24/06/2024
La vulgarización de la “Felicidad”: Desviaciones Modernas del Verdadero Bienestar
No hay nada más vulgar que ser feliz, al menos en el sentido que le otorga el populacho. Conceptos de una importancia trascendental como Dios, belleza y felicidad se han convertido en palabras manoseadas, vulgarizadas, estropeadas… Y es que por mucho que corramos, y hasta avancemos, si vamos en la dirección contraria lo que hacemos es alejarnos cada vez más de nuestro objetivo.
Como dijo Séneca en su obra Cartas a Lucilio (Carta 71.3): "Para el que ignora el puerto al que se encamina, ningún viento le es propicio.". Esto nos recuerda la suma importancia de ir bien encaminados desde un principio para no seguir cavando nuestra propia tumba.
En la sociedad occidental contemporánea, la noción de felicidad ha sido reducida a un conjunto de valores materialistas y superficiales, contribuyendo a un vacío existencial generalizado. Este fenómeno se manifiesta en diversas formas, desde la obsesión por el éxito profesional y el dinero hasta la evasión en el trabajo y las adicciones de todo tipo. La búsqueda de una felicidad hedonista y efímera nos ha alejado de una verdadera realización y bienestar conocida en la filosofía aristotélica y estoica como eudaimonía.
La Idolatría del Dinero y el Narcisismo de las Masas
La sociedad occidental idolatra el dinero como la principal fuente de felicidad y seguridad. Esta adoración del capital ha distorsionado los valores fundamentales, colocando la riqueza material por encima de la integridad, la empatía y la comunidad. Las redes sociales exacerban este fenómeno al glorificar una imagen de éxito basada en el consumo exacerbado y la ostentación más vulgar y hasta hortera (desde la que hacen Ronaldo y su esposa Georgina, pasando por Llados, hasta los Gipsy Kings). Las selfis y la cultura del "like" son manifestaciones del narcisismo de masas. Vemos a niñas, hasta las más horrendas, posando para IG y TikTok como si fueran modelos, y a los catetos de turno subiendo un “videíto” donde se están comiendo un trozo de pizza: ¡¿Pero a quién narices se creen que le importa?! La validación externa se ha convertido en el objetivo primordial y en la sustitución de la psicoterapia que muchas personas necesitan.
Las redes sociales promueven una cultura de comparación constante y superficialidad, donde todo es mero postureo, donde se creen que el valor de una persona se mide por la cantidad de seguidores y la apariencia de felicidad (falsa) en sus publicaciones. Esta dinámica alimenta la insatisfacción personal y el vacío existencial, pues nadie puede engañarse a sí mismo, ya que reducen la felicidad a una mera fachada, desvinculada de una auténtica satisfacción interna.
El Aumento de las Adicciones
La desconexión emocional y el vacío existencial han llevado a un aumento alarmante de todo tipo de adicciones. Desde las dr**as duras y los ansiolíticos, que se consumen como caramelos, hasta la dependencia emocional y las adicciones comportamentales como el juego, el s**o y la tecnología.
Además, el consumo compulsivo, como abarrotar las tiendas de ropa y despilfarrar dinero en “trapos” o gadgets, y la obsesión por la clínica estética y los tatuajes, se han convertido en adicciones en todas las clases sociales. Estas conductas son intentos desesperados de llenar un vacío interno. Sin embargo, estas "soluciones" temporales solo agravan el problema, creando un ciclo de dependencia y descontento que va en aumento. El vacío existencial no se puede llenar comprando cosas o experiencias; es como querer saciar tu sed con la palabra "agua" o tratar de curar una herida emocional con tiritas.
Vivir Distraído y la Evasión Mediante el Trabajo y el Desarrollo Personal
La vida moderna está marcada por la constante distracción. La proliferación de dispositivos tecnológicos y la sobrecarga de información (infoxicación) han creado un entorno donde la atención está perpetuamente dividida y vamos como pollos sin cabeza. Este estado de distracción constante impide la reflexión y una conexión auténtica con uno mismo y con los demás. Las personas, en lugar de enfrentarse a sus inquietudes y buscar un sentido profundo en sus vidas, tienden a evadirse en el trabajo, convirtiéndolo en una forma de escape.
