Jesuitas Murcia

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Compañía de Jesús en Murcia Espacio en el que nos encontramos personas e instituciones vinculadas a la Compañía de Jesús en la ciudad de Murcia.

Son muchos proyectos e iniciativas en las que un grupo numeroso de jesuitas y laicos compartimos el sueño de colaborar, juntos, en el trabajo por la fe y la justicia. Cuenta de Twitter: @JesuitasMurcia

19/06/2026

A lo largo de estos días hemos escuchado a Jesús en el Sermón del Monte, donde las bienaventuranzas nos revelan que estamos llamados a vivir como sal de la tierra y luz del mundo, no como una utopía lejana, sino en lo concreto de la vida. Esa llamada toca nuestro corazón, pues donde está nuestro tesoro está nuestra vida, invitándonos a vivir con sentido y orientación. Para no esa perder luz, hemos de acoger su palabra en lo escondido y traducirla en amor, servicio, perdón y humildad, donde se verifica la autenticidad del discípulo. Jesús nos enseña que la mirada interior ilumina o oscurece la existencia, y por eso nos invita a una coherencia real entre lo que creemos y vivimos, especialmente en nuestra relación con los bienes, sin quedar atrapados en lo pasajero. Nos conduce así a la gratuidad, reflejo del amor de Dios, que ensancha el corazón y se convierte en un tesoro que ya comienza en esta vida cuando aprendemos a confiar y compartir. Incluso en nuestra fragilidad, Él nos sostiene y nos llama a buscar ante todo el Reino, colocando el corazón en lo esencial y descubriendo que el verdadero tesoro no se acumula, sino que se recibe y se entrega. (Mateo 6, 19-23)

Venid conmigo - Ain Karem 19/06/2026

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Para escuchar en la oración de hoy, viernes, 19 de junio (Viernes XI del T.O.)_

Venid conmigo - Ain Karem Cd: Busca mi Rostro.En muchas ocasiones sólo encontramos descanso ...

19/06/2026

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A lo largo de todos estos días hemos ido escuchando las palabras de Jesús en el Sermón del Monte en aquella colina desde la cual se podía contemplar el mar de Galilea, el Lago Tiberíades. Jesús comenzaba este sermón con las bienaventuranzas y nos transmitía que éstas no son una utopía que queda al margen de nuestra vida, como algo imposible de llevar a cabo, pues nos dice que hemos sido llamados a la vida y somos sal de la tierra y luz del mundo. Y esa llamada no es teórica ni lejana. Toca lo más concreto de nuestra existencia: aquello que ocupa nuestro corazón. Porque, como hoy nos recuerda el Evangelio, donde está nuestro tesoro, allí está también nuestro corazón. Por eso Jesús no solo nos anima a vivir, sino a vivir con sentido, con una orientación clara, con un corazón bien situado. Pero para que nuestra sal no se vuelva sosa ni nuestra luz deje de brillar, transparentando la gloria de Dios en nuestras buenas obras, hemos de escuchar sus palabras en el silencio de lo escondido y ponerlas en dinámica de amor y servicio humilde, de bendición y de perdón. Ahí es donde se juega la autenticidad del discípulo: en lo escondido del corazón, en esa mirada interior que puede estar llena de luz o, por el contrario, oscurecida. Porque la lámpara del cuerpo es el ojo. Y si nuestra mirada es limpia, toda nuestra vida se ilumina; pero si se enturbia por la codicia, el miedo o la necesidad de acumular, perdemos claridad y también paz. Por eso Jesús, en este contexto de enseñanza, quiso reinterpretar la ley, dejándonos una hoja de ruta para caminar con pie firme y seguro hacia la felicidad de sentirnos hijos de Dios. Nos ha dicho que seamos coherentes entre aquello en lo que creemos y aquello que hacemos, sin ambigüedades. Esa coherencia también se manifiesta en nuestra relación con los bienes, con lo que poseemos y con lo que deseamos. No se trata de no tener, sino de no quedar atrapados. De no poner nuestra seguridad en lo que pasa, en lo que se desgasta, en lo que puede desaparecer. Porque cuando el corazón se apoya solo en eso, termina vaciándose. Que no seamos nosotros de aquellos que responden el mal con el mal, sino que vayamos más allá del pago y la retribución, entrando en la senda de la gratuidad. Simplemente porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y estamos llamados a reproducir en nuestras vidas a ese Dios Padre providente, que no deja de derramar sobre nosotros su misericordia y sus bendiciones. Y esa gratuidad es ya un tesoro que no se corrompe. Es un modo de vivir que libera el corazón, que lo ensancha, que lo hace capaz de amar sin medida. Es el tesoro del cielo que comienza ya aquí, cuando aprendemos a confiar, a compartir, a mirar con bondad. Es éste el tesoro de la Buena Noticia que Jesús pone en nuestras manos, frágiles vasijas de barro que siempre tienen el peligro de romperse. Y en esa fragilidad no debemos tener miedo. Porque incluso cuando nuestra vida se resquebraja, cuando sentimos que no hemos sabido vivir con un corazón unificado, Él sigue siendo fiel. Él recompone, Él restaura, Él vuelve a encender la luz en nuestra mirada. Pero no nos preocupemos, si nos rompemos Él volverá a recomponernos. Sólo preocupémonos por buscar el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás nos lo dará por añadidura. Y buscar ese Reino es, en el fondo, aprender cada día a colocar el corazón en lo esencial, a vivir con una mirada limpia y confiada, y a descubrir que el verdadero tesoro no se acumula, sino que se recibe y se comparte. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

