30/07/2024
🌊 LA ATLÁNTIDA 🏛️
✍️ David Hernández de la Fuente .es
Prosiguiendo los viajes a lugares incógnitos y seguramente inexistentes de la geografía mitológica de España hay que recordar que en la antigüedad, desde el mundo semita al griego, el lejano Occidente era la tierra de promisión de riquezas sin cuento, abundancia de bienes, justicia y buenas leyes, que se encontraban en las inmediaciones del océano exterior, el actual Atlántico. Los colonos fenicios y griegos, y más tarde los romanos, dieron pábulo a estas historias sobre seres y lugares extraordinarios. Leyendas como la de las columnas que funda Hércules allí de donde no cabía decir que había un más allá –«non plus ultra»– para los antiguos navegantes o las que hablaban de unas islas felices como una especie de paraíso terrenal lleno de riquezas de todo tipo, entre otras regiones utópicas, abundaron desde las fuentes clásicas grecolatinas a las bíblicas. En la Biblia, por ejemplo, se recoge la idea de un lugar a poniente repleto de riquezas y de donde llegaban naves cargadas de bienes para el comercio.
Muchas veces se habla de Tarsis y las suyas, de allende el mar, recogiendo el testigo mítico del comercio histórico de los metales. Los griegos evocan con el nombre de Tarteso una idea fabulosa de riqueza y estatalidad ideal que no es igual a Tarsis, como sabemos, pero de la que ha querido hacer en alguna ocasión equiparaciones: un país del oro y la plata, entre otros recursos ganaderos, agrícolas y metalíferos, que es gobernado por reyes justos y bondadosos, como Argantonio, aunque a veces sometidos a la tiranía de seres monstruosos como Gerión. Otra parte de la ecuación suele ser el nombre de la Atlántida, como un Estado de la más remota antigüedad que oscilaba entre lo ideal de sus leyes y recursos y lo excesivo, soberbio y tiránico de sus pretensiones de conquista: lo cuentan mitos platónicos. Es una leyenda moralizante, épica y filosófica, del auge y caída de una espléndida civilización, de la que muchos han querido hacer historia, e incluso geografía y, de forma más o menos fantasiosa, localizarla en la Península.