16/08/2016
¿CÓMO FUNCIONA NUESTRA MENTE?
Los estímulos auditivos, táctiles, visuales, olfativos y gustativos, son captados por nuestros cinco sentidos en la zona A, encargada de la percepción, ésta los pasa a la zona B, que es el subconsciente o mente subjetiva, que los identifica de acuerdo con la información que posee y pasa la información a la zona C, que es la consciencia, o mente objetiva, quién los analiza, juzga y evalúa; es nuestro raciocinio que extrae conclusiones, ordenando las acciones conscientes a efectuar en la zona D -premotora- que conectada con nuestro sistema nervioso central, las pone en práctica.
LAS ONDAS CEREBRALES
Por lo general, creernos que la consciencia es la percepción sensorial de las escenas, sonidos y olores que están cerca de nosotros. Pero nuestra consciencia incluye muchas más percepciones. Cualquier persona que mire dentro de sí misma se volverá consciente de, primero, cierto número de sensaciones corporales. Notará el ritmo de la respiración y los latidos del corazón, sentirá movimientos del estómago, la saliva en la boca, la textura y el peso de las ropas, pequeños dolores, picores e incluso, dolores pasajeros. Además de estas sensaciones físicas, la persona, con la introspección, se vuelve consciente de emociones vagas, corrientes de placer, irritación o de aburrimiento.
Y, según su estado emocional, una persona puede ser consciente, perfecta o vagamente, del paso del tiempo, del futuro, de su propia mortalidad, de la continuidad de su consciencia y de la individualidad imprescindible de su yo consciente.
Aunque les es difícil a los individuos describir su propia consciencia con cierto grado de precisión, la sensación es cálida, de inmediatez y de riqueza. Esta percepción de uno mismo, compleja y a menudo intensa, es particularmente evidente en los estados de plenitud emocional, como cuando se hace el amor o cuando se siente una pena muy grande. Sin embargo, está siempre presente.
Hacia cierto punto, en los momentos más corrientes e incluso más aburridos de nuestra vida. Hace poco tiempo, que la psicología desarrolla métodos para observar y registrar estos aspectos de la consciencia. Nos basamos todavía, en gran parte, en descripciones verbales, complentamentadas con registros relativamente sencillos de la frecuencia cardíaca, la respiración, las secreciones glandulares y la actividad eléctrica global del cerebro.
El nivel corriente de la conciencia es el del pensamiento consciente. Una persona siempre está pensando, incluso aunque esté sentada tranquilamente, en un estado introspectivo. Las ideas, aunque sean triviales, pasan continuamente por su consciencia. Además, la mayor parte del pensamiento normal, va acompañado por reacciones en el comportamiento. Generalmente, cada vez que una persona piensa, la lengua y los músculos de la garganta hacen pequeños movimientos.
Si no está pensando activamente, se está probablemente soñando. Una persona normal tiene al día, aproximadamente, 200 sueños diurnos (Signer, 1966). Por consiguiente, la consciencia es la suma de todo lo que uno puede descubrir. Los estados más usuales de consciencia, sería los de vigilia sueño.
Sin embargo, en ambos se distinguen cambios que expresan un estado psiço-cerebral variable, de acuerdo con las sensaciones mentales, emocionales y subconscientes de cada persona. Estos cambios de estado, están directamente relacionados con la actividad eléctrica del cerebro. Esta actividad, se mide por el número de oscilaciones por segundo (hertzios).
La correspondencia entre las ondas cerebrales y los distintos estados de consciencia, es la siguiente:
- BETA: de 14 a 28 ciclos por segundo, niveles de consciencia comunes en los estados de vigilia, acción, concentración, alerta, trabajo y receptividad a estímulos exteriores.
En niveles muy altos, superiores a 28 ciclos por segundo, reciben el nombre de ondas Gamma y expresan estados patológicos de máxima tensión, excitación, alto grado de stress y ansiedad.
- ALFA: de 8 a 13 ciclos por segundo, estados de relajación, abstracción, tranquilidad, sugestionabilidad , liberación de los sentimientos del cuerpo, asimilación del estudio y equilibrio emocional. Facilidad para la construcción de imágenes mentales.