18/06/2026

En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela su propia oración y nos enseña que orar no es repetir palabras, sino vivir una relación confiada con el Padre. Su oración no era un conjunto de fórmulas, aunque conociera los salmos, sino un diálogo íntimo en el que ponía en manos de Dios cada paso de su vida, especialmente en la soledad y el silencio. Así comprendemos que la oración no busca informar ni convencer a Dios, pues Él ya conoce nuestras necesidades, sino que nace de la confianza y se expresa en alabanza, acción de gracias y súplica por los demás. Al enseñarnos el Padrenuestro, Jesús no solo nos da palabras, sino que nos introduce en su propia relación filial con Dios, a quien podemos llamar Padre cercano y personal. Esta oración nos hace descubrir que no rezamos solos, sino como familia, llamados a vivir la fraternidad, el perdón y la cercanía con todos. Por eso cada petición cobra vida en lo cotidiano y el Señor nos invita a orar como hijos, con sencillez, confianza y corazón abierto a los hermanos. (Mateo 6, 7-15)

Enséñame a Orar 18/06/2026

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Para escuchar en la oración de hoy, miércoles, 18 de junio (Jueved XI del T.O.)_

Enséñame a Orar Provided to YouTube by CDBabyEnséñame a Orar · Hermana GlendaAl...

