23/09/2026
Aikido en Telde
Espíritu Shihan Dojo
Ten-Chi-Jin en el Aikidō de Morihei Ueshiba
El principio de Cielo, Tierra y Hombre llevado a la acción
Morihei Ueshiba concebía el Aikidō como una vía para armonizar el Cielo, la Tierra y el Hombre. No era una teoría ni una metáfora, era el eje vivo de su práctica. Decía: “Aikidō es el camino y principio de la armonización del Cielo, la Tierra y el Hombre”. Para él, lo espiritual, lo natural y lo humano formaban un solo continuo. Estar de pie entre el cielo y la tierra era una postura real, tanto física como ética.
Influenciado por el pensamiento shintō, Ueshiba hablaba del Puente Flotante del Cielo, donde los dioses crearon el mundo. En ese puente imaginaba al aikidoka. Cada mano representaba una fuerza: yang y yin, sol y luna, elevación y arraigo. En uno de sus poemas escribió: “Manifiesta yang con tu mano derecha, convierte la izquierda en yin y guía al oponente”. La técnica se volvía entonces un acto de conexión.
Tenchi-nage, el lanzamiento Cielo-Tierra, expresa ese principio con claridad. Una mano se eleva hacia el cielo, la otra desciende hacia la tierra, partiendo el eje del atacante. No se necesita fuerza, solo saber unir lo alto y lo bajo en el propio centro. Así nace la técnica espontánea, sin esfuerzo.
“Todos los principios del Cielo y de la Tierra están vivos dentro de ti”, decía Ueshiba. Y lo vivía: combinaba ejercicios físicos con sonidos, respiración, visualizaciones y mitos fundacionales. El Aikidō se volvía entonces una forma de recordar que el ser humano no está separado del universo, sino que es su reflejo. La práctica se convierte en acto de armonía, en gesto que une lo que parecía dividido.
Gabriel Benitez©