14/06/2022
DISFRUTA DE TU VIAJE Y DE TODOS LOS PAISAJES QUE ENCUENTRES EN EL CAMINO —LOS ARBOLES, LAS MONTAÑAS, LAS FLORES, LOS RÍOS, EL SOL, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS
— PERO NO TE DETENGAS EN NINGUN SITIO HASTA QUE TU PROPIA SUBJETIVIDAD SE CONVIERTA EN EL OBJETO.
Una de las cosas más importantes que hay que tener en cuenta —no solo tú, sino todo el mundo— es que todo lo que te encuentres en el viaje interior no eres tú.
Tú eres el testigo de todo ello. Puede ser la nada, la dicha, el silencio, pero siempre ten en cuenta que, por muy maravillosa y fascinante que sea la experiencia, tú no eres eso. Tú eres quien lo experimenta. Si sigues avanzando, llegará un punto del viaje en el que ya no quede ninguna experiencia, ni silencio, ni dicha, ni nada. Para ti ya no hay ningún objeto, solo queda la subjetividad.
El espejo está vacío, no refleja nada.
Eso eres tú.
Incluso los grandes viajeros del mundo interior se han quedado atrapados en las maravillosas experiencias, se han identificado con ellas, pensando: «Me he encontrado a mí mismo». Se han quedado ahí sin alcanzar la etapa final donde desaparecen todas las experiencias.
La iluminación no es una experiencia.
Es un estado en el que te quedas absolutamente solo, sin tener que saber nada. No hay ningún objeto presente, por muy bello que sea. Solo en ese momento, cuando no hay ninguna obstrucción por parte de los objetos, tu conciencia da la vuelta y regresa a su origen. Se convierte en autorealización, se convierte en iluminación.
Tengo que recordarte la palabra «objeto». Un objeto es un impedimento..., la palabra en sí significa impedimento, objeción.
Los objetos pueden ser externos, del mundo material; pueden ser internos, del mundo psicológico; y pueden estar en tu corazón: los sentimientos, las emociones, las sensaciones, los estados de ánimo. Los objetos pueden estar incluso en tu mundo espiritual. Y son tan extáticos que no te imaginas que pueda haber algo más. Muchos místicos se han quedado atrapados en el éxtasis. Es un sitio precioso, tiene vistas panorámicas, pero todavía no has llegado a casa.
Cuando llegas a un punto en el que no hay ninguna experiencia, en el que no hay ningún objeto, la conciencia se mueve en círculos al no encontrar impedimentos —si no hay obstrucciones, todo en la existencia se mueve en círculos—, y vuelve a la fuente de tu ser, da la vuelta. Al no encontrar obstáculos —ni experiencias, ni objetos
— vuelve hacia atrás y el sujeto se convierte en el objeto.
Esto es lo que repitió continuamente J. Krishnamurti a lo largo de su vida: cuando el observador se convierte en lo observado, te darás cuenta de que has llegado.
Pero antes encontrarás miles de obstáculos. El cuerpo ofrece sus propias experiencias, que se conocen como las experiencias de los centros de la kundalini; los siete centros se convierten en siete flores de loto. Cada uno de ellos es mayor que el anterior, y más elevado, y su perfume es embriagador. La mente te ofrece grandes espacios, espacios ilimitados, infinitos. Pero la máxima que no debes olvidar es que todavía no has llegado a casa.
Disfruta de tu viaje y de todos los paisajes que encuentres en el camino —los árboles, las montañas, las flores, los ríos, el sol, la luna y las estrellas— pero no te detengas en ningún sitio hasta que tu propia subjetividad se convierta en el objeto.
Cuando el observador sea lo observado, cuando el conocedor sea lo conocido, cuando el que ve sea lo visto, habrás llegado a casa.
Esta casa es el verdadero templo que hemos estado buscando durante muchas vidas, pero siempre nos perdemos. Nos conformamos con experiencias maravillosas.
Un buscador valiente tiene que dejar a un lado todas esas experiencias y seguir avanzando. Cuando todas las experiencias se hayan agotado y solo quede él con su soledad..., no habrá un éxtasis mayor, no habrá una dicha más dichosa, ni una verdad más verdadera. Habrás descubierto la divinidad; te habrás convertido en dios.
Osho - Una nueva arca de Noe