REYflexiones

REYflexiones

Compartir

Reflexiones de la vida cotidiana que dan gloria al Rey de Reyes Jesucristo

Gozo (Aunque Lo Llamen Locura) | ft. Jacobo Ramos | Gateway Worship Español 16/06/2026

LICENCIA PARA PECAR

¡Él te ha mostrado, oh mortal, lo que es bueno! ¿Y qué es lo que espera de ti el Señor? Practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios. Miqueas 6:8 NVI

Rondaba apenas los 16 años cuando una oportunidad laboral se presentó en mi vida. Después de un par de intentos fallidos, que incluían un taller de electromecánica donde mi esmirriada figura no encajó con la fuerza requerida para el trabajo, me encontré ante una posibilidad que, en principio, era solo temporal, a menos que obtuviera una licencia para conducir motocicleta.

Necesitaba un permiso firmado por alguno de mis padres, quienes recientemente se habían separado. Acudí a mi padre, pues de todos mis hermanos fui el único que se quedó con él. No recuerdo cuáles fueron las razones, pero su negativa a apoyarme en aquella gestión me desinfló bastante. Luego fui con mi madre, quien, con un poco de temor, accedió.

Ya superada la prueba teórica, me sentí envalentonado, pero mi proceso se detuvo cuando no aprobé el examen médico de la vista. Fue mi hermana mayor, Verito, quien me apoyó para conseguir mi primer par de lentes graduados, con los cuales ya estaba apto para realizar la prueba práctica de conducción.

En ese momento era la Policía Nacional la encargada de emitir el documento, y era en distintas dependencias de esa institución donde se realizaban las pruebas. Tuve que madrugar para conseguir un número que me adjudicara un turno y, luego de una larga espera, llegó mi hora. Resultado: reprobado. Perdí el examen y también el dinero que me costó alquilar el vehículo para realizar la prueba.

Desde el principio percibí algo extraño en el ambiente. Y cuando la persona que me alquiló el vehículo me preguntó si quería dar un dinero extra para asegurarme de aprobar, comprendí que en ese lugar no podría avanzar sin ser parte de aquel juego. Así que, en la siguiente oportunidad, agregué a la cuota de alquiler la correspondiente cuota de soborno.

Así fue como salí con mi constancia de habilidades de conducción, que me acreditaba para manejar un vehículo de dos ruedas. Días más tarde, un pedazo de cartulina celeste, con firmas y sellos policiales, se convirtió en mi primera licencia, la cual diligentemente emplastiqué para hacerla más duradera.

La utilicé durante varios años, pero después de un tiempo dejó de ser necesaria, pues conseguí mi primer automóvil y, con él, la respectiva licencia. Para entonces ya era una institución privada la que estaba a cargo, y el trámite resultó mucho más sencillo. La otra licencia quedó en el olvido y nunca fue renovada.

Hasta que, en 2020, después de muchísimos años y de incontables experiencias vividas —demasiadas para relatarlas en este espacio—, volví a necesitarla. Ya no teníamos automóvil, pues el último lo habíamos donado por indicación del Señor. Entonces recibimos un regalo de unos amigos: una motocicleta negra, casi nueva.

En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo». 2 Pedro 2:22 NVI

Volvió así la necesidad de aquel documento. Ya no tenía expediente y era menester comenzar desde cero. La pandemia nos tenía con recursos limitados y el pago se me hacía oneroso, no tanto por la cantidad, sino por lo que representaba en aquel momento. Todo fluyó hasta la famosa prueba práctica. No aprobado. Debía volver a intentarlo y volver a pagar, a menos que añadiera una pequeña suma adicional.

Me quedé unos minutos sentado, abatido, decepcionado y frustrado. Las cosas no habían cambiado mucho, y lo peor fue comprobar que mi corazón tampoco lo había hecho. No quería volver a ese lugar. No quería volver a pagar. Y sucumbí ante la propuesta. Incluso negocié el precio, pues no tenía suficiente dinero. Fue espantoso. Salí de ahí con el certificado aprobado, pero con la moral reprobada.

Durante años pensé que el problema era mi incapacidad para aprobar un examen. Más tarde comprendí que el problema era mucho más profundo. Lo que me derrotaba no era la falta de habilidad para conducir una motocicleta, sino la facilidad con la que mi corazón buscaba una salida cuando se sentía frustrado, incapaz o insuficiente.

Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? Jeremías 17:9 NVI

Y, para ser honesto, eso no cambió de la noche a la mañana. Lo que sí cambió fue mi comprensión de la gracia. El domingo, mientras cantábamos en la iglesia, una verdad volvió a golpear mi corazón. Dios conoce cada una de mis fallas. Conoce las que ya cometí y las que todavía cometeré. Conoce mis momentos de integridad y también aquellos de los que me avergüenzo. Sin embargo, no me pide que llegue ante Él con un historial perfecto. Me pide algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: que confiese, que me arrepienta y que crea.

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. 1 Juan 1:9 NVI

Que crea que la sangre de Cristo fue suficiente. Que crea que soy perdonado. Que crea que, aun cuando vuelva a tropezar, encontraré en Él un Padre dispuesto a restaurarme. Por muchos años escuché esa verdad, pero en el fondo la traducía de otra manera: "Dios te perdonará, pero ya está cansado de vos". Sin embargo, el evangelio dice algo diferente. Dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. No para que peque más, sino para que deje de huir.

¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos mu**to al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? Romanos 6:1-2 NVI

Porque la gracia no es una licencia para pecar. La gracia es la libertad de dejar de esconderme. Es la seguridad de que mi peor fracaso no tiene la última palabra. Es la fuerza para volver a levantarme cuando he caído. Es el gozo de saber que soy más amado de lo que merezco y más perdonado de lo que alcanzo a comprender.

Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia que nos ayuden oportunamente. Hebreos 4:16 NVI

Y paradójicamente, cuando esa verdad desciende de la cabeza al corazón, el pecado pierde parte de su atractivo. Ya no obedezco para ganar aceptación; obedezco porque ya fui aceptado en Cristo. Entonces quito el foco de mí mismo y pongo los ojos en Él. Y es allí donde encuentro la fuerza para ser libre. Ya no lucho para que Dios me ame; lucho porque sé que me ama. Ya no camino para alcanzar su gracia; camino porque su gracia me alcanzó primero.

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Romanos 8:1-2 NVI

Descubro algo aún más maravilloso: me encuentro capacitado para dar de gracia lo que de gracia he recibido. Puedo perdonar porque he sido perdonado. Puedo amar porque he sido amado. Puedo extender misericordia porque la misericordia de Dios ha sido extendida hacia mí una y otra vez. Al final, la gracia no me dio una licencia para pecar. Me dio una razón para amar a Aquel que me perdonó y una fuerza nueva para caminar en libertad.

Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Hebreos 12:2 NVI

ORACIÓN:
Señor, gracias por un perdón tan inmenso y por una salvación tan grande que jamás podré merecer ni comprender por completo. Gracias porque, aun conociendo mis fallas, me invitas a acercarme confiadamente a Tu presencia. Allí encuentro misericordia, restauración y el gozo de saber que soy amado y aceptado en Cristo. Que ese gozo sea mi fuerza para resistir la tentación, caminar en libertad y vivir de una manera que te honre. Y así como he recibido gracia de Ti, ayúdame a extenderla a quienes me rodean. Amén.

Gozo (Aunque Lo Llamen Locura) | ft. Jacobo Ramos | Gateway Worship Español Escucha "Gozo (Aunque Lo Llamen Locura)" ft. Jacobo Ramos en tu pla...

El Nombre De Jesús | Video Oficial Con Letras | Elevation Español 08/06/2026

𝐋𝐀 𝐀𝐅𝐈𝐑𝐌𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍

¡𝐓𝐞 𝐚𝐥𝐚𝐛𝐨 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐫𝐞𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞! ¡𝐓𝐮𝐬 𝐨𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐦𝐚𝐫𝐚𝐯𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐲 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐞́ 𝐦𝐮𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧! 𝐒𝐚𝐥𝐦𝐨 𝟏𝟑𝟗:𝟏𝟒 𝐍𝐕𝐈

Hace muchos años, mi amigo Ramón Ávila me contó una historia que nunca olvidé. Él es un artista catalán nacido en Barcelona. Después de vivir los estragos de la posguerra en España, emigró a Brasil y posteriormente llegó a Guatemala contratado como publicista. Aquí desarrolló una prolífica carrera en las artes gráficas y más tarde se consolidó como pintor, convirtiéndose en una figura importante del arte guatemalteco.

Tuve el privilegio de conocerlo durante mi paso por las artes plásticas. Compartimos conversaciones, proyectos y exposiciones. Recuerdo especialmente una exhibición que montamos en el Centro de Formación de la Compañía de Jesús, en Antigua Guatemala, donde se exhibieron más de trescientas de sus obras. Ramón siempre fue un creador incansable. Su capacidad de producir arte parecía inagotable.

En una de nuestras conversaciones me relató un recuerdo de su niñez. Después de la guerra, muchas casas de su ciudad habían quedado destruidas. Poco a poco los vecinos comenzaron a reconstruir los muros derribados. Uno de ellos levantó una pared nueva y la dejó completamente blanca. Ramón era apenas un niño. Tomó un trozo de carbón y, junto con algunos amigos, comenzó a dibujar sobre aquel enorme lienzo improvisado. Trazó una escena de batalla: soldados, movimientos, combates y detalles que brotaban de su imaginación infantil.

Cuando el vecino descubrió lo ocurrido, se enfureció. Fue de inmediato a buscar a la madre de Ramón. —¡Mire lo que ha hecho su hijo! —le reclamó señalando el muro. Su madre observó el dibujo y luego se volvió hacia él. —¿Tú hiciste esto, hijo? Ramón quedó en silencio. No sabía qué esperar. Entonces ella abrió los ojos con asombro, llevó las manos a su rostro y exclamó: —¡Qué increíble lo que hiciste! ¡Qué increíble lo que hiciste, hijo! Después añadió: —Pero este no es el lugar correcto. Tendremos que limpiarlo.

Muchos años después, Ramón todavía recordaba aquel momento. Su madre no aprobó la acción, pero sí reconoció el talento. Corrigió el comportamiento sin apagar el don. Afirmó al niño antes de corregir la conducta. Y quizás, solo quizás, aquel instante ayudó a formar al artista que décadas después seguiría pintando a sus más de noventa años, aun desde una silla de ruedas, dejando tras de sí miles de obras y una huella imborrable en la vida cultural de Guatemala.

Mientras recordaba la historia de Ramón, pensé en cuántas vidas son moldeadas por una palabra de afirmación. Su madre vio algo que nadie más estaba viendo. Mientras el vecino veía una pared arruinada, ella vio un don. Mientras otros veían un problema, ella vio potencial. La afirmación tiene ese poder. No niega los errores ni ignora las correcciones necesarias. Simplemente reconoce la obra de Dios en una persona antes de que esa obra haya alcanzado su madurez.

Quizá por eso la Biblia está llena de historias donde Dios afirma a las personas antes de que ellas mismas crean en lo que pueden llegar a ser. Gedeón es un ejemplo extraordinario. Cuando el ángel del Señor lo encontró, no estaba liderando un ejército ni liberando a Israel. Estaba escondido, trillando trigo en un lagar para protegerse de los madianitas. Sin embargo, la primera palabra que recibió no fue una corrección ni un regaño. Fue una afirmación.

𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐚́𝐧𝐠𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫 𝐬𝐞 𝐥𝐞 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐢𝐨́ 𝐲 𝐥𝐞 𝐝𝐢𝐣𝐨: —¡𝐆𝐮𝐞𝐫𝐫𝐞𝐫𝐨 𝐯𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐞𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨! 𝐉𝐮𝐞𝐜𝐞𝐬 𝟔:𝟏𝟐 𝐍𝐓𝐕

Lo interesante es que Gedeón no se sentía valiente. Sus respuestas posteriores revelan miedo, inseguridad y una profunda sensación de insuficiencia. Pero Dios no le habló según su condición presente. Le habló según el propósito que había depositado en él. Dios vio al guerrero antes de que Gedeón pudiera verlo. Lo mismo ocurrió con Simón. Antes de convertirse en Pedro, una roca y parte del los 12 que revolucionarían el mundo con la iglesia, era un pescador impulsivo, inestable y lleno de contradicciones. Sin embargo, Jesús lo llamó por aquello en lo que habría de convertirse.

𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐢𝐨́: —𝐁𝐞𝐧𝐝𝐢𝐭𝐨 𝐞𝐫𝐞𝐬, 𝐒𝐢𝐦𝐨́𝐧 𝐡𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐉𝐮𝐚𝐧, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐢 𝐏𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨 𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐡𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐥𝐚𝐝𝐨. 𝐍𝐨 𝐥𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮́𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨. 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐭𝐞 𝐝𝐢𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐮́ 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐏𝐞𝐝𝐫𝐨 (𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 “𝐫𝐨𝐜𝐚”), 𝐲 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐫𝐨𝐜𝐚 𝐞𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐫𝐞́ 𝐦𝐢 𝐢𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚, 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐧𝐨 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐪𝐮𝐢𝐬𝐭𝐚𝐫𝐚́. 𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨 𝟏𝟔:𝟏𝟕-𝟏𝟖 𝐍𝐓𝐕

Y quizá el ejemplo más hermoso lo encontramos en el bautismo de Jesús. Antes de predicar un sermón, antes de sanar un enfermo, antes de realizar un milagro, el Padre habló desde el cielo. La afirmación vino antes de la obra. Antes del ministerio hubo identidad. Antes del desempeño hubo amor. Antes de los resultados hubo aprobación.

𝐲 𝐞𝐥 𝐄𝐬𝐩𝐢́𝐫𝐢𝐭𝐮 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐨, 𝐞𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞, 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐞𝐧𝐝𝐢𝐨́ 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐞́𝐥 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐨𝐦𝐚. 𝐘 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐳 𝐝𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨: «𝐓𝐮́ 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐦𝐢 𝐇𝐢𝐣𝐨 𝐦𝐮𝐲 𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨 𝐲 𝐦𝐞 𝐝𝐚𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐠𝐨𝐳𝐨». 𝐋𝐮𝐜𝐚𝐬 𝟑:𝟐𝟐 𝐍𝐓𝐕

Vivimos en un mundo que suele afirmar después de que demostramos algo: cuando ganamos, cuando producimos, cuando alcanzamos metas o cuando cumplimos expectativas. Dios actúa de manera diferente. Él afirma desde la identidad para capacitarnos para la misión. Nos recuerda quiénes somos para que podamos caminar hacia aquello para lo cual fuimos creados.

𝐌𝐢𝐬 𝐨𝐯𝐞𝐣𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐜𝐡𝐚𝐧 𝐦𝐢 𝐯𝐨𝐳; 𝐲𝐨 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐳𝐜𝐨, 𝐲 𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐞𝐧. 𝐋𝐞𝐬 𝐝𝐨𝐲 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐞𝐭𝐞𝐫𝐧𝐚, 𝐲 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫𝐚́𝐧. 𝐍𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚́𝐫𝐦𝐞𝐥𝐚𝐬, 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟎:𝟐𝟕-𝟐𝟖 𝐍𝐓𝐕

Tal vez hoy necesitas escuchar nuevamente la voz de Dios por encima de todas las demás voces. La voz del Padre que ve más allá de tus errores, más allá de tus temores y más allá de tus limitaciones. La voz que sigue llamando guerrero al que se siente escondido, sigue llamando roca al que se siente inestable, sigue llamando hijo amado al que ha olvidado quién es.

𝐌𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐚𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚𝐛𝐚𝐧, 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐝𝐢𝐣𝐨: —𝐀𝐪𝐮𝐢́ 𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨 𝐡𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐈𝐬𝐫𝐚𝐞𝐥, 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐭𝐨𝐭𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐢́𝐧𝐭𝐞𝐠𝐫𝐨. —¿𝐂𝐨́𝐦𝐨 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐬? —𝐥𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐨́ 𝐍𝐚𝐭𝐚𝐧𝐚𝐞𝐥. —𝐏𝐮𝐝𝐞 𝐯𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐠𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐩𝐞 𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐫𝐚 —𝐜𝐨𝐧𝐭𝐞𝐬𝐭𝐨́ 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬. 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏:𝟒𝟕-𝟒𝟖 𝐍𝐓𝐕

Al final, la pregunta no es solamente qué palabras hemos recibido. La pregunta es qué palabras estamos pronunciando. Cada día interpretamos a las personas que nos rodean. Cada día hablamos sobre nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo y aun sobre nosotros mismos. Y en cierto sentido, nuestras palabras revelan a quién estamos escuchando.

