01/09/2026
Hay algo extraño en septiembre.
Los demás lo llaman volver a la rutina.
Nosotros sabemos que no es eso.
Porque un docente no vuelve simplemente a trabajar. Vuelve a empezar.
Vuelve a entrar en un aula que todavía huele a limpio, a rotulador nuevo y a verano. Vuelve a colocar los libros, a ordenar las mesas, a preparar rincones que quizá dentro de una semana ya no estén donde los dejamos. Vuelve a escribir su nombre en una pizarra y, durante unos segundos, contempla ese espacio vacío intentando imaginar todas las historias que van a suceder allí.
Y entonces llegan ellos.
Algunos entran con sueño. Otros con nervios. Algunos agarrados a la mano de su madre o de su padre. Los hay que hablan sin parar y los que no dicen ni una palabra. Los que vienen deseando verte y los que todavía no saben muy bien qué haces tú allí.
Y tú tampoco sabes todavía quiénes serán.
No sabes quién necesitará que le expliques las cosas tres veces.
Quién se reirá en el momento menos oportuno.
Quién te contará su vida mientras tú intentas pasar lista.
Quién llegará un lunes con cara triste y necesitará mucho más que una ficha de matemáticas.
Quién te enseñará un dibujo hecho con cinco colores y te hará sentir que acabas de recibir el premio Nobel.
No sabes sus historias.
Pero sabes algo: vas a formar parte de ellas.
Y quizá eso sea lo más bonito, y también lo más difícil, de ser docente.
Porque enseñar no consiste solamente en explicar, corregir, evaluar, preparar actividades, rellenar documentos y sobrevivir a treinta “seño, seño, seño” antes de las diez de la mañana.
Enseñar es aprenderse sus nombres y terminar conociendo sus gestos.
Es saber cuándo un “estoy bien” significa exactamente lo contrario.
Es celebrar un progreso que para cualquiera podría parecer pequeño, pero que tú sabes que ha costado muchísimo.
Es guardar dibujos, frases, notas y pequeñas ocurrencias, sin valor aparente… y que, sin embargo, un día encuentras en un cajón y te hacen sonreír.
Es llegar a casa agotado, pensando que mañana vas a organizarte mejor, y volver al día siguiente con la misma ilusión...
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