- THETA: de 4 a 7 ciclos por segundo; actividad creativa, geniabilidad, aparición de imágenes hipnagógicas, rememoración de recuerdos pasados, afloración del subconsciente, recogimiento sensorial completo, mejora de la capacidad memorística.
- DELTA: de 0.5 a 3 ciclos por segundo; inconsciencia y sueño profundo.
CONSIGUE UNA NUEVA PERSONALIDAD
Descubre tu verdadero Yo, eliminando los condicionantes negativos, las obsesiones, las frustraciones, todo lo que te preocupa y molesta. Vive de un modo positivo, y sin problemas, con un perfecto sincronismo entre mente y cuerpo, con una gran energía mental, que te hará vencer todas las dificultades y lograr la consecución de tus objetivos, obteniendo un perfecto equilibrio psicofísico que te dará una mayor claridad mental, adquiriendo la seguridad necesaria para afrontar todos los problemas y darles la solución adecuada.
APRENDE A LUCHAR CONTRA ESTA INDUCCIÓN NEGATIVA
Pensando en positivo, iremos empujando poco a poco estas inducciones a las zonas más profundas de nuestro subconsciente, y allí quedarán enterradas para siempre sin que perturben nuestro psiquismo.
LA SUGESTIÓN
La sugestión es un fenómeno muy importante, que puede cambiar por entero nuestra vida si sabemos utilizarla en beneficio propio, y explotar a fondo sus riquezas.
La sugestión no es, como piensan algunos, creer algo engañándose a sí mismo. No, la sugestión es una idea que se hace realidad sin que nos percatemos de ello. El niño no siente ya el golpe sobre el que su madre le ha dado un beso.
¿Sabes que un dentista puede, por sugestión , extraer una muela sin dolor? Son personas que han aprendido a servirse de la fuerza extraordinaria de la sugestión. Y se sirven de ella en la vida profesional
¿Por qué no nos servimos también nosotros de ella en nuestra vida?
Las relaciones entre nuestro consciente y nuestro subconsciente son parecidas a las de un jefe y su secretaria. El jefe dirige la oficina y la secretaria ejecuta a la perfección las directrices del mismo. Ahora bien, supongamos por un momento que jefe y secretaria se conocen mal y no se entienden. Supongamos que el jefe no presta toda la atención necesaria a la marcha de la oficina. La secretaria hará todo lo posible para garantizar el buen funcionamiento de los negocios, pero a pesar de su voluntad, no sabrá regir como un jefe.
Nuestro subconsciente desempeña, en cierta manera, en nuestra vida el papel de esta secretaria. Pero es una secretaria que no olvida nada, que lo graba todo, que ejecuta todo lo que se le ordena, aún cuando ello no sea para nuestro bien. Se contenta con ejecutar lo que le hemos dictado, al igual que un cerebro electrónico. Es un perfecto ejecutante, que da lo que se le pide.
Con un ejemplo muy sencillo lo comprenderás todo:
Supongamos que buscas un nombre, como a veces te habrá ocurrido, sabes que nombre acaba en "o", o que la persona en cuestión tiene un coche rojo y fuma puros. ¿Moreno? No ¿Arturo? Tampoco. El caso es ... que venía aquí todos los días... Lo tengo en la punta. de la.. lengua... Así se expresa el "jefe”, el consciente, buscas un nombre, y ordenas a tu subconsciente que te haga recordar ese nombre que termina en "o”.
Después de ocuparte de otra cosa te vas a comer, te distraes en otras ocupaciones, te vas a jugar a tenis, etc. Y mientras tanto, sin darte cuenta siquiera, tu subconsciente pone en marcha su sistema de clasificación como un ordenador. Y de pronto, en el momento en que menos lo esperas, te proporciona el nombre deseado y exclamas: Solano El nombre que antes buscaba es Solano. Felipe Solano ¿Cómo se explica que te haya venido el nombre? Porque habías hecho el pedido a tu subconsciente, indicándole ciertos rasgos generales del nombre que te interesaba. Su subconsciente se ha puesto a trabajar sin cansancio alguno, como un ordenador, hasta encontrarlo.
