09/07/2026
Sí, esta noticia habla de todas las personas que siguen y que no se cansan de hacer el bien. Y entre todas las imágenes nos llega esta, nuestra hna. Amparo Sáez. Valenciana de Pureza de María Cid, primero como alumna y después como religiosa de la Pureza de María. Sigue como Directora del Colegio Roza Viva, en el Barrio Petare, de Caracas.
¡Nos sentimos muy cerca de vosotros!
CUANDO TODO SE DERRUMBÓ, ELLAS NO HUYERON: LEVANTARON UN HOSPITAL ENTRE CARPAS PARA SEGUIR SALVANDO VIDAS
Hay tragedias que destruyen edificios. Otras ponen a prueba el alma humana.
El devastador terremoto que golpeó al estado venezolano de La Guaira dejó miles de mu***os, familias enteras sin hogar y una ciudad marcada por el dolor. Entre los edificios gravemente dañados se encuentra el Hospital San José, un centro de salud con 138 años de historia, perteneciente a las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía.
Las grietas hicieron inhabitable el edificio. Sus paredes ya no podían proteger a nadie. Pero la misión de quienes trabajan allí no terminó con el derrumbe.
Porque un hospital no son solamente sus paredes.
Mientras muchos luchaban por sobrevivir entre los escombros, las religiosas, médicos, enfermeras y voluntarios tomaron una decisión que hoy conmueve al mundo: instalar un hospital de campaña frente al edificio destruido para seguir atendiendo a los heridos.
Bajo toldos y carpas improvisadas, comenzaron otra vez.
Sin la comodidad de un hospital. Sin todos los recursos necesarios. En medio del calor, la falta de agua, la escasez de medicamentos y el drama de una emergencia humanitaria que ya golpeaba a Venezuela antes del terremoto.
Sin embargo, allí siguen.
Curando heridas.
Atendiendo a enfermos crónicos que no pueden interrumpir sus tratamientos.
Recorriendo refugios donde cientos de familias intentan reconstruir sus vidas.
Llevando agua, alimentos, medicinas y, sobre todo, esperanza.
La hermana María Yraida Mora Sánchez, vicaria general de la congregación, describe una realidad desgarradora: casi todas las personas conocen a alguien que perdió un hijo, un familiar, una casa o su trabajo. El sufrimiento parece estar presente en cada conversación.
Y, aun así, también habla de otra imagen.
La de una plaza llena de personas participando de la Eucaristía pocos días después del terremoto.
La de un pueblo que, entre lágrimas, sigue mirando al cielo.
Mientras continúan buscando sobrevivientes bajo los escombros, también luchan para evitar una nueva tragedia sanitaria. La falta de agua, el calor extremo y la escasez de medicamentos amenazan con provocar enfermedades que podrían agravar aún más la situación.
Pero las Hermanitas no se detienen.
Reciben el apoyo de organizaciones sanitarias, de la Cruz Roja Italiana, de médicos voluntarios y de muchas personas que decidieron sumarse a esta misión de servicio.
El Hospital San José ocupa un lugar muy especial en la historia de la congregación. Allí descansan los restos de sus fundadores y durante casi siglo y medio fue un símbolo de atención y esperanza para toda la región de La Guaira.
Hoy ese edificio permanece dañado.
Pero su espíritu sigue completamente vivo.
Las palabras de la hermana María Yraida resumen mejor que nadie lo que está ocurriendo.
"El hospital no es solamente la estructura de las paredes. El hospital es cada uno de nosotros: cada enfermera, cada médico y cada religiosa que intenta, día a día, dar lo mejor de sí".
En tiempos donde muchas noticias muestran destrucción, esta historia recuerda que siempre hay personas capaces de levantar esperanza justo donde parecía que ya no quedaba nada.
Porque cuando la fe se transforma en servicio, ni siquiera un terremoto puede detener el amor por el prójimo.