23/06/2026
Hoy hemos celebrado el final de curso en El Nido de los Instantes de la mejor manera posible: compartiendo tiempo, juego, música y presencia con las familias que forman parte de este pequeño gran proyecto.
La mañana estuvo acompañada por Laura Bossa, que nos regaló un precioso taller de música y juego para la primera infancia. Un espacio lleno de canciones, movimiento, conexión y alegría que nos permitió despedir este curso creando nuevos recuerdos juntos.
Al terminar una jornada como esta, no puedo evitar mirar atrás y pensar en todo lo vivido durante estos meses: los descubrimientos, los aprendizajes, los vínculos construidos, las risas compartidas y los pequeños logros cotidianos que forman parte de la infancia.
Sostener un proyecto educativo como El Nido implica muchísimo trabajo invisible. Horas de preparación, formación, gestión, organización y decisiones. No siempre es fácil emprender ni mantener viva una propuesta educativa alternativa.
Y, sin embargo, días como hoy me recuerdan por qué merece la pena.
Porque sigo creyendo en una infancia respetada.
Porque sigo creyendo en el juego como motor de aprendizaje.
Porque sigo creyendo en la naturaleza, en la creatividad, en la literatura, en el arte y en los vínculos humanos como pilares de la educación.
Gracias a todas las familias que han confiado en El Nido y que siguen apostando por esta forma de acompañar la infancia. Gracias por valorar y cuidar mi labor.
¿Qué es lo que más valoras de una educación respetuosa durante los primeros años de vida? Te leo en los comentarios.