El trabajo, tradicionalmente ha sido un medio para lograr una vida digna, pero hoy se ha convertido en un fin en sí mismo. La cultura del trabajo excesivo promueve la idea de que el valor personal está directamente ligado al éxito profesional. Sin embargo, esta falsa equiparación del éxito profesional con el personal genera una desconexión de las verdaderas necesidades emocionales y espirituales del individuo.
La intelectualidad no escapa de este tipo de evasión. En ciertos círculos, estar al día de la última novedad literaria, del artículo publicado hoy mismo por fulanito o de las novísimas tendencias artísticas, se convierte en una forma de demostrar erudición y estatus, desviando la atención de cultivar un proyecto de vida significativo basado en el “conócete a ti mismo”.
Lo mismo ocurre con el denominado “desarrollo o crecimiento personal”, donde el mindfulness y el yoga se han convertido en la caricatura de sí mismos. Este último ha pasado a ser una mera gimnasia con incienso convertida en acrobacia circense exhibida en Instagram y TikTok. Del mismo modo, el mindfulness se ha desvirtuado, transformándose en un producto más de consumo masivo, vendido como un remedio mágico para el estrés y la ansiedad mientras se ignora su profundo trasfondo filosófico y espiritual.
En lugar de ser prácticas auténticas para la búsqueda de la paz interior y el autoconocimiento, se han convertido en herramientas de marketing, diseñadas para explotar la inseguridad y el vacío existencial de las masas. Los retiros de yoga y los talleres de mindfulness ahora son eventos muchas veces de lujo donde se paga una fortuna para obtener una dosis de tranquilidad empaquetada en experiencias superficiales y efímeras.
La esencia de estas disciplinas ha sido prostituida en el altar del capitalismo, convirtiendo lo que debería ser un camino hacia la realización personal en un espectáculo de superficialidad. Los gurús de la autoayuda se han transformado en celebridades, escribiendo libros como churros, cursos y seminarios a precios, en ocasiones, exorbitantes, prometiendo soluciones instantáneas a problemas complejos sin ofrecer un verdadero cambio interno.
El resultado es una sociedad que persigue constantemente la próxima moda de bienestar, sin entender ni comprometerse realmente con las prácticas que promueven. La búsqueda de likes y validación externa en redes sociales se ha convertido en la nueva religión, donde la autenticidad y la profundidad se sacrifican en aras de una apariencia de felicidad y equilibrio que, en realidad, está vacía de significado y sustancia.
La Felicidad Hedonista y la Alienación de la Eudaimonía
La búsqueda de una felicidad hedonista, basada en placeres inmediatos y superficiales, ha desviado a la sociedad de la eudaimonía, la verdadera felicidad derivada del florecimiento humano y la realización de nuestro potencial más elevado (¿te suena a chino o cursi? Si es así, acabas de descubrir que perteneces a la masa: no eres normal y mucho menos especial). La eudaimonía, un concepto central en la filosofía aristotélica y estoica, se refiere a una vida vivida en virtud, con propósito y en armonía con nuestros valores más profundos.
La felicidad hedonista, por otro lado, es efímera y superficial, se centra en la gratificación instantánea y se basa en la falsa creencia de que el dinero la puede comprar. El dinero proporciona comodidad y libertad, pero no felicidad. El enfoque hedonista-materialista limita la capacidad para encontrar un sentido duradero y profundo en la vida, ya que perpetúa la búsqueda de placeres externos en lugar de cultivar un bienestar interno y sostenible. En otras palabras, la felicidad hedonista es la que compartimos con los animales basada en lo material, en cambio la eudaimonía es la felicidad como un estado de equilibrio interno y realización personal. Solo la eudaimonía es propia del ser humano, el único ser racional, ético y espiritual que puede llevar una vida significativa y con propósito. Por todo ello y como dijo Stuart Mill: “Prefiero ser un Sócrates insatisfecho que un cerdo satisfecho”.
Agustí Guisasola, PhD en Filosofía
Filósofo Asesor y Mentor de Estoicismo
Mindfulness Contemplativo No-Dual