16/06/2022
Protegiendo nuestro campo de plantas madre de los corzos.
En el año 2007 descubrimos unas viñas abandonadas, casi salvajes, en un pinar cerca del río Duero, sobre suelos arenosos.
Se comprobó, por la existencia de documentos y mapas antiguos de la finca, que esa era una de la zonas donde plantaban su viña los monjes que habitaban la Abadía.
A partir de aquí. se ha llevado a cabo un trabajo de estudio, validación, identificación y recuperación de esta viña en colaboración con , vivero líder en innovación y estudio de biotipos de vid.
Las primeras conclusiones ya revelaron grandes atributos de esta viña vieja pre-filoxérica, con un estado sanitario casi perfecto, que resultó ser de la variedad Tempranillo y de la que se han seleccionado 6 clones dirigiendo el trabajo de investigación en su adaptación al terruño y su capacidad para elaborar grandes vinos de guarda.
Es el Tempranillo pre-filoxérico de Abadía Retuerta.
Con buen criterio se decidió ubicar el campo de plantas madre en el mismo terruño o terroir en el que esta viña ha desarrollado su diversidad a lo largo de más de ciento cincuenta años, en Abadía Retuerta.
Desde aquí saldrá todo el material vegetal que se utilizará para futuras plantaciones de esta variedad superviviente de Tempranillo, histórica, con todas las cualidades de adaptación que ha desarrollado durante muchos años.
En la primera foto podéis observar la ubicación de la plantación, al fondo, sobre suelos arenosos y cerca del pinar de donde procede, su terruño.
Debido a la proliferación de la población de corzo en el valle del Duero, hemos tenido que proteger esta valiosa plantación y vallarla con “pastor eléctrico” que se ha mostrado mucho más eficaz y sostenible que otras medidas de control poblacional.
Los corzos se han convertido en una plaga y una amenaza para la viña pues estos cérvidos se comen los brotes tiernos y más aún en primaveras secas como la de este año en las que el alimento y pastos naturales del monte, escasean.