05/05/2021
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ECONOMÍA CIRCULAR: CONCEPTOS Y EXPERIENCIAS (8 de mayo de 2021 en el Complejo Deportivo Cultural "La Petxina" València de 10h a 13h SALÓN DE ACTOS)
¿Qué es la Economía circular? La economía circular es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los...
05/01/2021
ACERCA DEL URBANISMO ACTUAL
Este año ha concluido mi colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia en la asignatura de Urbanismo y ante mi jubilación me queda una amarga sensación de fracaso. Sin embargo, en estos tiempos de reclusión seguir meditando sobre el urbanismo me sirve para seguir pensando.
El Urbanismo y la Planificación Territorial fueron disciplinas sobre las que, en este país y durante los años de la transición, se depositaron grandes esperanzas. Ya en la etapa democrática y contando con la legislación anterior se intentó construir otro modelo urbano que se había discutido abundantemente en las escuelas de arquitectura y caminos. Las nuevas motivaciones cuajaron en un respeto a la historia urbana y al patrimonio edificado y en un intento de que nuestras ciudades resultaran más habitables. Estos fueron los ejes sobre los que discurrió el urbanismo de la etapa democrática. En este periodo, el planeamiento urbano se impuso como tarea un mayor equilibrio entre el centro y las periferias, equipando a todos los barrios con las necesarias dotaciones establecidas como estándares mínimos para alcanzar una nueva normalidad. A su vez los centros históricos comenzaron a contemplarse desde una óptica más conservacionista. No hacía falta destruirlo todo para crear la nueva ciudad moderna.
Hace ya cuarenta años que terminó el franquismo (que a su vez duró cuarenta años) y resulta un bueno tiempo para meditar sobre lo acontecido. La aparición de nuevas tendencias en el pensamiento ha servido para replantearnos nuestra visión sobre el planeamiento urbano. Comencemos hoy por reflexionar sobre la esencia misma del planeamiento urbano. ¿Resulta pertinente ordenar una ciudad a veinte años vista? Hay que decir que sobre este tema se ha discutido mucho en los últimos años, llegándose a negar la posible previsión con un mínimo de coherencia de los aspectos urbanos necesarios para ordenar una ciudad. Hay quien hoy se plantea que las previsiones de cómo será la forma de la ciudad a treinta años vista no resultan ser tanto urbanismo como ciencia ficción.
Recuerdo un libro de un sociólogo americano -Marshall Berman- con un título sugerente: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. En dicho libro, Berman contemplaba que todo aquello que la modernidad consideraba como unidad y en la que el progreso resultaba un hilo conductor se ha convertido en la actualidad en lo que denomina “la unidad de la desunión”. Y es que nuestras sociedades se han vuelto cada vez más complejas y difíciles de reducir a esquemas estructurantes. “Modernidad Liquida” titulaba el profesor Zygmunt Bauman su ensayo sobre estas nuevas sociedades que hacen del cambio y la transitoriedad su etiqueta característica. Pues bien, en estas sociedades en continuo cambio es evidente que no se pueden hacer previsiones a largo plazo como necesita el urbanismo para su desarrollo.
Sin embargo en nuestro mundo de arquitectos la cuestión de cómo será la ciudad del futuro se convertía habitualmente en una discusión de cómo resolver los problemas de la ciudad actual. Un primer cambio en la cuestión de la necesidad de un nuevo planeamiento se suscitó en aquella mágica Barcelona 92. Sin cambiar de Plan General se organizaron las Olimpiadas mediante una serie de proyectos yuxtapuestos que transformaron la ciudad. De la experiencia surgió lo que vino después en llamarse “El Proyecto Urbano” donde se transformaban espacios considerables de la ciudad mediante un proyecto a medio camino entre la arquitectura y el urbanismo y que se tramitaba a su vez como modificación del Plan General.
Con posterioridad aparecieron nuevas propuestas sobre el planeamiento de ciudades. La primera que quiero reseñar se denominó “Planificación Estratégica” descrita admirablemente por José Miguel Fernández Güell en su libro sobre la planificación de ciudades. En él, se apartaba de los viejos cauces impuestos tratando de aplicar al urbanismo las técnicas y métodos que en el mundo empresarial se aplicaban a las empresas. La “prospectiva” como sistema de previsión en la que se establecían distintos escenarios para el futuro y el posible diseño de dichos escenarios. A su vez utilizando mecanismos de retroalimentación los elementos de cambio que distorsionaban los viejos planes se convertían en aclaradores de la nueva realidad.
