05/01/2024
La ruleta giró y la bola cayó en negro.
Volvió a girar y cayó en negro por segunda vez.
Volvió a girar… Negro.
Los jugadores se arremolinaron para apostar al rojo.
El negro salió diez veces seguidas.
Las apuestas al rojo se redoblaron.
¡Todos ganarían!
El negro salió veintinueve veces antes de que apareciera el rojo.
Ese día de agosto de 1913, el casino de Montecarlo ganó una fortuna.
A costa de quienes creyeron en la falacia del jugador o falacia de Montecarlo.
Un sesgo que pretende predecir el futuro basado en hechos aleatorios del pasado.
Como el hombre que quiere hijos varones y teme que cada nacimiento de un varón aumente el riesgo de que el siguiente sea el de una niña.
Como los inversores que venden las acciones que suben porque creen que bajarán y conservan las que bajan porque estiman que subirán.
Pero, solo son predecibles los eventos que comparten la misma causa.
Las nubes negras predeciblemente traen lluvia.
La ruleta, los espermatozoides y las acciones de bolsa son impredecibles.
El azar es el azar, pero no nos gusta.
Queremos controlarlo, imaginando un modelo que elimine nuestra incertidumbre.
La falacia de Montecarlo es un sesgo basado en la equivocada creencia de que un evento aleatorio que ocurra en el futuro está influenciado por eventos de esa índole que sucedieron en el pasado.
Puede afectarnos cuando intentamos estimar la probabilidad de un evento futuro.
En un mundo donde los procesos de decisión no están optimizados, este sesgo puede hacernos incurrir en inmensos errores de evaluación, con sus consiguientes costes económicos y profesionales.
Las predicciones arriesgadas
Los aficionados a los juegos de azar creen detectar secuencias.
Confunden la realidad con su interpretación de la realidad.
Y actúan basándose en sus predicciones, que casi siempre resultan erradas.
No solo los jugadores caen en la trampa de su sesgo.
Hombres de negocios y profesionales muy responsables también creen en los patrones que perciben, y basan en ellos sus decisiones.
Y así se equivocan al evaluar las probables ganancias o pérdidas, las respuestas del mercado, el comportamiento de los clientes, la evolución de las enfermedades, la conducta de un empleado, los resultados de un equipo…
La lista de costosos errores es infinita.
El error tiene una sola causa: los acontecimientos de naturaleza aleatoria son impredecibles.
Creer que dos eventos que no tienen una causa común están relacionados resulta fatal: la decisión estará basada en una información falsa.
Cómo no sucumbir a la falacia
Cuando entendemos cómo funciona la falacia de Montecarlo entendemos que hay que evitar comparar con experiencias pasadas, hay que reevaluar los datos actuales.
Basar decisiones en datos reales y actuales, no en probabilidades ficticias.
Reconocer la singularidad de cada situación; eventos pasados no predicen el futuro.
No dejar que los resultados anteriores influyan en nuestras predicciones, el pasado no define el futuro.
"Lo único que sabemos acerca del futuro es que será diferente."
—Peter Drucker— LA BOMBILLA.