22/03/2026
La bula decía así: "Ordenamos y mandamos a todos y cada uno de los fieles de uno y otro s**o que, en el plazo de quince días a partir de la publicación de estas cartas en el lugar donde residan, restituyan a su libertad anterior a todas y cada una de las personas de uno y otro s**o que en otro tiempo fueron residentes en dichas Islas Canarias, y hechos cautivos desde el momento de su captura, y que han sido sometidos a esclavitud. Estas personas han de ser total y perpetuamente libres, y han de ser dejadas en libertad sin la exacción o recepción de dinero".
Pero los portugueses siguieron capturando en las islas durante 1435 y Eugenio IV tuvo que promulgar un edicto general que prohibía intervenir militarmente en Canarias y capturar esclavos. Debido a las quejas del rey Eduardo I de Portugal, el Papa promulga otra bula, la Romanus Pontifex el 15 de septiembre de 1436, que daba luz verde a los portugueses para conquistar cualquier parte no cristiana de las islas. Lo convenció argumentando que si no era una corona la que liderara esa empresa, no habría seriedad suficiente para una evangelización efectiva.
La debilidad política del Papado que no tenía una flota que vigilara las cabalgadas, obligó al papado a optar por los portugueses como el mal menor. Pero realmente ninguna de las dos coronas vigiló las costas canarias y las capturas lideradas por castellanos y portugueses eran continuadas. En fechas tan tardías como 1476, el papa Sixto IV reiteró estas peticiones en su bula Regimini gregis, pero veremos que seguirán siendo ignoradas.
Según relata Viera y Clavijo, el obispo Calvetos fue a La Gomera y ahí se desesperó al ver lo que allí pasaba: "Este abuso de la barbarie y de la violencia había llegado entonces a tal exceso, que se hacía un comercio considerable de esclavos isleños, se ponía en arrendamiento la ganancia y se pagaban derechos de aduana y señorío, igualmente que de los cueros de las cabras, de la orchilla y el sebo".
Y así, mientras se emitían bulas inservibles, el Vaticano compraba esclavos para devolverles la libertad, tal y como tuvieron que hacer los propios canarios entre ellos.