𝐍𝐨 𝐞𝐦𝐩𝐥𝐞𝐞𝐧 𝐮𝐧 𝐥𝐞𝐧𝐠𝐮𝐚𝐣𝐞 𝐠𝐫𝐨𝐬𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐢 𝐨𝐟𝐞𝐧𝐬𝐢𝐯𝐨. 𝐐𝐮𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢𝐠𝐚𝐧 𝐬𝐞𝐚 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐨 𝐲 𝐮́𝐭𝐢𝐥, 𝐚 𝐟𝐢𝐧 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐢́𝐦𝐮𝐥𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐨𝐢𝐠𝐚𝐧. 𝐄𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨𝐬 𝟒:𝟐𝟗 𝐍𝐓𝐕

Satanás es llamado en la Escritura "el acusador de los hermanos". Su lenguaje favorito es la condenación, la vergüenza, el desprecio y la desesperanza. Él toma una caída y la convierte en una identidad. Toma un fracaso y lo convierte en un nombre. Dios, en cambio, corrige, pero también redime. Confronta, pero también restaura. Ve el pecado, pero también ve el potencial de su gracia obrando en una persona.

𝐋𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐨𝐢́ 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐯𝐨𝐳 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐧𝐚𝐛𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨: «𝐏𝐨𝐫 𝐟𝐢𝐧 𝐡𝐚𝐧 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫, 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐲 𝐥𝐚 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨. 𝐏𝐮𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐚𝐜𝐮𝐬𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 —𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐜𝐮𝐬𝐚 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐝𝐢́𝐚 𝐲 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞— 𝐡𝐚 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐥𝐚𝐧𝐳𝐚𝐝𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚. 𝐀𝐩𝐨𝐜𝐚𝐥𝐢𝐩𝐬𝐢𝐬 𝟏𝟐:𝟏𝟎 𝐍𝐓𝐕

Satanás suele llamar a las personas por su peor momento. Dios las llama por su destino. Por eso vale la pena preguntarnos qué hacemos cuando hablamos de nuestros hijos, ¿estamos anunciando vida o muerte? Cuando hablamos de nuestro cónyuge, ¿estamos revelando el corazón de Dios o repitiendo las acusaciones del enemigo? Y que, sobre nuestros hermanos en la fe, ¿estamos ayudándoles a ver el oro que Dios puso en ellos o solamente señalando el barro que todavía no ha sido transformado?

𝐋𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐬𝐚𝐛𝐢𝐚𝐬 𝐬𝐚𝐭𝐢𝐬𝐟𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐢𝐠𝐮𝐚𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐢𝐝𝐚; 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐜𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐞𝐧 𝐬𝐚𝐭𝐢𝐬𝐟𝐚𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧. 𝐋𝐚 𝐥𝐞𝐧𝐠𝐮𝐚 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐞𝐫 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐨 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞; 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐧 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐜𝐨𝐬𝐞𝐜𝐡𝐚𝐫𝐚́𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐜𝐮𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬. 𝐏𝐫𝐨𝐯𝐞𝐫𝐛𝐢𝐨𝐬 𝟏𝟖:𝟐𝟎-𝟐𝟏 𝐍𝐓𝐕

No se trata de negar la realidad ni de ignorar el pecado. Dios nunca hace eso. Se trata de aprender a ver a las personas desde la perspectiva del Redentor. Tal vez nunca seremos artistas reconocidos como Ramón Ávila. Tal vez nuestras palabras jamás aparecerán en un libro o serán escuchadas por multitudes. Pero todos tenemos la oportunidad de hacer lo que aquella madre hizo hace tantos años frente a un muro blanco.

Podemos ayudar a alguien a verse con los ojos de Dios. Podemos llamar a la valentía donde hoy hay temor. Podemos llamar a la roca donde hoy hay inestabilidad. Podemos llamar a la belleza donde hoy hay inseguridad. Podemos llamar a la esperanza donde hoy hay desánimo. Porque cuando nuestras palabras nacen del corazón del Padre, nos convertimos en portadores de vida. Y la vida siempre tiene el poder de transformar destinos.

𝐏𝐮𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐥𝐚 𝐨𝐛𝐫𝐚 𝐦𝐚𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬. 𝐄́𝐥 𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐨́ 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, 𝐚 𝐟𝐢𝐧 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐠𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐨́ 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨 𝐚𝐭𝐫𝐚́𝐬. 𝐄𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨𝐬 𝟐:𝟏𝟎 𝐍𝐓𝐕

𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍
Padre, gracias porque me has amado, afirmado y llamado según tu propósito, aun cuando yo no podía verlo. Gracias porque tus palabras traen vida, esperanza e identidad a mi corazón. Ayúdame a escuchar tu voz por encima de cualquier otra voz. Que mis palabras reflejen tu corazón y no las acusaciones del enemigo. Hazme un instrumento para afirmar, animar y sacar a la luz el oro que has puesto en cada persona. En el nombre de Jesús, amén.

Lily & Ray

El Nombre De Jesús | Video Oficial Con Letras | Elevation Español El video oficial con letras para la canción "El Nombre De Jesús" de...

