09/09/2026
Muchos me escriben que no tienen dinero para invertir, que les cuesta vivir, que quieren aprovechar el ciclo al máximo y me preguntan qué harían
Trabajen. Es la respuesta menos atractiva y es la única real
Y sé lo que van a decir, que yo no conozco su situación. Yo vengo de Venezuela. Desde los doce años trabajaba en el negocio de mis padres. No tenía vacaciones de Navidad, ni Semana Santa, ni Carnaval, porque en esas fechas trabajaba
Llegué a cuestionar la Navidad. Para mí no era descanso, era trabajo. Y de niño también la odiaba porque mis papás nunca estaban, estaban trabajando. Veía a todo el mundo disfrutando y a mí me dolía. Con los años eso se convirtió en motivación. Esto no quita que mis padres se esforzaban por darme lo mejor del mundo, por hacernos felices con todo lo que estaba a su alcance, pero como niño que no entiendes todo, me dolía ver cómo para muchos eran vacaciones y para nosotros no. Hoy en día entiendo que ese fue el mejor regalo que me dieron, crear el hábito de trabajar para conseguir todo lo que quisiera en la vida, y que los límites lo decidimos nosotros
Mi papá me pagaba menos de lo que le pagaba a los empleados más las comisiones generadas por ventas (que era donde más se ganaba), pero no siempre podía vender, muchas veces tenía que estar en la caja cobrando, ayudando a separar el dinero para los depósitos del banco en la oficina y otras tareas como ordenar el almacén. Me lo explicó así: ellos tienen familia que mantener, útiles escolares, ropa para los niños. Tú no. Lo que ganes es tuyo completo, para disfrutarlo o para reinvertir
Al principio me pareció injusto. Hoy entiendo que ahí aprendí dos cosas: a trabajar y a reinvertir
A los catorce iba con mi hermano al centro de Caracas, los dos menores de edad, a un mercado donde no debíamos estar, a comprar mercancía china de imitación para revender en el colegio y a mis vecinos. Montamos puestos en verbenas navideñas. Montamos puestos de comida y de barbacoa
Llegué a vender de todo. Alcohol decomisado en aduana, dólares en el mercado negro, ropa china, carteras, bolsos, celulares, todo lo que se puedan imaginar
Y en la universidad me paraba a las cuatro de la mañana, con clases a las siete, para hacer postres y venderlos. Esa fue mi primera sociedad, con uno de mis mejores amigos: él hacía pie de limón y yo marquesa de chocolate. Llegaba temprano, abría la maleta del carro donde tenía la cava, y antes de entrar a clase ya había vendido por lo menos ochenta postres
Y cuando ya llevaba un ciclo completo en este mercado y tenía dinero de verdad, seguía trabajando sesenta horas a la semana
Eso es lo que hay detrás de lo que ven ahora
Hay gente que siente que la vida ha sido injusta con ella sin haber intentado nada todavía. Y sí, hay cosas en la vida que son profundamente injustas. Pero en lo económico depende mucho más de ti de lo que crees
No importa de dónde vengas. Siempre hay una manera