01/10/2026
Durante mucho tiempo pensé que acompañar bien a mi hija significaba estar muy pendiente de tooooooodo: emociones, reacciones, conflictos, errores, cómo hablaba, cómo respondía...
Y, claro, con toda la buena intención del mundo, ahí estaba yo: interviniendo, explicando, corrigiendo, anticipándome (vamos... siendo una mamá plasta)
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Yo lo que quería era hacerlo bien, pero....
Tardé en darme cuenta de algo: mi hija no necesitaba que yo solucionara todo lo que le pasaba. Necesitaba que yo estuviera disponible cuando me necesitara.
Y también necesitaba espacio para probar, equivocarse, frustrarse, aburrirse, enfadarse y descubrir algunas cosas por sí misma.
No fue fácil.
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Cuando llevas años creyendo que “hacer algo” es sinónimo de acompañar, aprender a no intervenir también requiere aprender.
Ahora procuro hacerme siempre una pregunta antes de entrar: ¿Esto necesita realmente mi intervención?. A veces sí.
Y otras muchas, no.
Y distinguir una cosa de la otra me ha permitido vivir la maternidad con bastante menos tensión.
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Si sientes que tú también estás permanentemente pendiente de lo que hace tu hijo, corrigiendo, anticipándote o intentando solucionar cada situación, quizá no necesites más información de "cómo hacer". Puede que lo que necesites sea parar y mirar qué está pasando en vuestra dinámica.
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Eso es lo que hacemos en mis asesorías: poner sobre la mesa vuestra situación concreta, entender qué hay detrás de lo que está ocurriendo y buscar otras maneras de acompañar que sean realistas para vosotros.
Sin recetas mágicas. Sin “deberías”. Sin intentar convertirte en otra madre que no eres
Si necesitas Escríbeme y hablamos.