Rescate - El veneno - Banda sonora de «El otro» (Videoclip Oficial) 08/06/2026

𝐕𝐄𝐍𝐄𝐍𝐎, 𝐄𝐋 𝐓𝐑𝐀𝐆𝐎 𝐀𝐌𝐀𝐑𝐆𝐎

𝐌𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐞́ 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨, 𝐦𝐢𝐬 𝐡𝐮𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐦𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐦𝐢 𝐠𝐞𝐦𝐢𝐫 𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚. 𝐌𝐢 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐚 𝐬𝐞 𝐟𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐚𝐥 𝐜𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢́𝐚 𝐲 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐭𝐮 𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐞𝐬𝐚𝐛𝐚 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐦𝐢́. 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐞́ 𝐦𝐢 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨, 𝐲 𝐧𝐨 𝐭𝐞 𝐨𝐜𝐮𝐥𝐭𝐞́ 𝐦𝐢 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝. 𝐌𝐞 𝐝𝐢𝐣𝐞: «𝐕𝐨𝐲 𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐚𝐫 𝐦𝐢𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐠𝐫𝐞𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫», 𝐲 𝐭𝐮́ 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨𝐧𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐦𝐢 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐦𝐢 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨.» 𝐒𝐚𝐥𝐦𝐨 𝟑𝟐:𝟑-𝟓 𝐍𝐕𝐈

Mientras cierro la puerta del estudio, mis labios esbozan una sonrisa, hace días que no veo a mi hijo Emanuel y logramos cuadrar para esa mañana de viernes. Ufano de ser colaborador del medio ambiente, me dirijo al lugar convenido en mi transporte ecológico. Me cercioro de traer lo necesario para asegurarla en el estacionamiento del centro comercial, donde la dejaré durante la cita.

Ya en el lugar termino poner candado a la bicicleta y comienzo a caminar hacia la entrada, cuando el sonido del gorgorito me hace levantar la mirada y la agente de seguridad me indica que no puedo dejar el vehículo en ese lugar, que dicho sea de paso está señalizado y con todas las indicaciones y reglas para dejarlo ahí. Hago una mueca y mascullando palabras refuto diciendo que debería haber un rótulo que indicara la prohibición. Mi actitud ya fue adulterada y a regañadientes procedo a quitarla y llevarla hasta el nuevo lugar indicado.

La tensión se siente en el ambiente, mejor dicho, la siento en mi interior y respondo de mala gana – A comprar- cuando me pregunta a dónde me dirijo. Trago saliva, me sabe amarga, y marco el número de mi hijo para ubicarlo en el recinto. Su abrazo me relaja y reconforta, procedimos a evaluar las opciones y después de visitar un par de tiendas, nos decidimos a hacer la compra de su traje para la boda, en la que mejor atención y opciones nos dio.

Terminamos comprando el traje. Después nos sentamos a comer algo juntos. Conversamos tranquilos, sin prisa. De esos momentos sencillos que uno quisiera congelar por un instante. Mientras lo escuchaba hablar, pensé en lo rápido que pasa la vida y en lo mucho que agradezco todavía poder compartir espacios así con mis hijos. No hubo grandes discursos. Solo presencia. Y a veces eso también es amor. Pero el sabor dulce del día cambió al salir del centro comercial.

Antes de llegar al parqueo, una persona me esperaba para hablar sobre la bicicleta. Me pidió explicaciones y mostré las facturas para demostrar que sí había estado comprando. El problema no fue realmente la conversación… fui yo. Mi tono. Mi actitud. Mi manera defensiva de responder. Por fuera quizá parecía controlado, pero por dentro ya estaba contaminado. Y es increíble cómo unos minutos pueden revelar lo que todavía hay escondido en el corazón.

𝐋𝐚𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬 𝐬𝐚𝐛𝐢𝐚𝐬 𝐩𝐢𝐞𝐧𝐬𝐚𝐧 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐜𝐭𝐮𝐚𝐫; 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐞𝐜𝐢𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐲 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐬𝐞 𝐣𝐚𝐜𝐭𝐚𝐧 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐝𝐚𝐝. 𝐏𝐫𝐨𝐯𝐞𝐫𝐛𝐢𝐨𝐬 𝟏𝟑:𝟏𝟔 𝐍𝐓𝐕

Me fui antes de que llegara el administrador, porque intuía hacia dónde iba todo. Pero durante el camino de regreso ya no pude disfrutar nada. La escena se repetía una y otra vez en mi mente. Mi conciencia pesaba. Y para empeorar las cosas, al día siguiente debía interpretar a Jesús en una obra. La contradicción me golpeó fuerte.

¿Cómo hablar de Cristo mientras mi corazón sigue reaccionando con orgullo, irritación y autosuficiencia? ¿Cómo representar externamente a Jesús mientras internamente sigo luchando con un carácter que muchas veces quiere defenderse, justificarse y tener la razón?

𝐐𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐧𝐜𝐮𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐮 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨 𝐣𝐚𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚; 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐞𝐬𝐚 𝐲 𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐣𝐚, 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚. 𝐏𝐫𝐨𝐯𝐞𝐫𝐛𝐢𝐨𝐬 𝟐𝟖:𝟏𝟑 𝐍𝐕𝐈

Y ahí entendí algo más. El problema del veneno no es solamente cuando explota hacia afuera. El problema es que lentamente nos amarga por dentro. Durante años pensé que madurez espiritual era dejar de equivocarme. Pero cada vez entiendo más que también es aprender a correr hacia la luz cuando me equivoco. No justificarme. No minimizarlo. No esconderlo detrás del cansancio, el estrés. Correr a la gracia.

𝐀𝐬𝐢́ 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐜𝐞𝐫𝐪𝐮𝐞́𝐦𝐨𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐥 𝐭𝐫𝐨𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚 𝐲 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐲𝐮𝐝𝐞𝐧 𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐮𝐧𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞. 𝐇𝐞𝐛𝐫𝐞𝐨𝐬 𝟒:𝟏𝟔 𝐍𝐕𝐈

Así que al llegar a casa hice algo que antes me costaba mucho: lo confesé. Primero a Dios. Después a mi esposa. Y aunque nadie salió herido, aunque “no pasó a más”, yo sabía que algo dentro de mí necesitaba ser expuesto para sanar. Porque el Espíritu Santo no solo confronta nuestros grandes pecados visibles. También señala esas pequeñas reacciones, esos gestos, esos tonos, esas defensas que revelan que todavía necesitamos gracia.

