15/08/2019
Es verano, peques de vacaciones y adult@s perfeccionando el tetris de horarios para que sus escasas vacaciones (en comparación con las de los colegios) sean lo más conciliadoras posibles a nivel familiar.
En muchas casas hay un ratito al día dedicado a las tareas del cole, a repasar aprendizajes, a asentar conocimientos o, simple y maravillosamente, a investigar.
El otro día los miraba. Padre hijo e hija pescando justo en el muelle. Había olas. Había barcos saliendo del mar. Paciencia infinita (de los tres). Un barco, hay que esperar. Volvemos a tirar. El silencio, la espera. Se cansa, lo quiere volver a intentar. Se frustra. No entiende porqué tienen que picar más rápido cuándo pesca su hermana. O lo entiende y le cuesta asumir que no es más rápido si no que ella aguanta más tiempo esperando y aumenta así las probabilidades de éxito. Otra vez silencio, esperar, la paz.
No puedo evitar pensar en cuantos niños y niñas estan, estos días, delante de las 'tareas de verano' sin paz ni silencio ni paciencia. Nadie hubiese entendido que el padre empezara a gritar 'pero que haces, es que no te esfuerzas, no pican!!! Pon más atención, no te muevas, no vas a aprender nunca!!!'. Con las tareas del cole, pasa. ¿Porqué? Porqué los padres y las madres sienten la presión, intentan ayudar y se equivocan. Lo que les imponemos a presión, además de no asimilarse, no les hace crecer.
Al fin y al cabo, el arroz de pescado de hoy mereció la espera pero, sobretodo, el esfuerzo mereció el propio orgullo del equipo de pequeños pescadores.