01/04/2017
¿Conoces el origen del Camino de Santiago? ¿Sabes quien es Beato de Liébana? En este breve post te lo explicamos
Según ha estudiado Manuel Díaz y Díaz, desde el siglo IV habían empezado a surgir, entre las primeras comunidades cristianas, una serie de obras y tradiciones que completaban los escasos datos disponibles en la Biblia sobre los apóstoles. Así, poco a poco, se había ido asentando la creencia de que, tras la muerte de Cristo, cada apóstol había acudido a evangelizar una región del mundo y había sido enterrado en ella. Esta doctrina, conocida como sortes apostólicae, aparece recogida en un texto elaborado a finales del siglo VI o principios del siglo VII y llamado Breviarium Apostolorum; en él se especifica, por primera vez, que Hispania y los lugares occidentales fueron el escenario de la labor apostólica de Santiago y que éste recibió sepultura en un lugar denominado Arcis Marmoricis, topónimo actualmente indescifrable.
Esta idea alcanzó una gran difusión en la Península Ibérica a lo largo del siglo VII gracias a que fue incluida en una obra que ejerció una enorme influencia en el seno de la Iglesia, De ortu et obitu patrum, escrita por san Isidoro de Sevilla. A partir de ese momento, la noticia de la predicación y sepultura de Santiago en Hispania se extendió rápidamente: Beato de Liébana la recogió en sus célebres Comentarios al Apocalipsis, en el último cuarto del siglo VIII; y se integró en el himno litúrgico en honor de Santiago, O Dei Verbum, compuesto en tiempos del rey asturiano Mauregato, en el que también se aludió, por primera vez, al patronato de Santiago sobre Hispania:
¡Oh apóstol santísimo y digno de alabanza,
cabeza refulgente y dorada de España,
defensor nuestro y patrono nacional
sé nuestra salvación celeste contra la peste
y aleja de nosotros toda enfermedad, llaga y maldad!
Sé piadoso con la grey que te ha sido encomendada
y buen pastor para el rey, el clero y el pueblo,
para que con tu ayuda consigamos los gozos eternos,
nos revistamos de gloria en el reino conquistado
y no caigamos en el in****no eterno.
Hubo algunos opositores a esta tesis, como el arzobispo Julián de Toledo o san Martín de Braga, que situó la labor evangelizadora de Santiago y su enterramiento en Jerusalén. Pero, en términos generales, a mediados del siglo IX, la Iglesia hispana había aceptado plenamente que Santiago el Mayor había predicado en la Península Ibérica y que estaba enterrado en el extremo occidental de la misma, en algún lugar llamado Arcis Marmoricis. Con este sustrato cultural, Teodomiro pudo considerar que ese extraño topónimo hacía referencia, en realidad, al edículo descubierto, un arca de mármol, y que, por tanto, en su interior estaba sepultado Santiago.