Y si soy honesto, aún hay algo que me cuesta profundamente: perdonarme a mí mismo. A veces acepto más rápido el perdón de Dios para otros que para mí. Pero el evangelio también confronta eso. Porque seguir castigándome no es humildad; muchas veces es orgullo disfrazado. Es creer que mi acusación tiene más autoridad que la cruz.

Hay algo que he ido entendiendo con el tiempo: las relaciones no se dañan solamente por lo que hacemos, sino también por lo que dejamos de hacer. A veces herimos con palabras; otras veces con silencios. A veces fallamos por reacción, otras por indiferencia. Y aunque nos gusta pensar que siempre somos las víctimas, la verdad es que también hemos sido causa de dolor para otros.

Por eso la restauración verdadera es tan difícil. Porque no se trata solamente de que me perdonen. También implica reconocer dónde fallé yo, dónde dañé, dónde manipulé, dónde reaccioné desde mis heridas y no desde el amor de Cristo. Y creo que ahí es donde muchos queremos detenernos, porque perdonar ya cuesta, pero pedir perdón cuesta aún más.

Todos queremos gracia cuando fallamos. Pero cuando somos nosotros quienes hemos sido heridos, aparece el orgullo, la justicia propia y esa necesidad silenciosa de cobrar emocionalmente lo que perdimos. Sin embargo, Jesús no habló solamente de recibir misericordia, sino de convertirnos en personas misericordiosas.

𝐃𝐢𝐜𝐡𝐨𝐬𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐬𝐢𝐯𝐨𝐬, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐫𝐚́𝐧 𝐭𝐫𝐚𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐬𝐢𝐨́𝐧. 𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨 𝟓:𝟕 𝐍𝐕𝐈

Y eso cambia completamente la conversación. Porque entonces el perdón deja de ser solamente un acto emocional y se convierte en una decisión espiritual. No significa justificar el abuso, negar el dolor o fingir que nada pasó. Tampoco significa volver automáticamente a relaciones destructivas. Pero sí significa renunciar al derecho de seguir alimentando el resentimiento como identidad.

𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐢𝐥𝐝𝐞𝐬 𝐲 𝐚𝐦𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬, 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐭𝐨𝐥𝐞𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐚𝐦𝐨𝐫. 𝐄𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨𝐬 𝟒:𝟐 𝐍𝐕𝐈

Y quizá una de las partes más difíciles del proceso no es perdonar a otros, sino recibir el perdón de Dios para nosotros mismos. Yo, como otras personas, pasé años castigándome internamente. Una insistencia en defenderse por lo que se hizo, por lo que se perdió o por la forma en que se falló. Viviendo como acusados aun después de haber sido perdonados. Pero el evangelio no solo nos llama a pedir perdón y otorgarlo; también nos invita a vivir como personas realmente perdonadas. Porque la restauración no es teoría. El amor madura cuando se hace responsable.

𝐃𝐢𝐜𝐡𝐨𝐬𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐳, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐫𝐚́𝐧 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬. 𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨 𝟓:𝟗 𝐍𝐕𝐈

Hoy entiendo algo mejor: seguir a Jesús no es solamente aprender a amar a Dios. También es permitir que Su amor sane la manera en que nos relacionamos con los demás. Y muchas veces esa sanidad comienza con conversaciones incómodas, confesiones honestas y corazones dispuestos a dejar de huir.

𝐒𝐢 𝐚𝐟𝐢𝐫𝐦𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨, 𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐠𝐚𝐧̃𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨𝐬 𝐲 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐧 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬. 𝐒𝐢 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐟𝐢𝐞𝐥 𝐲 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨, 𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨𝐧𝐚𝐫𝐚́ 𝐲 𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐢𝐦𝐩𝐢𝐚𝐫𝐚́ 𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐚𝐝. 𝟏 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏:𝟖-𝟗 𝐍𝐕𝐈

En el salmo 32:5 David no dice: “Y tuve que pagar emocionalmente durante meses para entonces merecer paz.” Dice: “Tú perdonaste.” Tal vez crecer también es esto: aprender a arrepentirnos rápido, a pedir perdón sinceramente y a dejar de beber el veneno de la autoacusación constante. Porque la culpa que nos lleva a Cristo produce vida. Pero la culpa que nos mantiene lejos de Su gracia solo sigue enfermando el alma.

𝐌𝐢𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬, 𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐞𝐪𝐮𝐞𝐧. 𝐏𝐞𝐫𝐨, 𝐬𝐢 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐨 𝐩𝐞𝐜𝐚, 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐥 𝐏𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐚 𝐮𝐧 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐜𝐞𝐬𝐨𝐫, 𝐚 𝐉𝐞𝐬𝐮𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨, 𝐞𝐥 𝐉𝐮𝐬𝐭𝐨. 𝐄́𝐥 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐬𝐚𝐜𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨. 𝟏 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟐:𝟏-𝟐 𝐍𝐕𝐈

𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍:
Señor, gracias porque Tu gracia sigue alcanzando incluso esas áreas de mi corazón que aún necesitan ser rendidas. Perdóname cuando reacciono desde el orgullo, el temor o la autosuficiencia, y enséñame a vivir en humildad y verdad. Ayúdame a correr hacia Tu luz y no esconderme detrás de excusas o autoacusación. Sana mis relaciones y forma en mí un corazón manso, dispuesto a pedir perdón y a extender misericordia. Que cada caída me acerque más a Ti y no más lejos de Tu amor. Amén.

Lily & Ray

Rescate - El veneno - Banda sonora de «El otro» (Videoclip Oficial) «El veneno»(Banda sonora de la película «El otro»)Álbum: «Indudablemente»• Adquiére el tema aquí:http://bit.ly/rsktindudable• Sigue a Rescate en las redes so...

