18/08/2022
Los que me conocéis ya sabéis que esta historia la cuento muy a menudo. Creo que es una de los momentos que más me marcó y emocionó en mis primeros días como Educadora Social. Recuerdo que aquellas clases siempre las empezaba trabajando diferentes objetivos y siempre las terminaba realizando algún tipo de juego con ellos.
La actividad que planteé ese día consistía en lo siguiente: ¿conocéis en juego de la Jenga? Es un juego que consiste en habilidad física y mental, en el cual los participantes (que pueden ser desde dos en adelante) tienen que retirar los bloques de una torre por turnos y colocarlos en la parte superior, hasta que esta se caiga. La idea era que compartieran y que se ayudaran a decidir qué pieza coger cada uno y que lo hicieran formando equipo. Añadí al juego lo que significó para mí el acto más bonito de compañerismo que jamás hubiera imaginado. Nos teníamos que decir alguna cualidad positiva (no física) de nosotros mismos.
La primera que empezó no dudó mucho al retirar la primera pieza y se definió: BUENA PERSONA.El siguiente retiró su pieza y afirmó sin esperar mucho: BUEN DEPORTISTA. Al tercero le costó algo más pero finalmente dijo: BUEN MÚSICO. La siguiente chica también lo tenía claro y sin dudar, segura de sí misma: POSITIVAEl siguiente turno le tocaba a Miguel (Nombre ficticio, por privacidad). Es el típico chico extrovertido, risueño y siempre participativo. Pero al sacar su pieza se quedó unos instantes mirando al suelo y de repente dijo: YO NO SOY NADA. YO NO SOY BUENO EN NADA. Lo repitió varias veces, pero rápidamente sus compañeros, en especial dos de las chicas, le respondieron muy firmemente que se equivocaba, que ellas sí que veían en él que era un chico con muchísimas cualidades.
Una compi empezó y le dijo que aunque lo conocía de hace poquito, sí se le ocurrían varios ejemplos: buen niño, amable, buena persona, gracioso, simpático y risueño.Su compañera le apoyó y dijo que ella también veía muchas cosas en él y que, aunque a lo mejor no se daba cuenta, los demás veían que era un niño simpático, risueño y sensible..Yo estaba escuchándolos, estaba emocionada y así se lo hice saber a los cuatro. De pronto vi como Miguel se vino abajo y empezó a llorar y nos dijo que no estaba acostumbrado a que le dijeran cosas positivas de él mismo, como las que le había dicho sus compañer@s. Fue en ese momento cuando sin decirnos nada, nos levantamos y nos dimos un SÚPER ABRAZO. Otro de los chicos le dijo: "tienes que creer más en ti, porque eres todo lo que te hemos dicho". Fue un momento que jamás olvidaré y sigo emocionándome cada vez que lo recuerdo.
Después de aquel momento, seguimos la partida con una nueva ronda, empezando la primera de nuevo: Amable, generosa,poderosa,y maravillosa. Continuaron el segundo, el tercero y la cuarta añadiendo cualidades propias con imaginación. Cuando volvió a tocarle a Miguel esta vez sí se dijo: superbueno en matemáticas, cariñoso y diferente a los demás.