Todos hemos hecho la siguiente experiencia: Si buscamos un nombre, cuánto más lo buscamos, menos lo encontramos. Algo así como aquel jefe: de nada le sirve indagar en los archivos, porque para eso están las secretarias. Y nuestro subconsciente lo realiza además sin cansancio.
Pero supón ahora que al buscar un nombre yo me digo: Qué barbaridad, cómo pierdo la memoria, qué malo es envejecer.
Pero, ¿qué se produce entonces?... Sin darme cuenta he pasado mi pedido a mi subconsciente, que inmediatamente se pone en manos a la obra y me prepara... una pérdida de memoria, exactamente como se lo he pedido. Todo lo que confiamos al subconsciente, bien se trate de algo positivo o de algo negativo, lo realiza.
Con esto puedes ver mejor la importancia de la orientación mental positiva.
El subconsciente es un secretario, un ejecutante que jamás se cansa. Es pues, de capital importancia enseñarle a trabajar, fiarse de él, prepararle el trabajo, en lugar de ponerse testarudo y empeñarse en pretender hacerlo todo por sí solo ,como algunos jefes. Si aprendiéramos a hacer trabajar a fondo el subconsciente, nos quedaríamos estupefactos de ver como multiplica nuestra capacidad y realización.
Muy a menudo, sin embrago, pedimos a nuestro subconsciente cosas que no nos interesan que aparezcan. Pero él no las trae fielmente porque le hemos hecho el pedido.
Por ejemplo, al empezar la primavera, me digo: Vaya, ya estamos en primavera ya la gripe encima. Sin saberlo, hemos realizado el pedido. Hoy es día de examen, ya viendo cómo me van a suspender. El subconsciente pone manos a la obra y me sirve la gripe o el suspenso pedido. El señor está servido, la gripe del señor está aquí. Y entonces exclamamos: ¡Ya lo sabía yo! ¿No te lo había dicho? Pues claro que lo sabíamos: Nosotros y nadie más que nosotros somos los artífices de nuestra desgracia o de nuestra felicidad.
Nuestro subconsciente nos sirve la salud si le hacemos el pedido de salud. Nos sirve la enfermedad, el fracaso, el cansancio, si le formulamos un pedido de cansancio, fracaso o enfermedad. No ejecuta ninguna selección. Se limita a ejecutar fielmente la orden trasmitida. ¿Parece increíble? ¡Increíble pero cierto!
El hombre es capaz de explotar el fondo de los océanos y del cosmos, pero ignora con frecuencia las profundidades de su ser. Esto es lo que empujó a exclamar a aquel humanista francés; El hombre, ese desconocido. El hombre no muere, nos asegura él, sino que se mata.
¿No te parece extraordinario poseer dentro de ti semejante ordenador, dispuesto a ejecutar la más mínima orden? Sólo de ti depende dominarlo, el trasmitirle las órdenes que construyan tu felicidad. Todas esas órdenes, esos pedidos, son las sugestiones.
Ahora puedes comprender porque la sugestión no es en modo alguno engañarse así mismo convenciéndose de algo.
Es, por el contrario, ordenarse algo a sí mismo. Por algo la
Iglesia Católica no reconoce como auténticos muchos milagros. Es que la sugestión de curar puede ser lo suficientemente fuerte como para conseguir efectivamente la curación.
Gracias a la sugestión, muchos de los obstáculos que antes considerabas muros insalvables, no serán en adelante más que trampolines para avanzar mejor en la existencia.
Te resultará cómodo y fácil franquear todos los obstáculos en cuanto hayas adquirido una inquebrantable confianza en tu fuerza y tus capacidades. Confianza que te vendrá por el dominio del fenómeno de la sugestión y del relajamiento.
Desde luego, aquí no encontrarás más que el ABC de la sugestión. Tus estudios personales y una práctica constante te permitirán ahondar en el tema, experimentar sus efectos, descubrir su historial, naturaleza, categorías y condiciones de eficacia. Y sobre todo, llegarás a dominar a ti mismo.
