01/07/2026
«A treinta días del poder», de Henry Ashby turner, Jr.
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En enero de 1933, Adolf Hi**er no era un hombre fuerte. Su partido acababa de perder dos millones de votos, la disidencia interna crecía y la economía alemana daba señales de mejorar, lo que le habría arrebatado su argumento más rentable. Treinta días después, Hindenburg lo nombraba canciller. Henry Ashby Turner Jr. dedica todo un libro a explicar cómo fue posible ese vuelco en apenas un mes, para llegar a una conclusión perturbadora. El ascenso de Hi**er al poder pudo haberse evitado.
«A treinta días del poder» no es la historia del ascenso imparable de un tirano. Es la historia de tres hombres mediocres que creyeron poder controlar a un cuarto para resolver sus propias luchas de poder. Kurt von Schleicher, general y último canciller antes de Hi**er, había apartado del gobierno a su antiguo aliado Franz von Papen. Este, humillado, decidió vengarse pactando con Hi**er para devolverle el golpe a Schleicher, convencido de que podría manejar al líder n**i desde la vicecancillería. «¡Tenemos la confianza de Hindenburg! En dos meses lo habremos arrinconado tanto que va a chillar», presumió. Se equivocaba. En apenas dos meses, los n**is habían ilegalizado al resto de partidos, amordazado a la prensa e iniciado las primeras persecuciones contra los judíos.
Turner reconstruye aquellos treinta días apoyándose en cartas, diarios, memorias y documentos oficiales analizados con un detalle extraordinario, un análisis exhaustivo que nos lleva a una conclusión perturbadora. Hi**er no conquistó el poder, sino que lo recibió de manos de quienes creyeron que podían manejarlo en beneficio propio. No hubo una elección que lo llevara a la cancillería. Hubo cálculo, vanidad y una subestimación fatal por parte de hombres convencidos de que eran más inteligentes que él.
«A treinta días del poder» se centra deliberadamente en ese único mes. Al no dispersarse más allá de esos días, Turner logra seguir casi paso a paso cada reunión, cada maniobra política, cada decisión y cada malentendido que fue estrechando el cerco hasta dejar a Hindenburg sin más alternativa que nombrar canciller a Hi**er. El propio Hi**er, nos cuenta el autor, llegó a sorprenderse de que, una vez más, las circunstancias volvieran a rescatarlo cuando todo parecía perdido.
La tesis de Turner no convenció a todo el mundo cuando fue publicada en 1996. Muchos historiadores prefieren explicar el ascenso del n**ismo como el resultado inevitable de las grandes fuerzas económicas, sociales y políticas de la época. Turner, sin embargo, sostiene algo muy diferente al defender que las decisiones tomadas por un reducido grupo de personas durante aquel mes resultaron tremendamente decisivas. Sin la vanidad de Von Papen, sin las vacilaciones de Hindenburg y sin los errores de cálculo de Schleicher, Hi**er podría haber terminado siendo el líder de un partido en declive.
Tendemos a pensar que las grandes tragedias de la historia fueron, en cierto modo, inevitables, como si nadie hubiera podido impedirlas. Turner plantea justo lo contrario y defiende que, a veces, basta una cadena de malas decisiones, ambiciones personales y cálculos equivocados para cambiar el destino de un continente entero.
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Publicado por Edhasa
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