existe una predisposición natural de los seres humanos por 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳. El 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳 ya no ocupa ciertamente el lugar central. Las cosas han cambiado. Si exagerásemos pudieramos decir 𝘛𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘻𝘢 (𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘦́𝘱𝘰𝘤𝘢) 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘨𝘰𝘻𝘢𝘳. Y entonces, sólo entonces, esta frase 𝘩𝘰𝘺 tendría sentido.
Muchos de los sufrimientos presentes están relacionados con el imperativo de g***r y consumir, de forma inmediata y constante, que recae sobre los sujetos como modo de “vivir feliz” promovido por el actual discurso predominante. Este g***r todo el tiempo, de forma inmediata, tapona la falta estructural de los seres hablantes, falta necesaria para que exista y se sostenga el deseo.
En la época actual se observa lo incierto del deseo, del no saber hacia donde ir. Sólo importa g***r y ser feliz, y si existe algún malestar se puede recurrir a diferentes dr**as legales e ilegales que te permiten rechazar la angustia, borrando la subjetividad.
Hoy más que nunca resuena la frase 𝘶𝘯𝘢 𝘪𝘮𝘢𝘨𝘦𝘯 𝘷𝘢𝘭𝘦 𝘮𝘢́𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘪𝘭 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴. Lo que se observa y lo que se muestra ha pasado a ser la realidad. Es así hasta tal punto que la realidad y lo virtual se confunden. Decía Bauman: “El miedo a la exposición ha sido vencido por la alegría de ser notado.”
Esta pérdida en la credibilidad de la palabra y en los ideales, acompañado de un predominio en las imágenes que se convierten en la realidad más verdadera, provocan en los sujetos una falta de herramientas simbólicas para enfrentarse a la angustia que pueden llevar a diferentes patologías y síntomas actuales como respuestas que tienden a poner en acto lo que podría ser tramitado por la palabra.