07/05/2021
Como Átalo II Filadelfo, rey de Pérgamo desde el 157 al 138 a. n. e., tenía el dinero por castigo (en Oriente se vareaba la plata), regaló a la ciudad de Atenas un monumental pórtico -stoá en griego- para cerrar el lado Este del ágora. Tal vez la razón de este desprendido gesto de evergetismo, aparte de hacer ostentosa gala de sus riquezas, se deba al hecho de haber recibido en esta ciudad las enseñanzas de Carnéades; mientras el filósofo disertaba abstraído en sus pensamientos ajeno a cualquier circunstancia externa, él se asó de calor sin una sombra que le cobijase. Solidarizándose con las generaciones futuras, proveyó a la plaza del mercado de otro largo espacio cubierto en el que resguardarse de las inclemencias del tiempo y hacer más llevaderas las lecciones de los sabios. Casi dos milenios después de él, entre 1953 y 1956, otro magnate, J. D. Rockefeller, pagó de su peculio la reconstrucción completa del edificio y hoy, además de cumplir la función de museo del yacimiento y ser la sede de la Escuela Americana de Estudios Clásicos, es un curioso muestrario de turistas achicharrados que buscan el umbrío alivio que proporcionan sus columnas. Nuestra STOOA es precisamente esto, un acogedor espacio destinado al conocimiento de la antigüedad, con todas las prestaciones de la época contemporánea…
© Foto: Stooa -