04/10/2026
«Los pollitos dicen pío, pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío».
La cantamos de niñas sin pensarla. Y dentro lleva una promesa: que cuando un hijo llama, la madre aparece con alimento y abrigo.
Pero hay niñas que llamaron y mamá no pudo llegar. Estaba triste, agotada, enferma, lejos, o cargando su propia historia. No fue falta de amor. Fue lo que había.
Ahí se instala la herida: un hambre de madre que no se sacia. Y la adulta sigue piando. Le pide a la pareja que sea su madre, llena el vacío con personas, da de más para que no la dejen, se enoja cuando nadie adivina lo que necesita.
Nadie más puede darte lo de mamá. Lo que sí puedes es tomar lo que llegó de ella —la vida— y buscar lo demás desde tu lugar de adulta. Eso es lo que mira una constelación.
Si esta historia se parece a la tuya, podemos mirarla en una sesión individual de Constelación Fluvial online.
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