El Nido de Maia es una alternativa a las guarderías tradicionales que se basa en acompañar a los niños y niñas desde el respeto del momento evolutivo de cada uno de ellos. Partimos del amor, la confianza, la imitación, la aceptación, el respeto, la integración y la no prisa, dejando al niño/a SER. El nombre de la iniciativa refleja uno de los aspectos que me animaron a ser Madre de Día. Entre los
significados de Maia se encuentra ILUSIÓN MATERNAL. Ilusión es lo que siento cada vez que pienso en el proyecto, en los niñ@s a los que vamos a acompañar en la etapa más importantes de su vida. También la ilusión y el asombro son dos de los aspectos que caracterizan a los niñ@s en esta etapa. Intentando recordar cuándo comenzó todo esto, pienso en una reunión de amigos de mis padres, en la cual había niñ@s pequeños, siempre que iba a algún evento esperaba que hubiese familias con sus hijos para poder quedarme con ellos, para mí era un privilegio y una suerte. Poco a poco me fui dando cuenta de que estando con ellos era como más plena me sentía. Desde muy pequeña sentí el deseo de acompañar a esos niñ@s durante sus primeros años, guiándoles y aportándoles un lugar en el que se sintiesen arropados como en casa. El primer paso para conseguir mi sueño fue matricularme en el grado de Educación Infantil. Me fui desilusionando cada año que pasaba en la Universidad, la mayoría de cosas que veíamos sólo me ayudaban a ver lo que no quería hacer. El segundo año de carrera recordé que mi madre me había hablado de la Pedagogía Waldorf y al buscar información sobre la misma me encantó lo que leí. Desde ese momento, empecé a profundizar sobre el tema e hice un trabajo en la Universidad sobre esta Pedagogía, con él que profundicé mucho en sus bases, sobre todo del Jardín de Infancia. Buscando cómo poder aprender más sobre ésta, vi que justo el curso siguiente empezaba la formación de tres años y el tercer año de carrera comencé la formación de Pedagogía Waldorf en Madrid. A partir de ahí comenzó una etapa muy importante para mí. Cada vez que tenía curso me sentía como en casa, al hablar sobre lo que sentía con respecto a la actual educación ¡nadie me miraba como un bicho raro! podía expresar todo lo que sentía sin miedo a ser juzgada. En la Universidad tuve un par de asignaturas que nos mostraban que existía otro tipo de educación y que se estaba extendiendo cada vez más y todo esto me hacía tener la esperanza de que iba a poder cumplir mi sueño. Uno de los bloques del curso conocí a una compañera que era Madre de Día y cuando me explicó qué era me dejó fascinada. Conseguí hacer las prácticas en el Jardín de Infancia Waldorf que había en la Alpujarra para sentir con las prácticas todo aquello que siempre había pensado y que tantas veces había leído. Mi etapa allí fue increíble, desde el primer día se podía ver que los niñ@s eran felices de verdad. Lo que más me llamó la atención fue el aprendizaje a partir de la imitación, había leído mucho sobre eso pero nunca lo había llevado a la práctica, era completamente diferente a lo que nos enseñaban en la Universidad. Gracias a la maestra del Jardín experimenté lo importante que es guiar al niño en su aprendizaje sin dirigirle y acoger a cada uno de ellos respetando su momento evolutivo, su ritmo y su historia particular. Finalmente decidí comenzar desde la base, como Madre de Día, acompañando a los más pequeños, en un lugar en el que puedan disfrutar de ser niñ@s, y no pequeños adultos, respetando cada paso de esta etapa, único y maravilloso para que algún día lleguen a SER. Para preparar el espacio para los niñ@s pensé en cómo sería el lugar que me gustaría como madre y como niñ@. A la hora de buscar los materiales me enfoqué en las necesidades básicas de esta etapa, entre las que está la experimentación, los niñ@s en este momento se desarrollan sobre todo a través del tacto y por ello quería que la mayoría de materiales fuesen 100% naturales y que quién los fabricase lo hiciese desde el corazón. La mayor parte de lo que conforma el Nido ha sido elaborada por compañeros de la formación, mi madre me ha ayudado con todo lo que son las telas, mi compañero me ha acompañado también con cada cosa del espacio y gracias a mi familia el espacio es como es. Conseguir un espacio acogedor y natural para los niñ@s era lo más importante para mí y con cada detalle iba aumentando mi ilusión, que a día de hoy sigue creciendo. Ahora comienza la aventura de ser Madre de Día y me doy cuenta de cómo se ha ido disponiendo todo para que sea así y agradezco a todas las personas y situaciones que han hecho que llegue a ella. Esparciendo la semilla: Tribu: Un espacio en el que conocerte y acompañar a tu hijo/a desde la escucha de sus necesidades, y las tuyas, sin intervenir.En cada encuentro quiero que se cree esa semilla hacia la conexión con una misma y con la otra persona, que acompañemos a los niñ@s a brotar y SER plenamente