22/07/2025
Me levanto temprano, el sol aún no ha despuntado.
Cojo mi camino para meterme en el prado, aún oscuro.
Veo lo que parece una cola hecha de algodón.
Y al fin, puedo ver a esta preciosa criatura.
Él no me ve, y yo observo cómo actúa tan naturalmente.
Se queda mirando al infinito, supongo que pensando qué dura noche de trabajo tuvo.
Está tranquilo, trotando sin prisa, cerrando ya la jornada.
Me quedo mirándolo, maravillada de sus colores.
Está hecho de fuego, tierra y algodón.
Perseguido hasta la saciedad, ha sabido perdurar y sobrepasar todas las adversidades para sobrevivir.
Hay una astucia cultivada por siglos en su mirada.
Él ni siquiera sabe que es un auténtico superviviente.
Supongo que alguien como él no necesita convencerse de que es valiente. Simplemente lo es.
Verlo en la montaña, y de una manera tan natural y espontánea, ha sido un sueño. Un sueño mágico.
Sí, solo es un zorro.
Un zorro y yo, en un instante preciso en el mundo.
Nadie más. Solo nosotros.
Algo que nadie puede repetir, ni siquiera yo misma.