26/09/2026
Ayer despedimos a la gata Bruma. Después de 21 años de vida, se fue en casa, tranquila, rodeada de su entorno, de sus olores, de su hogar y de todo nuestro cariño.
Hoy pienso en lo importante que es reconocer el lugar que los animales pueden ocupar en una familia.
Para algunas personas son compañía. Para otras, son mucho más. Son familia. Forman parte de nuestra historia, de nuestras rutinas, de nuestros recuerdos y de nuestra casa. Están ahí en los días buenos y en los no tan buenos, ofreciendo algo difícil de explicar: un amor sincero, puro, sin condiciones.
Y creo que esto también merece respeto.
Respetar y cuidar a los animales no resta humanidad; no hay que elegir entre una cosa y la otra. El cariño no funciona así. Hay espacio para todo aquello que amamos y cuidamos.
Por eso, cuando uno de ellos se va, el dolor puede ser inmenso. Porque no perdemos «solo un animal», perdemos a un ser con el que hemos compartido una parte de nuestra vida. Y cuando han sido 21 años, como con Bruma, es casi imposible separar su historia de la nuestra.
Nos queda la tranquilidad de haber podido acompañarla hasta el final, en su casa y en paz. Y, sobre todo, nos queda todo lo vivido.
Por aquí continuamos con nuestra familia peluda, con lis dos gatitos y la perra, disfrutándolos, cuidándolos y queriéndolos como lo que son: parte de nuestra familia.
Y ojalá sea así durante muchísimos años. 🤎
Te quiero, Bruma.