29/06/2026
NUEVO CURSO EPC MINTS
"ERRAR AL BLANCO" (Hamartiología, Doctrina del Pecado) "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4, RVR1960).
1. El pecado es errar el blanco, ese blanco es la Voluntad de Dios expresada en su Palabra.
La palabra griega ἁμαρτία (hamartía) significa literalmente "errar el blanco", una imagen tomada del tiro con arco, donde la flecha no alcanza el objetivo. En la literatura griega, especialmente en la Poética de Aristóteles, la hamartía describía el error fatal de un héroe que lo conducía a su ruina. Sin embargo, el apóstol Juan toma este término y le da un significado mucho más profundo: el pecado no es simplemente un error humano o una equivocación de juicio, sino una rebelión consciente contra Dios.
El hombre fue creado para reflejar la gloria de su Creador, pero al pecar ha desviado el propósito para el cual fue hecho. El pecado, entonces, no consiste únicamente en hacer lo malo, sino en dejar de vivir para la gloria de Dios saliendose de los marcos de su palabra santa y justa.
2. El pecado es transgresión de la ley de Dios
Juan define el pecado con absoluta claridad: "el pecado es infracción de la ley". No se trata simplemente de una debilidad, un defecto psicológico o un accidente moral. La Escritura lo presenta como una violación deliberada del carácter santo de Dios revelado en su Ley.
Mientras Aristóteles entendía la hamartía como el defecto que ocasionaba la caída de un héroe trágico, la Biblia enseña que el pecado es la condición universal de toda la humanidad desde la caída de Adán (Romanos 5:12). No somos pecadores porque ocasionalmente fallamos; fallamos porque nuestra naturaleza está corrompida por el pecado. La tragedia del hombre no es únicamente que comete errores, sino que es un transgresor por naturaleza y necesita la gracia soberana de Dios.
3. Cristo vino para quitar el pecado y restaurar el propósito del hombre
La doctrina bíblica del pecado no termina con la condenación, sino que apunta a la esperanza del evangelio. Inmediatamente después de definir el pecado, Juan declara: "Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados" (1 Juan 3:5). Donde la hamartía griega terminaba en la destrucción inevitable del héroe, la hamartía bíblica encuentra su respuesta en Jesucristo, quien vivió en perfecta obediencia a la Ley, llevó sobre sí la culpa de nuestros pecados en la cruz y resucitó para justificar a los que creen.
El evangelio no solo perdona al pecador, sino que lo restaura para que vuelva a vivir conforme al propósito para el cual fue creado: amar, obedecer y glorificar a Dios. Así, la doctrina del pecado magnifica la gloria de Cristo, porque solo Él puede rescatar al hombre de la ruina producida por su propia hamartía.
Reflexión Teologica: Edwin J Nova