Por último y en línea con la nomenclatura militar que últimamente se impone, quiero hacer mención del “Urbanismo Táctico” que varias ciudades españolas como Barcelona o Logroño han comenzado por establecer. Se trata de pequeñas actuaciones en la ciudad (a veces simplemente pintar calles o poner macetas) que nos permiten a muy bajo coste transformar entornos urbanos convirtiéndolos en paisajes más acogedores. Estas pequeñas actuaciones con implicación ciudadana permiten transformaciones urbanas que el planeamiento con sus grandes costes no posibilitaría. Se trata de un urbanismo low cost que funciona aparentemente bien.
En fin, como conclusión creo que hay que ser cautelosos con el problema de la forma urbana a plazos largos debido a la imposibilidad que nos marca un tiempo convulso, que nos impide establecer realidades inmutables. Los tiempos actuales nos han mostrado nuestra posición inestable. Por eso, proyectar hacia el futuro las coyunturas económicas presentes puede conducirnos a errores de difícil corrección.
Tomas Martínez Boix
Dr. Arquitecto
25/04/2020
PANDEMIA Y CIUDAD
Resulta muy interesante el libro del biólogo Jared Diamond “Armas, Gérmenes y Acero” en el que sitúa como causantes del inicio de la civilización, la aparición de ejércitos permanentes y la dominación de extensas masas de población. Y fue en esas sociedades desiguales donde aparecieron las primeras ciudades. A su vez, la concentración de población en urbes, cerradas y amuralladas, conviviendo además con el ganado, dio lugar a la aparición de epidemias propiciadas por el salto de virus desde los animales hasta el hombre. Los propios virus se extendieron desde las ciudades a nuevos terrenos conquistados convirtiéndose en armas equivalentes al acero. Pues bien, en tiempos de globalización ha sido una pandemia producida por un virus animal el que ha irrumpido de un modo disruptivo en el desarrollo de esa nueva sociedad universal que se estaba generando.
Cuando termine esta plaga bíblica que nos asola, tendremos que reconsiderar varios aspectos de nuestras vidas y de las instituciones que nos gobiernan. En este sentido hoy quiero comenzar a reflexionar sobre nuestras ciudades y nuestras viviendas. ¿Cómo se adapta la forma urbana a las imposiciones de esta o de futuras pandemias? ¿Resultan nuestras viviendas adaptadas a las necesidades de un confinamiento prolongado?
Digamos en primer lugar que el urbanismo moderno nació en parte desde las reflexiones higienistas de Ildefonso Cerda y otros pensadores sobre las epidemias que sistemáticamente asolaban a las ciudades. El Ensanche de Barcelona fue una propuesta para generar una nueva ciudad que se alejara de las graves densidades y estrecheces del centro histórico. Pues bien, habrá que continuar en línea con esas propuestas sanitarias del XIX repensando la ciudad desde una lógica de la salud.
Entiendo que la primera discusión que habrá que realizar será sobre epidemias y densidades. En este sentido habrá que realizar estudios sobre la relación de la concentración humana en el territorio y la ciudad con la expansión de la epidemia. En el caso americano podemos señalar la poca expansión en la California de baja densidad y el crecimiento muy intenso en la muy concentrada ciudad de Nueva York. En España la extensión de la enfermedad ha priorizado ciudades como Madrid o Barcelona. ¿Existe por tanto relación entre densidad y concentración y expansión del covid 19?
Hay que decir que esta problemática territorial nos dibuja el marco en el que se ha producido la epidemia, pero es el uso masivo de los espacios públicos el que motiva el contagio. Y hay que señalar la lenta reacción de algunos mandatarios para evitar concentraciones. Tiempo habrá para discutir actuaciones de políticos, pero lo que hoy quiero plantear es el comenzar a repensar el diseño de los espacios públicos, los grandes estadios o lugares de concentración masiva y el transporte público saturado hasta lo soportable durante las horas punta. Las ciudades en el futuro deben ser suficientemente densas para permitir servicios públicos sostenibles pero por debajo de concentraciones que impliquen riesgos sanitarios.