Y sólo por eso se beneficiarán tus hijos, amigos, empleados. La sugestión se encuentra, de hecho, en el mismo corazón de nuestras relaciones con los demás. La educación de los hijos no es más que una serie de sugestiones y la reeducación de uno mismo está enteramente basada sobre la sugestión.
Es, por consiguiente, sumamente importante aprender a vivir en buenas relaciones con el propio subconsciente y explotar todas sus virtualidades. Es muy interesante aprender a servirse de él en la educación de los hijos. Muchas enfermedades, aptitudes, comportamientos, atribuidos por costumbre a la herencia, no son más que el resultado de la sugestión.
Recordarás haber oído, siendo pequeño, sugestiones como estas:
- No faltaba más, siempre llegas tarde.
- No llores de esa forma, pareces una niña.
- No eres capaz de escuchar.
- Qué poco agradable es educar a los hijos.
- Todos los hombres sois iguales.
- Ya estamos en otoño, cuidado con la gripe.
- La vida no merece la pena vivirse.
- ¡Vago, perezoso!
- ¡Siempre serás un remolón!
- Y todos esos apodos dados a los niños: la gorda, el miedoso...
Si nos diéramos cuenta, con otras tantas sugestiones negativas, criminales, que pueden marcar al niño y hacer efectivamente de él un perezoso, un remolón, etc. Porque todas esas sugestiones, esas reflexiones, esos perjuicios quedan grabados indudablemente en nuestro subconsciente.
Volvamos a la comparación por la que, hemos empezado. El jefe dicta a su secretaria unas directrices y las líneas generales de su trabajo. Luego le dice: Me tendrá Ud. preparado este documento para tal día y tal hora.
Y ¿qué hará entonces?, entrar a cada momento en el despacho de su secretaria para preguntarle: Qué, ¿avanza ese documento?... No haría más que exasperar a la secretaria e impedirle su trabajo. Por eso, una vez dictadas las normas, la dejará trabajar en paz.
Es, en efecto, muy importante, cuando hemos dado nuestras órdenes al subconsciente, no ponerse nervioso, sino dejarle trabajar en paz. Y para que el subconsciente trabaje en paz, en condiciones óptimas, hemos de saber practicar la relajación. Hay que empezar por la relajación cuando se quiere llegar a un perfecto dominio de la sugestión.
He ahí por qué, desde el principio, hemos insistido sobre los ejercicios diarios de relajación: Sólo en un clima de relajación y descanso puede trabajar nuestro subconsciente a pleno rendimiento en pro de nuestra felicidad. Si el clima es propenso a la tensión, al nerviosismo, nuestro subconsciente no nos acarreará más que dificultades, algo así como el niño que chilla a todo el mundo a su alrededor, está nervioso.
Supongamos que el jefe se percata un buen día de que su secretaria realiza siempre sus directrices, tengan o no tengan sentido. Se dirá: “No tengo más que pedirle siempre cosas que tengan sentido”.
En efecto, de ti depende el pedir a tu subconsciente lo que es bueno para ti, lo que te hará feliz.
Supongamos en otro caso, que el jefe no habla a su secretaria más que para regañarla. Jamás un cumplido, no hace más que cargar el cumplido, no hace más que cargar el acento sobre sus errores. ¿No te parece que las relaciones entre ambos serán cada vez más tensas? Pues bien, lo mismo nos pasa con nuestro subconsciente: con demasiada frecuencia nuestras mutuas relaciones son de lo más tensas. Regaño a mi subconsciente cuando hablo así:
- Siempre soy el mismo, yo! ... Vaya desaguisado que acabo de hacer...!
- Tenía que llegar, lo veía venir..!
- No te puedes imaginar lo que me detesto!
- Si hay que hacer alguna tontería, puedes estar seguro que allí estoy yo...
Cuántas otras frases por el estilo, cuántas sugestiones negativas nos evitaríamos, si nos diéramos cuenta del daño que nos rodean y nos acechan.
