20/09/2026
Cualquier pecado que hayas cometido, si tienes un arrepentimiento verdadero, alcanzarás la misericordia de Dios.
Hay muchas personas que creen de corazón en el Señor y que, arrastradas por las corrientes del mundo, o arrastradas sin poder evitarlo a la tentación, han cometido algunos pecados. En la quietud de la noche piensan a menudo: he cometido tantos pecados, ¿me perdonará Dios todavía? No te preocupes: cualquier pecado que hayas cometido, lo verdaderamente importante es si estás dispuesto a llegar a la presencia de Dios y arrepentirte de verdad. Así como la maldad de los ninivitas llegó hasta Dios, y Dios en un principio quería destruir la ciudad de Nínive, pero, como los ninivitas se arrepintieron de verdad ante Él, su misericordia cayó sobre ellos, los perdonó y sobrevivieron.
Dios dice: «Independientemente de cuán airado había estado Dios con los ninivitas, en cuanto declararon un ayuno y vistieron de cilicio y cenizas, Su corazón comenzó a ablandarse poco a poco y Su opinión a cambiar. El momento previo a que Él les proclamara que destruiría su ciudad —el momento anterior a su confesión y arrepentimiento de sus pecados— Dios seguía airado con ellos. Una vez que hubieron llevado a cabo una serie de actos de arrepentimiento, el enojo de Dios hacia los habitantes de Nínive se convirtió gradualmente en misericordia y perdón hacia ellos. No hay nada contradictorio acerca de la revelación de estos dos aspectos del carácter de Dios en el mismo acontecimiento. Entonces, ¿cómo debería uno entender y conocer esta ausencia de contradicción? Dios manifestó y reveló sucesivamente cada una de estas dos esencias enormemente diferentes antes y después de que el pueblo de Nínive se arrepintiera, con lo que la gente pudo ver que la esencia de Dios es real y no tolera ofensa. Dios utilizó Su actitud para decirle a la gente: no es que Dios no tolere a las personas o que no quiera mostrarles misericordia; más bien es que las personas raramente se arrepienten verdaderamente ante Dios, y es raro que las personas se vuelvan verdaderamente de sus malos caminos y abandonen la violencia de sus manos. En otras palabras, cuando Dios está airado con el hombre, espera que este pueda arrepentirse sinceramente y espera ver el arrepentimiento verdadero del hombre, en cuyo caso continuará concediendo con liberalidad Su misericordia y tolerancia al hombre».
Dios conoce nuestras debilidades y nuestras transgresiones. Dios no quiere que vivamos acusándonos a nosotros mismos y malinterpretando su voluntad, pensando que no tiene misericordia de nosotros; quiere, en cambio, que tengamos con Él un arrepentimiento verdadero.
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