18/04/2026
Querido amigo Paul,
Hace mucho tiempo que quería escribirte. Soy una vieja admiradora tuya y amante de tu música, que tantas emociones me ha dado, ¡Ay, el gran Paul!
Por fin me he atrevido. Sin poderlo remediar, me atrevo a escribirte estas líneas para contarte muy brevemente la historia de mi familia. Nací en la Europa medieval, siendo interpretada por músicos de muchos países. Mis antepasados eran instrumentos con diferentes morfologías que poco a poco se fueron estrechando. Aún me río del barrigón de mi abuela y el cuerpo ovalado de mi abuelo.
Mis padres ya adquirieron la típica “forma en ocho”, como la guitarra actual. No veas cómo presumía de eso mi mamá, una vihuela estrechita de aromática madera de ciprés. Se paseaba por las cortes de media Europa dando recitales a hombros de juglares greñudos.
Hubo un momento en el que los músicos, cansados de que su arco rozara con sus crines la tapa del instrumento pidieron a los constructores que resolvieran ese problema. Había que inventar algo y, por fin, ¿sabes dónde se encontró una solución satisfactoria y definitiva?, pues yo te lo diré, en mi tierra, Aragón, en la ciudad de Zaragoza, donde por aquel tiempo había más de treinta violeros (luthiers) activos, más que los que trabajaban por aquellos años en toda Europa juntos.
Y esta soy yo en 1437, aunque nací unos años antes. La primera de esa imagen donde muestro a buena parte de mi descendencia. Por supuesto tú no podías faltar.
La solución que estos humildes, pero geniales artesanos, encontraron, se propagó muy rápidamente por las ciudades de la Corona de Aragón. Empecé a tener descendencia entre las familias de la vihuela de arco y la vihuela de mano. Poco después, algunos hijos míos se marcharon a vivir a Italia, donde, cumpliendo todos mis deseos, se propagaron en numerosas familias, como la viola da gamba, el violón, hibridando también con los encorbatados instrumentos del cuarteto clásico (violín, viola y violonchelo).
No veas cómo presumo ahora de progenie, porque desde aquellos remotos tiempos de mi juventud, a inicios del siglo XV. Porqué, querido Paul, no le dedicas una canción a la antepasada remota de tu bajo?