05/08/2026
𝗟𝗮 𝗖𝗮𝗿𝘅𝗼𝗳𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗶𝗹𝗹𝗮 𝗮𝗹 𝘀𝗲𝘁𝗺𝗮𝗻𝗮𝗿𝗶 𝗟'𝗔𝗹𝗯𝗼𝗿𝗮𝗱𝗮 (𝟭𝟵𝟭𝟱).
𝘓𝘢 𝘈𝘭𝘣𝘰𝘳𝘢𝘥𝘢 va ser un setmanari festiu i literari editat a Silla l'any 1915 -des del 13 de juny fins al 5 de setembre-, amb un preu de 5 cèntims. La redacció i l'administració es trobaven a la plaça de la Constitució, núm. 3.
D'aquella publicació n'hem rescatat una col·laboració inclosa en el número 8, editat el dijous 5 d'agost d'aquell mateix any. Es tracta d'un text sobre 𝘓𝘢 𝘊𝘢𝘳𝘹𝘰𝘧𝘢 𝘥𝘦 𝘚𝘪𝘭𝘭𝘢 signat amb les inicials «T.C.», que corresponen a Tomàs Català, qui aleshores era el notari del poble.
Confiem que el text et resulte ben entretingut.
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𝙇𝙖 𝘾𝙖𝙧𝙘𝙝ó𝙛𝙖 𝙙𝙚 𝙎𝙞𝙡𝙡𝙖
Parecerá una simpleza hablar, en letras de molde, del epígrafe que encabeza estas líneas, por ser tan vulgar y tan popularizado, que nadie para mientes en la grandiosidad del acto: me refiero á los que todos los años, en el mismo día, contemplan, á la entrada de la procesión del Santísimo Cristo, el himno que entona un ángel de la tierra á la Majestad Divina. Y con ser tan vulgar y tan popular, nadie, que se precie de buen sillano, deja para otra ocasión saborear las excelencias de un Motete que tanta popularidad ha dado á este pueblo; pues, en toda la región valenciana se le conoce por La Carchófa de Silla. Y esta celebridad es la campana mágica que congrega todos los años, el clou de la fiesta principal de la villa, infinidad de personas de los pueblos limítrofes y aún de otros más apartados, para embelesarse escuchando, por centésima vez, el popular Motete.
¿Por qué se llama á este número musical La Carchófa? Nadie lo sabe, pero todo el mundo se lo explica: El templete desde donde el ángel entona el himno, cuando está cerrado, tiene la forma de una alcachofa con el tallo arriba y las escamas hacia abajo. De ahí el nombre que le dió el pueblo y perdurará por los siglos de los siglos.
¿Quién es el autor de La Carchófa? Un muchacho, casi un niño, dotado de una inteligencia musical y una inspiración, tan sublime, que le ha dado mucha celebridad en toda la región valenciana. Compuso el Motete en el año 1854, cuando contaba, escasamente, 14 años, y se estrenó en dicho año, el día de la fiesta del Santísimo Cristo, en este pueblo. Desde aquel año no se ha interrumpido la repetición del mismo Motete, y los 60 años transcurridos, son bastante para hacer popular una
composición musical de tanto renombre.
Algunos años quiso el autor variar el Motete por otras composiciones musicales de más valía, adecuadas al acto; pero siempre se le impuso la popularidad de La Carchófa y no se atrevió á suplantarla por ningún otro número, aún de mayor lucimiento, por temor de herir los sentimientos populares de Silla, si se le privaba del número obligado: La Carchófa.
Todos los Directores de orquesta encargados de la Fiesta, han puesto especialísimo cuidado en escoger el mejor Infantillo de Valencia para cantar La Carchófa, por ser el número culminante de la fiesta principal, y de su buen resultado depende siempre el éxito de la misma. Afortunadamente, salvo raras excepciones, todos los años el resultado ha coronado los esfuerzos de los Directores, y el pueblo de Silla y la concurrencia extraña han quedado sumamente satisfechos; y es que los Infantillos que la han cantado, generalmente, eran ya profesores en el canto, y muchos de ellos ocupan hoy puestos preeminentes en el Profesorado, en las orquestas y en todos los ramos del divino arte. Si algún año ha habido alguna deficiencia ha sido por escasez de Infantillos.
