21/10/2017
DIARIO DE UN TALLER DE RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN
3º día:
No he preparado la clase como me gustaría y me cuestiono con pensamientos que dudan de mi valía y disciplina. Tengo una meditación de un libro, muchas ideas y quiero fluir como hago habitualmente, fuera de reglas y convencionalismos.
La energía femenina es así. Sé que mi función es sostener el grupo con mi energía masculina, pero a un grupo de mujeres que viene de fuera, de guerrear y sobrevivir en un mundo masculino....para que puedan relajarse y meditar han de conectar con su energía femenina.
Y eso hago, expresarme como mujer que soy, dar ejemplo, y sutilmente dirigir la energía del grupo con mi parte más exigente y controladora, que aquí tiene cabida en su aspecto positivo.
Las invito a que se sientan cómodas, que no se fuercen a poner la mente en blanco, y a que en este espacio de tiempo puedan ser ellas mismas, sin prejuicios.
Han venido 3 mujeres nuevas, alguna invitada por alguna que ya había venido.
La primera en relajarse soy yo para que ellas puedan hacerlo. Si hago por mí misma lo mismo que les digo, ellas conectan más fácilmente.
Nada más llegar, una de ellas, comenta que esta semana ha practicado la respiración y que le ha funcionado en momentos difíciles por los que ha pasado. ¡Y sólo vino el primer día! Las demás escuchan, y alguna comenta. Nos reímos, charlamos. Yo insisto en practicar la respiración, sus beneficios, cómo hacerlo, y la practicamos un rato en el que las dirijo.
La alumna aventajada me pregunta si es normal que sus ojos lloren en ese momento. Claro que sí, le respondo. A mí también me pasa. Son emociones que tenemos reprimidas, y que cuando nos relajamos, nos permitimos expresar, inconscientemente. Es nuestro cuerpo que se relaja y suelta tensiones con mecanismos fisiológicos como llorar, bostezar, y otros.
Ella dice que no puede llorar delante de su hijo porque se preocupa. Otra mujer salta diciendo que ella se permite llorar en público cuando le sale, que ya no se corta. Y le agradezco que lo diga. Expongo que vivimos en un mundo de hombres donde llorar es molesto, está mal visto, y no se nos permite hacerlo. Y a veces lo necesitamos tanto, un desahogo.
Concluimos que llorar también nos lleva a relajarnos, por mucho que prefiramos reír. Todo tiene su momento.
Han habido abrazos al final, después de la meditación de la Diosa que les he guiado. Sólo el verlas salir de la clase más relajadas, distendidas y sonrientes, un viernes por la tarde-noche, me llena.
Les recuerdo que, en cualquier situación, no se olviden de respirar como les enseño, que ahora, ya saben que les calma. Funciona.
Gracias por esta experiencia.