Además de los problemas de densidades leo en el periódico que nuevas investigaciones han encontrado una relación directa entre la contaminación de las ciudades y la mortandad causada por el coronavirus. Así, un estudio norteamericano establece correlación entre zonas con una mayor concentración en el aire de partículas menores de 2.5 micras (pm 2.5) y las muertes por covid 19. El estudio establece que un aumento de solo un miligramo por metro cubico se traduce en un aumento del 15% en la mortandad por coronavirus. Otra investigación, esta europea, relaciona los niveles de dióxido de nitrógeno en el aire con la mayor mortandad producida en Madrid y el valle del Po. En definitiva, la contaminación ciudadana debida fundamentalmente al tráfico y a las calefacciones se perfila como un asesino callado al propiciar alteraciones respiratorias o cardiovasculares. Es a veces la contaminación del lugar de trabajo y no de la vivienda la involucrada en la expansión de la enfermedad.
Nuestras ciudades futuras deberán ser pensadas para mejorar nuestra salud. Y para ello necesitaremos corregir ruidos y situaciones que alteren la salud mental, propiciar el caminar contra la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, reducir contaminaciones que provoquen enfermedades respiratorias y corregir mediante una amplia red verde el excesivo calor que produce la propia ciudad. En fin, modificar hábitos y diseños de tal manera que en los próximos años habrá que plantear con más intensidad la problemática ciudad-salud.
Por último, podemos preguntarnos como deben ser los espacios residenciales del futuro. En primer lugar hay que señalar al aislamiento tanto acústico como energético, con la necesidad de mejorar ambos aspectos. Esto ya se está haciendo permitiéndonos reducir los consumos eléctricos y rebajando los niveles de ruidos en el interior de las viviendas. En las próximas generaciones de viviendas será importante generar energía desde la vivienda haciendo que esta pase de ser un consumidor de energía a un productor. Las conexiones telemáticas deben permitir convertir la vivienda en un estudio desde el que se pueda producir información. Además las impresoras 3D tal vez permitan algún día el suministro y la producción de objetos desde la misma vivienda. En fin, parece que podamos regresar a esas primeras ciudades en las que la vivienda era también un local productivo para la gente que cohabitaba allí. ¡Pero si el espacio de la vivienda debe ser repensado mañana mismo hay que cambiar toda la normativa sobre residencias de ancianos!
Tomas Martínez Boix
Profesor OUR
02/04/2020
Una excelente reflexión sobre las consecuencias urbanísticas de la pandemia del COVID19, por el profesor de la UPV Enrique J. Giménez
Para una reflexión urbanística de la pandemia
La información que se está dando por los medios de comunicación es incompleta, pero ello no obsta para que reflexionemos sobre ella. Con el ánimo de no alarmar, se dirá que no se prodigan los datos innecesariamente pero ello no
11/10/2019
LA CIUDAD COMO UNA FORMA DE ARTE
Uno de los libros más interesantes que he leído este verano ha sido “El triunfo de las ciudades” del economista americano Edward Glaeser. En dicho trabajo nos propone un recorrido por los principales centros mundiales para hacernos conscientes de la importancia que está adquiriendo en este siglo la concentración de la población mundial en ciudades.
En un artículo anterior estuvimos enunciando que la ciudad es el invento humano más creativo y productivo de todos los pensados por el hombre. Nos centrábamos en la visión de la creatividad desde un punto de vista productivo; pero hoy vamos a meditar sobre los aspectos artísticos de la ciudad. Y es que la ciudad, ese invento humano que fue cuna de la creatividad desde muy pronto se convirtió ella misma en objeto de creación artística. En este sentido, el espacio público y la arquitectura comenzaron a ser pensados como elementos que generaban belleza. Es decir, la creatividad de la ciudad se contempla aquí entendida como esfuerzo artístico.
En un magnífico libro reeditado por la Fundación Caja de Arquitectos, “el Vitrubio Americano”, sus autores Hagemans y Peets, nos exponen en un voluminoso tratado su idea del urbanismo como “Arte Civil”. Se fundamenta en una visión clasicista de la arquitectura y de la ciudad que se apoya en la recreación histórica propia de la composición de las escuelas de Beaux-Arts. El libro es una recopilación de ejemplos, sobre todo de la nueva ciudad americana que comenzaba a materializarse a comienzos del siglo XX. Hay que poner por tanto el libro en conexión con el movimiento de la “Beatiful City” que imperó en los Estados Unidos durante esta época. En fin, un espléndido libro para contemplar una visión clasicista de la ciudad desde el arte.