Todo eso se graba en la “cinta magnética”, de nuestro subconsciente. Y él la utiliza, por así decir, para hacer su trabajo, algo así como se sirve la secretaria de los archivos que contienen todos los documentos que necesitan. De la misma forma trabaja nuestro subconsciente.
Si por ejemplo, tengo que encontrarme con una persona, mi subconsciente empieza a trabajar. Inmediatamente me saca la bobina que contiene los encuentros que he realizado en mi vida desde que tenía unos meses. Los clasifica y hace la cuenta: 1.382 etiquetas, “encuentros con gente”. De ese número hay, digamos 1.278 con el título “malos encuentros” y 104 de “buenos encuentros”. Mi subconsciente va enseguida a sugerir a mi cuerpo entero el abandonar la partida. “Márchate... !“. Y empezaré a ponerme nervioso, las manos mojadas de sudor, se me encenderá el rostro, temblaré quizá de cuerpo entero. Olvidaré el nombre de la persona, se me trabará la lengua, meteré la pata, y acabaré diciendo: “Otra vez, pero si ya lo sabía yo!”.
Podríamos continuar así con tantas otras situaciones de la vida diaria: las mujeres, la educación de los hijos, los exámenes, las matemáticas que se atragantan, el miedo a la oscuridad, etc.
Toma ahora el tiempo necesario para “pasar una bobina” de tu subconsciente. Intenta por ejemplo revivir con el pensamiento algún acontecimiento de tu vida del que hayas sacado una lección. Y luego pregúntate si la lección que habías sacado era buena o mala.
Por ejemplo, si al pasar revista al pasado recuerdas el aspecto ridículo que tuviste cuanto te enfrentaste por vez primera con una chica (o con un chico), y la decisión que entonces formulaste de no hablar nunca más con chicas (!), ya ves que la lección que entonces sacaste no era buena.
Tómate unos minutos para reflexionar.
¿Quieres saber si estás a buenas con tu subconsciente?
Reflexiona sobre cada una de las siguientes cuestiones y responde sinceramente:
1.- ¿Cuál es la frase negativa que me han dicho y que más daño me ha hecho en la vida?
2.- ¿Cuál es la frase positiva que me han dicho y que más me ha ayudado en la vida?
3.- ¿Se me ocurre alguna vez pensar: “No soy capaz de eso, nunca lo conseguiré, soy demasiado mayor para cambiar?
4.- ¿Me impaciento fácilmente cuando no me sale bien lo que he emprendido?
5.- ¿Me digo alguna vez a mí mismo: “ Tengo asco de mí, me daría de bofetadas!”?
6.- ¿Acostumbro hacerme reproches por las cosas que he hecho mal?
7.- ¿Me felicito por mis éxitos?
8.- ¿Me siento triste sin saber por qué?
9.- ¿Padezco con frecuencia obsesiones, ideas fijas?
10.- Los pensamientos que con más frecuencia se me ocurren, ¿son optimistas o pesimistas?
11.- ¿Tengo fe en mis posibilidades? ¿Doy confianza a los acontecimientos, a los demás, a mi mismo?
12.- ¿Me sorprende hablando mal de mí mismo, despreciándome?
13.- ¿Tengo buena memoria para los nombres, acontecimientos, cifras, lugares, fechas, detalles, tiempos, idiomas?
14.- ¿En qué puntos me agradaría mejorar por medio de la sugestión: salud, trabajo, rendimiento, carácter, etc...?
¿No te parece que sería urgente hacer una buena limpieza en tu subconsciente? Se impone que, desde ahora, elimines todas las sugestiones negativas. Los programas que en adelante vas a grabar serán todos positivos. Pero, por favor, no obres precipitadamente.
NO TE PIDO QUE ME CREAS A CIEGAS. TE PIDO QUE HAGAS LA PRUEBA
No se consigue adoptar una actitud positiva en unas cuantas semanas, cuando se ha vivido ya muchos años con una orientación mental negativa. Hay que tomarse tiempo. Y antes que nada, empezar por relajarse. Porque si nos impacientamos, nos ponemos en tensión, y cuando se está en tensión el subconsciente trabaja a contrapelo en contra nuestra, igual que la secretaria que comete tantos más errores cuánto más nervioso se pone el jefe.
