20/09/2019
LA CIUDAD Y LA CREATIVIDAD
Podemos decir que la ciudad es el invento humano más creativo y productivo, hasta tal punto que desde su invención ha sido el auténtico motor de la innovación. La ciudad se convierte desde el mismo instante de partida en el comienzo de esa gran aventura de la humanidad que va a tener en la innovación, la creación y la invención su manera de evolucionar y perpetuarse en sociedades cada vez más diversas. Pero además de ser un lugar de creación, la ciudad se convierte en creación en sí misma. Podemos decir que aunque la ciudad tiene como origen la protección y el abrigo de sus habitantes, junto a la ordenación de espacios para mejorar sus condiciones de vida; pronto se convierte la ciudad en arte. Dejaremos la cuestión de la ciudad imaginada como una obra de arte para otro artículo y nos centraremos hoy en la creatividad cultural de la ciudad.
Resulta muy interesante el libro de Richard Florida “Las Ciudades Creativas” en el que expone que el atractivo de ciertas ciudades está produciendo una concentración de personal creativo en estas ciudades, generándose también unos espacios blancos en los que otras ciudades se estancan. Florida acuña el término “clase creativa”, es decir aquella “clase social” que busca la ubicación donde desplegar su talento. Y lo más interesante es que los creativos acaban por clasificarse en torno a grandes espacios urbanos o regionales que reconocen su talento. Se genera así, una relación entre aquellas ciudades creativas y la existencia de unos grupos sociales, generalmente jóvenes, que impulsan unos nuevos sectores económicos.
Creemos que en el centro de la ciudad clásica se generó la creatividad que impulsó el desarrollo de nuestra cultura. Cabe citar a la vieja Atenas y su Ágora, lugar porticado desde el cual arrastraría al pensamiento humano hasta elaborar los conceptos de Razón y Libertad, Y la otra gran ciudad, Roma, cuyo Foro giraría en torno al concepto de Ley Universal para todos los ciudadanos. Son estos, ejemplos paradigmáticos de ciudades que han ayudado a construir nuestro pensamiento presente. Podemos decir por tanto, que en la ciudad se han generado y moldeado aquellos conceptos sobre los que se basa nuestro ideario contemporáneo.
La ciudad es también el lugar donde se asienta el comercio. En la ciudad se establecen los diversos mercados que permiten las transacciones económicas. A su vez, la propia ciudad se convierte en un mercado de vivienda y se presta a la especulación. Resultan ejemplificadoras las “insulae” romanas mediante las cuales la ciudad se densifica hasta alcanzar limites demográficos no vueltos a plantear hasta la Revolución Industrial. El comercio de las ciudades propiciará el Renacimiento, época en la que la burguesía y la ciudad se convierten en los elementos principales del consumo desplazando a la Iglesia. La ciudad adquiere cada vez más relevancia económica, al convertirse en centro del comercio. Empero, será durante la Revolución Industrial cuando la ciudad adquiera su papel más destacado al convertirse no solo en lugar de consumo sino en lugar de producción.
Tenemos que decir que no lo vieron así los pensadores clásicos de la teoría económica que entendieron que las naciones-estados eran los motores que deberían impulsar el crecimiento económico. La primera persona en darse cuenta de la importancia económica de las ciudades fue Jane Jacobs. Curiosamente, no siendo una especialista, también comenzó a elaborar una teoría en la que las primeras ciudades no fueron la consecuencia del incremento de la productividad agrícola sino que nacieron al amparo del comercio. Hoy podemos decir que comienza a vislumbrarse que son las ciudades y no los estados los impulsores de las futuras nuevas economías.
Frente a ese futuro jubiloso para la ciudad, hay que decir por contra, que si en los últimos tiempos la globalización está conduciendo a vivir en ciudades, de otro lado impulsa a sobrevivir con empleos que apenas permite mantener un nivel básico de subsistencia. Los sueldos han disminuido hasta adelgazar a la clase media tradicional. Y en ese contexto de la sociedad eminentemente urbana que permitirá la Ciudad Global, la mayor parte de la población habrá perdido interés como consumidor potencial de la mayoría de las marcas. La solución para las empresas vendrá de la publicidad encaminada a la demanda solvente a través de algoritmos de inteligencia artificial que permita entablar relación con los posibles compradores rechazando al resto.
¿Cómo será una ciudad en la que la mayor parte de la población no trabaje ni consuma? Stiglitz en su libro “El precio de la desigualdad” nos señala la fragilidad de esa nueva sociedad. La clave estriba en una sociedad profundamente desigual en la que el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita.
Tomas Martinez Boix
Profesor OUR