Hay que decir, que la ciudad como forma artística fue contemplada también por la arquitectura del Movimiento Moderno. Junto a la más estricta funcionalidad se mantuvo siempre una arquitectura orgánica continuadora directa de la obra de Frank Lloyd Wright. Esta corriente perduró hasta el fin de la modernidad y uno de sus mayores representantes teóricos fue el arquitecto italiano Bruno Zevi. Desde su catedra la Sapienza en Roma mantuvo Zevi una visión espacial de la arquitectura que definía la esencia de la arquitectura y la ciudad desde su componente espacial. Ya en los años cuarenta publicó un libro famoso: “Saper vedere l´archquitectura”, en la que nos proponía una aproximación a la arquitectura y la ciudad desde su dimensión espacial. El espacio de la arquitectura con su recinto tridimensional característico y la apertura hacia el exterior en un intento de ganar la cuadrimensionalidad configuraba la esencia de la arquitectura. El recorrido, la necesidad por tanto de introducir el tiempo para comprender la arquitectura y la ciudad, se convertía en una metáfora de esa nueva esencia que al igual que el espacio de Einstein se plegaba hacia una nueva dimensión. Estas ideas de Zevi, que en su momento influyeron en la crítica arquitectónica están hoy un tanto olvidadas pero nos permiten reflexionar sobre los espacios arquitectónicos y urbanos.
Más moderna fue la concepción de la ciudad como puro objeto artístico. Desde este punto de vista, la ciudad se convierte en objeto estético y junto a la Historia Urbana puede desplegarse en paralelo una Historia del “Arte Urbano”. El profesor Pierre Lavedan será el introductor de esta concepción de la ciudad, que resulta así entendida como obra artística. En España, le corresponderá a Antonio Bonet, no el arquitecto sino el historiador, ser el introductor de esa concepción de la ciudad como Arte Urbano. En este campo la característica esencial de la ciudad será su condición estética y específicamente su continuidad espacio-temporal hasta producir un conjunto armónico que es concreción de su historia. De este modo el profesor Bonet ha introducido en el urbanismo una visión desde la historia del arte que permite seguir la lógica de la construcción de la ciudad a través de sus arquitecturas monumentales: iglesias, palacios, plazas mayores…A su vez también se ha preocupado de distinguir la lógica de los espacios y edificios no monumentales que contribuyen a sustanciar el espacio urbano. En su libro “Morfología y Ciudad”, el profesor Bonet nos va señalando la lógica evolutiva que se da entre las formas arquitectónicas y urbanas y las características tipológicas y morfológicas de las ciudades españolas.
Esto es solo una pequeña introducción a un problema de gran envergadura: la consideración de la ciudad como obra de arte
Tomas Martinez Boix
Profesor OUR
20/09/2019
LA CIUDAD Y LA CREATIVIDAD
Podemos decir que la ciudad es el invento humano más creativo y productivo, hasta tal punto que desde su invención ha sido el auténtico motor de la innovación. La ciudad se convierte desde el mismo instante de partida en el comienzo de esa gran aventura de la humanidad que va a tener en la innovación, la creación y la invención su manera de evolucionar y perpetuarse en sociedades cada vez más diversas. Pero además de ser un lugar de creación, la ciudad se convierte en creación en sí misma. Podemos decir que aunque la ciudad tiene como origen la protección y el abrigo de sus habitantes, junto a la ordenación de espacios para mejorar sus condiciones de vida; pronto se convierte la ciudad en arte. Dejaremos la cuestión de la ciudad imaginada como una obra de arte para otro artículo y nos centraremos hoy en la creatividad cultural de la ciudad.
Resulta muy interesante el libro de Richard Florida “Las Ciudades Creativas” en el que expone que el atractivo de ciertas ciudades está produciendo una concentración de personal creativo en estas ciudades, generándose también unos espacios blancos en los que otras ciudades se estancan. Florida acuña el término “clase creativa”, es decir aquella “clase social” que busca la ubicación donde desplegar su talento. Y lo más interesante es que los creativos acaban por clasificarse en torno a grandes espacios urbanos o regionales que reconocen su talento. Se genera así, una relación entre aquellas ciudades creativas y la existencia de unos grupos sociales, generalmente jóvenes, que impulsan unos nuevos sectores económicos.