También sabes que es muy importante que, de vez en cuando, el jefe felicite a su secretaria. Es incluso indispensable para que las relaciones entre ambos revistan la armonía necesaria. Lo mismo ocurre con nuestro subconsciente. Tú le marcas a grandes rasgos las directrices de su comportamiento, le das confianza y lo dejas trabajar en paz.
En efecto, es necesario FELICITARSE A SI MISMO. Y si nuestro subconsciente se ha equivocado, lo excusamos, como el jefe excusa a su secretaria tras un error. Con tanta más razón cuanto que el error de nuestro subconsciente somos siempre nosotros los únicos responsables: sea porque lo hemos molestado o dado prisas, sea porque le hemos escatimado nuestra confianza.
¿Comprendes ahora por qué la confianza en sí mismo es la base de una vida feliz?
En una palabra, nuestro consciente y nuestro subconsciente tiene que aprender a convivir en armonía para realizar todo lo bueno y bello para nosotros. Para cumplir con semejante programa, el consciente traza un plan en grandes líneas, y el subconsciente se ocupa de los detalles.
El consciente lo deja trabajar en paz, lo felicita, le habla con suavidad, nunca en tono enfadado, excusándole siempre, indicándole los fallos, proponiendo un plan para hacerlo mejor la próxima vez, hay que domesticar el subconsciente. Es necesario educarlo como se educa a un niño, domarlo como se doma un cachorro. Hay que darle pruebas de confianza, no tener miedo de exigirle excesivo trabajo porque no se cansa jamás pero no darle prisa en cuanto a los resultados.
Yo creo que hace falta un año, dos años incluso, para aprender a vivir en armonía con el subconsciente. Es poco menos lo que cuesta a dos enamorados conocerse.
Siempre hay que echar mano a fórmulas positivas, de sugestión...No decir, por ejemplo:
No soy impaciente, cosa que además de no ser verdad, es una sugestión negativa. Ni hay que decir: No me encuentro cansado, no soy tímido. Sino servirse de palabras como: ya, mas, cada vez mejor, etc. Así se podrá decir con provecho: ya estoy más descansado, ya me encuentro más tranquilo, ya tengo más confianza, ya voy mejor. Cada día que pasa estoy mejor. No dejes de echar mano de las sugestiones que tú mismo hayas escogido, tras madura reflexión. Porque se tratará de reflexiones individuales personales, adaptadas a tus problemas y tus deseos. Procura adaptarte a ellas hasta que hayan penetrado con profundidad en tu subconsciente, hasta que hayan llegado a ser parte de tu vida, transformadas en hábitos positivos.
Por medio de la sugestión, aprenderás a dormir mejor, a vivir con menos tensiones.
Y tendrás la dicha de descubrir ese instrumento, ese maravilloso compañero que todos tenemos y que se llama subconsciente.
Y para practicar con éxito la sugestión procura antes que nada relajarte, cuando todo tu cuerpo se encuentre relajado y aflore tu subconsciente, le debes hacer las sugerencias de lo que deseas realizar. Hazlo al levantarte y al acostarte, y cada vez que sientas la necesidad.
RESUMIENDO:
1.- La sugestión no consiste en engañarse queriéndose convencer de algo. Es ordenarse algo a sí mismo.
2.- Es hacer pasar al yo subconsciente lo que ha sido decidido por mí yo consciente, apoyándose en una sugestión.
3.- La sugestión es una idea que se hace realidad, sin que nos demos cuenta.
4.- Nuestro subconsciente es un ejecutante perfecto, que cumple con exactitud y fidelidad lo que se le ha pedido. Nunca se cansa.
5.- Enseñando a trabajar a mi subconsciente, multiplico mi capacidad. Enseño a mi subconsciente a que trabaje en pro de mi fidelidad, por medio de la sugestión positiva.
6.- Necesitaré cierto tiempo para aprender a vivir en armonía con mi subconsciente.
7.- La sugestión y la relajación son la base de una nueva vida.
8.- Valgo cien veces más de lo que yo pienso.