27/10/2021
Cuando me preguntan sobre qué es para mí la creatividad siempre pienso en un lugar enorme abarrotado de cosas interesantes que intentan ser explicadas o que se hacen un lugar único en mi mente. Me encanta improvisar, porque no se sabe por qué magia del destino aparecen unos pensamientos o palabras y no otros. Siempre adecuamos nuestro discurso dependiendo del lugar o personas que tengamos delante, pero una cosa que nunca cambio es el lenguaje sencillo, directo y con alguna anécdota o historia de mi vida. Así que ahí voy con una de ellas.
Cuando pienso en el otoño se me ilumina la cara ¿te pasa a ti lo mismo? Porque me recuerda que es la única estación del año que, cuando vivía en América Latina, echaba de menos. Y sobre todo algo en particular: su sonido. Ese sonido que hacen las hojas secas en un bosque de encinas o robles cuando paseas sobre ellas. Y jugar con ellas a lanzarlas por el aire, rememorando esos años de infancia, correteando entre caminos que no están hechos y oliendo esa humedad terrosa que te acompañará para siempre.
Otoño me suena a castañas recién hechas, a abrir las ventanas de mi casa porque fuera hace más calor, a dulce de membrillo. A que voy al supermercado y ya me han puesto los turrones y no doy crédito porque hace unos días era verano y estaba chapoteando en algún rincón del mundo donde hubiera agua.
Otoño es encender la chimenea, es ese olor que se extiende por todo el barrio o incluso por toda la ciudad a bizcocho recién hecho o a pimientos asados, incluso a setas recién cogidas con navaja en mano y cesta de mimbre.
Y a ti ¿A qué te suena el otoño? ¿Quizás a alguna canción?
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