Marco Barrientos 14/05/2026

𝐏𝐑𝐄𝐏𝐀𝐑𝐀𝐃𝐎𝐒

𝐌𝐚́𝐬 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐡𝐨𝐧𝐫𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐚 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫. 𝐄𝐬𝐭𝐞́𝐧 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐢𝐝𝐚 𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐲 𝐞𝐧 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬. 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐡𝐚́𝐠𝐚𝐧𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐠𝐞𝐧𝐭𝐢𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨, 𝟏 𝐏𝐞𝐝𝐫𝐨 𝟑:𝟏𝟓 𝐍𝐕𝐈

Desde la semana pasada he tenido una inquietud extraña. No sé si fue por tantas noticias alarmantes que comenzaron a circular —esas publicaciones que anuncian “el diluvio del año”, tormentas históricas, inundaciones nunca antes vistas— o simplemente porque, viviendo en Guatemala, uno aprende que cuando las lluvias llegan de verdad, no preguntan si estamos listos.

Así que empecé a hacer algunas diligencias pendientes en casa. Primero revisé las tuberías que conducen las aguas pluviales y los drenajes que las reciben. Confieso que llevaba tiempo posponiendo esa tarea. Uno siempre piensa: “todavía aguanta”, “la próxima semana lo hago”, hasta que una pequeña lluvia basta para revelar cuánto descuido se ha acumulado silenciosamente.

Después vino la parte más complicada: subir al techo de la casa. Mi amigo Estuardo me prestó una escalera bastante larga, de esas que ya solo verlas dan una mezcla de confianza y temor. Mientras subía, iba pensando que probablemente encontraría algunas hojas secas y quizá una que otra rama acumulada. Pero cuando finalmente asomé la cabeza sobre la cubierta, me sorprendí de verdad.

Había capas y capas de hojas de pino, tierra, ramas pequeñas y residuos que el viento había ido depositando lentamente durante meses. Sin exagerar, aquello no parecía simplemente suciedad acumulada; parecía el inicio de un ecosistema completo. Pensé que fácilmente podrían haberse escondido allí no solo nidos de pájaros, sino pequeñas madrigueras de zorros.

𝐏𝐫𝐚𝐜𝐭𝐢𝐪𝐮𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐦𝐢𝐧𝐢𝐨 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐲 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞́𝐧𝐠𝐚𝐧𝐬𝐞 𝐚𝐥𝐞𝐫𝐭𝐚. 𝐒𝐮 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐠𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐢𝐚𝐛𝐥𝐨 𝐫𝐨𝐧𝐝𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐥𝐞𝐨́𝐧 𝐫𝐮𝐠𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐝𝐞𝐯𝐨𝐫𝐚𝐫. 𝐑𝐞𝐬𝐢́𝐬𝐭𝐚𝐧𝐥𝐨, 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞𝐧𝐢𝐞́𝐧𝐝𝐨𝐬𝐞 𝐟𝐢𝐫𝐦𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐟𝐞, 𝐬𝐚𝐛𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐲𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐧 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐬𝐞 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐟𝐫𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬. 𝟏 𝐏𝐞𝐝𝐫𝐨 𝟓:𝟖-𝟗 𝐍𝐕𝐈

Lo curioso es que desde abajo nada de eso se veía. Desde el patio, el techo parecía perfectamente normal. Ordenado. Funcional. Seguro. Pero arriba, en las partes que casi nunca revisamos, el deterioro avanzaba silenciosamente. Mientras limpiaba, me di cuenta de algo: el problema nunca empieza con la tormenta. La tormenta solo revela lo que se descuidó durante el tiempo de calma. Porque las lluvias no crean el caos; simplemente exponen lo que estaba obstruido.

𝐋𝐮𝐞𝐠𝐨, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐮𝐞, 𝐝𝐚𝐫𝐞́ 𝐜𝐚𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐲𝐚𝐧 𝐚𝐩𝐫𝐨𝐛𝐚𝐝𝐨 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐫𝐞́ 𝐚 𝐉𝐞𝐫𝐮𝐬𝐚𝐥𝐞́𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐧𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐲𝐚𝐧 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐠𝐢𝐝𝐨. 𝟏 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐭𝐢𝐨𝐬 𝟏𝟔:𝟑 𝐍𝐕𝐈

Hay áreas de nuestra vida que desde lejos parecen estar bien. Pero al asomarnos a lo profundo del corazón descubrimos que, aunque seguimos funcionando, trabajando, sirviendo, sonriendo, asistiendo a la iglesia, cumpliendo responsabilidades, en los lugares altos y escondidos del alma comienzan a acumularse pequeñas cosas: resentimientos no tratados, cansancio ignorado, orgullo disfrazado de fortaleza, heridas que nunca llevamos delante de Dios, pecados “pequeños” que dejamos quedarse demasiado tiempo.

𝐀𝐬𝐢́ 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐧 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐇𝐢𝐣𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐯𝐞𝐧𝐝𝐫𝐚́ 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐞𝐧. 𝐋𝐮𝐜𝐚𝐬 𝟏𝟐:𝟒𝟎 𝐍𝐕𝐈

Nada parece grave, hasta que llega la tormenta y cuando llegan temporadas de presión, pérdida, conflicto o dolor, entonces descubrimos que el agua no pudo fluir correctamente porque había demasiadas cosas acumuladas dentro de nosotros. Quizá por eso Dios muchas veces nos inquieta antes de ciertas temporadas. Nos mueve a revisar, limpiar, ordenar y atender áreas que hemos ignorado. No para vivir aterrados por la tormenta, sino para prepararnos sabiamente para ella.