Inútil es ponderar el extraordinario interés que el autor de la obra se ha tomado las muchas veces que se encargó de la dirección de la Fiesta, del buen resultado de La Carchófa, pues sabía, mejor que nadie, el compromiso del éxito; así es, que al Infantillo elegido le colmaba de toda clase de atenciones y procuraba no separarlo de su lado en todo el día, y que tuviera el mejor alojamiento, á ser posible, el mismo del autor. Los profesores de orquesta que le acompañaban, la mayoría excelentes guasones y de muy buen humor, se divertían de lo lindo preparando alguna jugarreta: Unas veces, todos alarmados, decían al autor: 'El chiquet (el Infantillo) está jugando á pelota y ha tomado tal sofoquina con el ardor del juego que se ha quedado afónico'. Otras veces: 'Que el chiquet se había marchado con otros niños del pueblo, al campo, á comer manzanas, melones y otras frutas, todas calientes del sol, y tal había sido el atracón que, naturalmente, le habían producido una indigestión fenomenal, incluso un ataque cerebral'. Otras veces: 'Que el chiquet se había ido á nadar a la Acequia Real;' otras: 'que se había marchado del pueblo y nadie podía encontrarle'. Y así, por el estilo, cada noticia de las más estupendas.
El efecto de estas noticias era inmediato: el autor salía de estampida de su apacible alojamiento á buscar al niño, y... efectivamente, se lo encontraba muy sosegado tomando el fresco á la puerta de la casa, lleno de satisfacción por las atenciones de que era objeto, ó paseando tranquilarmente por las calles como un hombrecito. Y los señores guasones saboreando a sus anchas el éxito de la picá.
El entusiasmo que produce La Carchófa es indiscriptible, aun en sus preparativos. A medida que va pasando la procesión por las calles, la gente deja su domicilio y se congrega en la plaza principal, lugar del solemne acto, sin quedar en sus casas más que los impedidos, y ya está la plaza ocupada por los que llegaron de fuera por todos los medios de locomoción conocidos, formando las vías adyacentes un hormiguero humano que dificilmente dejan avanzar á los que llevan más prisa para ocupar los mejores puestos. La plaza está que rebosa. El estrépito que produce la charla de tanta gente reunida, se va convirtiendo, á medida que la procesión avanza, en murmullo, después en susurro, y últimamente se hace el silencio, en el momento que el infantillo lanza al aire las primeras notas. El acto es emocionante, solemne, sublime, majestuoso. La plaza iluminada á giorno; el templete desde donde canta el infantillo inundado de luz por potentes focos eléctricos; los asistentes á la procesión rodeando la magnífica anda del Santisimo Cristo con las velas y hachones encendidos; las músicas terminando sus preciosas marchas, y todos los corazones palpitando de emoción, hasta que un Ah!... arrancado, del más encendido entusiasmo indica que La Carchófa se ha abierto, y aparece un angel entonando el 'Gloria á Dios en las Alturas'. Cual resorte mágico se hace un silencio tan sepulcral, que no se percibe ni el aleteo de una mosca; todos escuchando aquella voz angelical, acompañada de la orquesta que, para el mejor efecto, toca pianísimo. Al terminar el Infantillo, un nutridísimo aplauso, cerrado, vibrante, ruidoso, indica la complacencia con que ha sido escuchado tan precioso Motete y la magistral interpretación que le ha dado el infantillo. Seguidamente las músicas baten la Marcha Real, las campanas ruedan sobre sus ejes, miles de voces prorrumpen en ¡Vivas! y una vistosa traca de ruidoso estrépito, coronan el cuadro tan conmovedor como entusiástico.
Cúmpleme ahora rendir, desde estas columnas, un tributo de respeto y admiración a D. Rigoberto Cortina, autor del Motete La Carchófa que, desde niño, mostró de una manera bien patente su nunca bien ponderada inspiración; y si otras composiciones musicales, de más alto relieve, no le hubieran colocado en el pináculo de los grandes Maestros; nos bastaría, á los vecinos de Silla, para tributarle el más sentido homenaje, por su inspirada composición musical, La Carchófa, que tanta popularidad ha dado al pueblo de Silla.
Si, pues, es evidente esta popularidad, ¿no es deudor el pueblo de Silla á tan esclarecido maestro, de algún homenaje, haciendo ostensible su gratitud?
El Ayuntamiento tiene la palabra.
𝗧. 𝗖.