Creemos que en el centro de la ciudad clásica se generó la creatividad que impulsó el desarrollo de nuestra cultura. Cabe citar a la vieja Atenas y su Ágora, lugar porticado desde el cual arrastraría al pensamiento humano hasta elaborar los conceptos de Razón y Libertad, Y la otra gran ciudad, Roma, cuyo Foro giraría en torno al concepto de Ley Universal para todos los ciudadanos. Son estos, ejemplos paradigmáticos de ciudades que han ayudado a construir nuestro pensamiento presente. Podemos decir por tanto, que en la ciudad se han generado y moldeado aquellos conceptos sobre los que se basa nuestro ideario contemporáneo.
La ciudad es también el lugar donde se asienta el comercio. En la ciudad se establecen los diversos mercados que permiten las transacciones económicas. A su vez, la propia ciudad se convierte en un mercado de vivienda y se presta a la especulación. Resultan ejemplificadoras las “insulae” romanas mediante las cuales la ciudad se densifica hasta alcanzar limites demográficos no vueltos a plantear hasta la Revolución Industrial. El comercio de las ciudades propiciará el Renacimiento, época en la que la burguesía y la ciudad se convierten en los elementos principales del consumo desplazando a la Iglesia. La ciudad adquiere cada vez más relevancia económica, al convertirse en centro del comercio. Empero, será durante la Revolución Industrial cuando la ciudad adquiera su papel más destacado al convertirse no solo en lugar de consumo sino en lugar de producción.
Tenemos que decir que no lo vieron así los pensadores clásicos de la teoría económica que entendieron que las naciones-estados eran los motores que deberían impulsar el crecimiento económico. La primera persona en darse cuenta de la importancia económica de las ciudades fue Jane Jacobs. Curiosamente, no siendo una especialista, también comenzó a elaborar una teoría en la que las primeras ciudades no fueron la consecuencia del incremento de la productividad agrícola sino que nacieron al amparo del comercio. Hoy podemos decir que comienza a vislumbrarse que son las ciudades y no los estados los impulsores de las futuras nuevas economías.
Frente a ese futuro jubiloso para la ciudad, hay que decir por contra, que si en los últimos tiempos la globalización está conduciendo a vivir en ciudades, de otro lado impulsa a sobrevivir con empleos que apenas permite mantener un nivel básico de subsistencia. Los sueldos han disminuido hasta adelgazar a la clase media tradicional. Y en ese contexto de la sociedad eminentemente urbana que permitirá la Ciudad Global, la mayor parte de la población habrá perdido interés como consumidor potencial de la mayoría de las marcas. La solución para las empresas vendrá de la publicidad encaminada a la demanda solvente a través de algoritmos de inteligencia artificial que permita entablar relación con los posibles compradores rechazando al resto.
¿Cómo será una ciudad en la que la mayor parte de la población no trabaje ni consuma? Stiglitz en su libro “El precio de la desigualdad” nos señala la fragilidad de esa nueva sociedad. La clave estriba en una sociedad profundamente desigual en la que el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita.
Tomas Martinez Boix
Profesor OUR
07/06/2019
LA CIUDAD Y EL COMERCIO.
En uno de los últimos artículos citábamos a la guerra organizada en ejércitos como uno de las actividades humanas que acompañaban al nacimiento de la ciudad. Pero también es cierto que desde muy pronto la ciudad se encontró con la necesidad de mantener relacionarse pacíficas con otras ciudades e inventó el comercio y la diplomacia como solución no guerrera a la relación y a la reciprocidad.
Tal vez esos intercambios comerciales provengan de unas relaciones más antiguas; ya que en los tiempos de los cazadores recolectores existían lugares sagrados y después templos en la naturaleza que servían como lugar de reunión entre los clanes. Seguramente la ciudad se generó en torno a estos lugares espirituales que a su vez actuaban como mercado. De esta manera, el Templo que originalmente pudo crearse en la naturaleza como santuario, pronto se convirtió en lugar central de la ciudad. Las ciudades dispondrían de un recinto “el Temenos” que englobará a aquellas construcciones cuyo suelo era considerado sagrado. A su vez, las ciudades dispondrían de otro lugar destinado a plaza de mercado y vinculado con las libres discusiones. Esta dualidad ciudadana de lugares se manifiesta de un modo grandioso en Atenas con un Ágora urbana para los ciudadanos y una Acrópolis para los Dioses, eso sí, unidas por una Vía Procesional, la vía de las llamadas Panateneas.