𝐀𝐬𝐢́ 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐚 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐢𝐝𝐨 𝐲 𝐨𝐢́𝐝𝐨; 𝐨𝐛𝐞𝐝𝐞́𝐜𝐞𝐥𝐨 𝐲 𝐚𝐫𝐫𝐞𝐩𝐢𝐞́𝐧𝐭𝐞𝐭𝐞. 𝐒𝐢 𝐧𝐨 𝐭𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨, 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐜𝐚𝐞𝐫𝐞́ 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐭𝐢 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐥𝐚𝐝𝐫𝐨́𝐧. 𝐀𝐩𝐨𝐜𝐚𝐥𝐢𝐩𝐬𝐢𝐬 𝟑:𝟑 𝐍𝐕𝐈

Una imagen en Hechos 1 me llama la atención y hay algo profundamente humano en esa escena. Jesús acaba de ascender y ellos simplemente se quedan viendo el cielo. Inmóviles. Asombrados. Tal vez confundidos. Quizá con una mezcla de esperanza y nostalgia. Y sinceramente, ¿quién no habría hecho lo mismo? Pero los ángeles prácticamente les hacen una pregunta que también resuena para nosotros hoy: “¿Y ahora qué?”

𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐠𝐨 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝: 𝐥𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐯𝐚𝐲𝐚 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞, 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐠𝐨, 𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐨𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐧𝐨 𝐯𝐞𝐧𝐝𝐫𝐚́ 𝐚 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬; 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨, 𝐬𝐢 𝐦𝐞 𝐯𝐨𝐲, 𝐬𝐞 𝐥𝐨 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐫𝐞́. 𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟔:𝟕 𝐍𝐕𝐈

Porque Jesús prometió que volvería, sí. Pero mientras esperamos su regreso, no nos dejó solos mirando hacia arriba con resignación o escapismo espiritual. Nos dejó su Espíritu Santo. Y eso lo cambia todo. Él no es un sustituto frío de la presencia de Jesús; es la presencia misma de Dios habitando en nosotros. Consolándonos, guiándonos, corrigiéndonos, fortaleciéndonos y recordándonos que aún hay obra por hacer.

La esperanza cristiana nunca fue diseñada para convertirse en una excusa para desconectarnos del mundo diciendo: “Ojalá ya todo se termine”. Al contrario, la esperanza del regreso de Cristo debería impulsarnos a amar más, servir más, perdonar más y anunciar más urgentemente las buenas noticias. Esperamos su regreso, sí, pero no escondidos del mundo; caminamos hacia él llevando luz.

𝐄𝐥 𝐒𝐞𝐧̃𝐨𝐫 𝐧𝐨 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐚 𝐞𝐧 𝐜𝐮𝐦𝐩𝐥𝐢𝐫 𝐬𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐦𝐞𝐬𝐚, 𝐬𝐞𝐠𝐮́𝐧 𝐞𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐚 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐚𝐧𝐳𝐚. 𝐌𝐚́𝐬 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐞́𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐞𝐳𝐜𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐚𝐫𝐫𝐞𝐩𝐢𝐞𝐧𝐭𝐚𝐧. 𝟐 𝐏𝐞𝐝𝐫𝐨 𝟑:𝟗 𝐍𝐕𝐈

Porque cuando entendemos el corazón de Dios, descubrimos que su deseo nunca ha sido la destrucción del ser humano, sino su rescate. Él “no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9). Y si ese es el deseo del Padre, debería convertirse también en el nuestro. Tal vez por eso no basta con limpiar los drenajes de la casa; también necesitamos revisar si nuestro corazón todavía se conmueve por las personas que viven sin esperanza. Porque es posible prepararnos tanto para “la tormenta” que terminemos olvidando a quienes siguen afuera bajo la lluvia.

Jesús volverá. Esa promesa sigue en pie. Pero mientras el cielo se abre nuevamente, la iglesia no fue llamada solamente a mirar hacia arriba, sino a salir hacia adelante. Porque la preparación rara vez es urgente cuando el cielo está despejado. Pero los que esperan hasta escuchar los primeros truenos, normalmente ya van tarde.

𝐄𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐟𝐢𝐣𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐞́𝐥 𝐬𝐞 𝐚𝐥𝐞𝐣𝐚𝐛𝐚. 𝐃𝐞 𝐫𝐞𝐩𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐬𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐚𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐝𝐨𝐬 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐛𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐢𝐣𝐞𝐫𝐨𝐧: ―𝐆𝐚𝐥𝐢𝐥𝐞𝐨𝐬, ¿𝐪𝐮𝐞́ 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨? 𝐄𝐬𝐭𝐞 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐥𝐥𝐞𝐯𝐚𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐚𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨, 𝐯𝐞𝐧𝐝𝐫𝐚́ 𝐨𝐭𝐫𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐞𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐧 𝐯𝐢𝐬𝐭𝐨 𝐢𝐫𝐬𝐞. 𝐇𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬 𝟏:𝟏𝟎-𝟏𝟏 𝐍𝐕𝐈

𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍:
Señor Jesús, gracias porque no nos dejaste solos; gracias por tu Espíritu Santo, que nos guía, consuela y fortalece cada día. Ayúdanos a vivir preparados, con un corazón limpio y atento a tu voz. Mientras esperamos tu regreso, que no nos quedemos solamente mirando al cielo, sino llevando esperanza, amor y verdad a quienes aún no te conocen. Danos un corazón como el tuyo, que anhele que nadie se pierda. Ven, Señor Jesús, y ayúdanos a permanecer fieles hasta el final. Amén.

Lily & Ray

Marco Barrientos 31K likes, 763 comments. "Marco Barrientos - Que Ruja El León ft. Enoc Parra (Video Oficial)"

¿Quieres que tu escuela/facultad sea el Escuela/facultad mas cotizado en Guatemala City?

Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Localización

Categoría

Teléfono

Dirección


Casa 23, Calle Principal, El Limón 2, Zona 18
Guatemala City
502