Jane Jacobs, la gran activista del urbanismo, entró de lleno en el problema de la organización de las primeras ciudades. Para ella, la estructuración de estas primeras ciudades se basaba en el intercambio y en las reglas a las que hay que someterse para organizar pacíficamente la complejidad humana de las nuevas sociedades. Es decir sería la intensificación del sistema de intercambios paleolíticos lo que conduciría al comercio en el interior de la ciudad y a la negociación entre ciudades. Jacobs cuenta la historia de una nueva supuesta población en el comienzo del neolítico a la que denomina “Nueva Obsidiana” y que se dedica al trabajo y al comercio de útiles realizados con esta piedra volcánica. La producción de excedentes obliga al cambio en otras tierras por productos inexistentes en esta ciudad. A su vez, el intercambio comercial conlleva a la creatividad.
La ciudad se consolidó de esta manera como la nueva forma de vida de la humanidad. Cada habitante especializaba su trabajo y acometía solo la realización de algunos productos que necesariamente tenía que intercambiar. Pronto comenzó un complejo sistema de ciudades que comerciaban entre sí y que establecían relaciones que permitían el comercio interurbano. A su vez, cuanto mayor era el círculo de ciudades con las que se podía comerciar mayor valor se incorporaba a la producción.
Immanuel Wallerstein, en su libro “El Análisis de los Sistemas-Mundo” desarrolla la tesis de que el comercio será el verdadero acicate para la exploración del mundo y el establecimiento de rutas que comuniquen civilizaciones distantes. De esa manera las grandes rutas comerciales permiten intercambiar además de productos, ideas e innovaciones que pueden aplicarse en otro lugar.
Tras las grandes rutas terrestres Wallerstein expone la gran transformación que se va a producir en el planeta a través de las rutas marítimas. El descubrimiento de América y el contacto y la conquista de un nuevo continente dará lugar a la formación de enormes Imperios. A su vez el establecimiento de “Compañías de Indias” en el mundo anglo holandés permitirá grandes ganancias a los inversores. De esta manera, se construye un nuevo sistema de dominación del mundo que se refleja un nuevo modo de entender las relaciones internacionales que se establecen. Aparece así el sistema Colonial en el cual las colonias envían mercancías a la metrópoli que se encarga de la administración. Se produce por tanto una explotación no de una clase social sobre otra sino de un país central sobre unas periferias colonizadas. El Mundo queda así dividido entre unos lugares centrales que organizan la sociedad mundo y unos lugares periféricos que actúan como subordinados.
En la segunda mitad del siglo XIX se produjo la Revolución Industrial. Estuvo precedida por una revolución agrícola que permitió alimentar a grupos muy numerosos y junto con una revolución tecnológica que posibilitó el uso de la máquina de v***r, se abrió la posibilidad de grandes espacios manufactureros y el crecimiento de las ciudades hasta llegar a la Gran Ciudad o Metrópolis actual. Este capitalismo con una capacidad productiva nunca vista comenzó a detectar la posibilidad de colocar sus enormes excedentes en las colonias a cambio de la importación de productos no elaborados.
Será a partir de los primeros años de este siglo y con fuerza tras la segunda guerra mundial cuando apareció la nueva metrópolis moderna que debemos relacionar con el automóvil y la segunda revolución industrial. Por último hay que señalar que estamos en el umbral de una transformación hacia esa Ciudad Global que caracterizará una nueva fase de la humanidad. Esta Ciudad-Mundo regida por la inteligencia artificial y por el “Big Data”. Nueva Ciudad que corresponde a un espacio Global regido por las leyes del comercio.
Tomas Martinez Boix
Profesor OUR
24/05/2019
MAYO 68
¡Cincuenta años ya desde aquella primavera! Lo primero que tengo que decir es que yo estaba en el Instituto la Asunción de Elche cursando cuarto y revalida. Pero no os creáis todo lo que digo. En realidad (o en otra realidad) estaba en Paris estudiando arquitectura y sociología en la Sorbona. Paso a contaros como viví aquel tiempo en las calles de Paris. Bueno, en las calles, en los cines y en los cafés de la Rive Gauche.
Comenzaré por decir que todo el mundo se sentía filósofo y que evidentemente se partía del existencialismo Sartriano de postguerra, en el que el hombre era un ser que solo existía y que necesitaba configurar su esencia a partir del aprendizaje. En términos arquitectónicos podríamos decir que el hombre era el ser que se construía a cada instante. Pero ante tanta filosofía el mundo no se circunscribía solo a las tertulias de la Place de Saint Germain des Pres, sino que alcanzaba en su rebeldía a la música y en general al comportamiento de la juventud. Cuando Yves Saint Laurent lanzó su primera colección Pret a Porter (la auténtica democratización de la moda) la denominó Rive Gauche. Tal vez el mayo 68 solo modificó las costumbres de la juventud y para colmo exacerbó el capitalismo más consumista.
Aquella primavera de Europa fue el despertar de una nueva generación que no había participado en las guerras del siglo XX y que a pesar de ello reclamaba su inclusión en la historia. Frente a una sociedad, la europea de postguerra, que gracias a la ayuda norteamericana había logrado convertirse en altamente productiva; se comenzó a pergeñar un mundo en el que la utopía, la libertad y el deseo se convertían en elementos estructurantes de una nueva visión del mundo. La represión entendida en términos freudianos como necesaria para la educación quedaba lejos de los objetivos de esa nueva generación que pretendía libertades máximas.
Y un elemento de primer orden que recorría la médula espinal de aquella juventud fue su oposición al tratamiento de la sexualidad como un comportamiento que había que reprimir. Por fin se declaró que era necesario liberar las conductas juveniles. Se volvió a pensar en Freud y en Marx. El viejo libro de Wilhem Reich “La Revolución Sexual” fue reeditado. Las mujeres a su vez, plantearon el problema de la liberación sexual como parte de esa nueva sociedad igualitaria hacia la que se caminaba. Los homosexuales y otros grupos modificaron la base discursiva cambiando el S**o por el Género; es decir la sexualidad como elección de la persona (cada vez era más difícil decir el hombre) hasta configurar la esencia existencial.
Al mismo tiempo se repensaron los espacios que generaba esa ciudad mercantilizada que se había heredado de los planteamientos de posguerra y se pensó en una alternativa lúdica al espacio urbano capaz de permitir la deriva, el vagar aleatoriamente por la ciudad y la posibilidad de recuperar alternativas lúdicas a la ciudad comercial. Guy Debord y su “Sociedad del Espectáculo” planteaban el teatro, los juegos y el azar como fundamento del reconocimiento de la ciudad y la “deriva” como la manera concreta de recorrerla e interiorizarla. Una nueva visión del ciudadano como homo-ludens y una utopía sobre una sociedad tal vez nómada, propició la concepción de novedosos planteamientos urbanísticos, como aquella “Nueva Babilonia” de Constant con espacios modificables según los deseos.
En el mundo del pensamiento, Foucauld había comenzado a sintetizar la crítica de lo que se consideraban problemas acuciantes: El Poder, la Locura y la Sexualidad; y que solo cabía analizar a través de lo cotidiano, la subjetividad y el deseo. El psicoanálisis, resucitado en una vertiente semiológica por Lacan constituía una de las patas del pensamiento mayosesentayochista. La otra pata sería la resurrección del joven Marx realizada por Althusser en un intento de comprender la “alienación” a que nos sometía la sociedad burguesa. En fin todo era demasiado complicado (la palabra precisa era inextricable). Solo recuerdo a un viejo activista que vendía en una esquina del bulevar de San Germain un libro confeccionado con ciclostil; su título era “el Derecho a la Pereza” de Paul Lafarge. Y a eso me dediqué.
No sé muy bien si todo esto lo viví o lo leí. En cualquier caso estoy casi seguro de que Julio Cortazar estaba en Paris. Y nos transmitió aquel libro lleno de mensajes sobre el Mayo 68 que os recomiendo; aunque de un modo narcisista y confuso no lo tituló Mayo sino “Julio 68”. De lo único que estoy seguro es que hoy, cincuenta y un años más tarde, leo tranquilamente en mi butaca favorita “En el café de la juventud perdida” de Patrick Modiano y evoco aquellos sucesos. Tal vez lo único que me ha quedado sea una fobia a lo prohibido y una búsqueda de la utopía a través de la realidad.
Tomas Martinez Boix
Profesor del OUR