18/06/2026

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En el Evangelio de hoy, Jesús nos abre el corazón de su propia oración y, al mismo tiempo, nos enseña cómo orar de verdad. No se trata de muchas palabras, ni de fórmulas vacías, sino de una relación viva, confiada, con Dios Padre. Algunas cosas sabemos de la oración de Jesús, que nos pueden iluminar a la hora de nuestra propia oración. Sabemos que para Jesús la oración no eran simples rezos de oraciones aprendidas, aunque en muchas ocasiones utilizara en su oración aquellos salmos que desde pequeño habría aprendido como buen judío que acudía todos los sábados a la sinagoga o en su propia casa de mano de María o de José. Para Jesús la oración era comunicación, diálogo íntimo con Dios al que le consultaba cada uno de los pasos importantes que daba en su vida, como cuando llamó a sus discípulos. Ese diálogo íntimo lo hacía muchas veces de noche y en solitario, cuando el trabajo del día había acabado y todos descansaban. Y así comprendemos mejor lo que Jesús nos dice en el Evangelio: que la oración no es cuestión de muchas palabras, sino de verdad. No necesitamos convencer a Dios ni informarle de nada, porque nuestro Padre “sabe lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos”. La oración, como en Jesús, nace de la confianza. Por eso, cuando Jesús nos enseña el Padrenuestro, no nos da solo unas palabras, sino su propia manera de vivir. Nos introduce en su misma relación con Dios. Pero, sobre todo, lo que nos transmite Jesús en su oración es la forma de dirigirse a Dios como Padre, no como Padre de un pueblo, sino como un Padre personal, que nos hace descubrir nuestra condición de hijos y hermanos de aquellos otros que también tienen a Dios como Padre. Y así, cuando decimos “Padre nuestro”, no rezamos en solitario. Nos reconocemos familia. La oración verdadera siempre nos abre a los demás, nos hace más hermanos, más cercanos, más capaces de perdonar. Por eso es posible llamar al Padre como nuestro, Padre de todos, Padre creador, providente, compasivo, misericordioso, preocupado por nuestra felicidad, que nos sacia de amor y que quiere reinar en nuestro mundo, para lo cual nos pide nuestra colaboración. Un Padre que nos cuida y sabe lo que nos conviene a pesar de que no lo comprendamos en un primer momento. Y entonces cobran vida cada una de las palabras del Padrenuestro: “santificado sea tu nombre”, es decir, que nuestra vida hable bien de Él; “venga tu Reino”, que su amor transforme nuestras relaciones; “hágase tu voluntad”, confiar incluso cuando no entendemos; “danos hoy nuestro pan”, vivir en lo concreto, en lo cotidiano; “perdona nuestras ofensas”, aprendiendo a perdonar de verdad; “no nos dejes caer en la tentación”, reconociendo nuestra fragilidad. Ojalá podamos redescubrir la belleza de decir “Padre”… y vivir como hijos y como hermanos. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

17/06/2026

El Evangelio nos sitúa en el corazón de nuestra fe, invitándonos a revisar no tanto lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos, pues Jesús mira la intención y la verdad interior de la oración, el ayuno y la limosna. Él nos enseña que estas prácticas no son simples cumplimientos ni buscan recompensa o reconocimiento, sino que nacen de una relación sincera con el Padre que ve en lo secreto. La hipocresía, en cambio, deforma esta relación al querer manipular a Dios, por lo que el Señor nos llama a vivir una fe auténtica, no de apariencia, sino profunda y verdadera. Así, la limosna no es dar lo que sobra ni acallar la conciencia, sino buscar la justicia y expresar un corazón transformado por Dios. Frente al orgullo, el Evangelio nos propone la humildad, el silencio y el anonimato, entrando en lo escondido donde somos verdaderamente nosotros ante Dios. Y la recompensa ya se nos da ahora: amar y sentirnos amados, viviendo desde dentro en paz y verdad, por lo que se nos invita a volver a lo esencial y pedir un corazón humilde que viva solo para Dios. (Mateo 6, 1-6. 16-18)

Mi padre está en lo secreto 17/06/2026

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Para escuchar en la oración de hoy, miércoles, 17 de junio (Miércoles XI del T.O.)_

Mi padre está en lo secreto Provided to YouTube by CDBabyMi padre está en lo secreto · Hermana GlendaA solas con Dios℗ 2010 Hermana GlendaReleased on: 2010-08-20Auto-generated by YouTube.

17/06/2026

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El Evangelio que acabamos de escuchar nos sitúa en un lugar muy concreto de nuestra vida de fe: el corazón. Porque Jesús cuestiona no tanto lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos. Cuestiona la intención, la verdad interior, el sentido profundo del ayuno, la oración y la limosna. Sin duda alguna, en el Evangelio de hoy Jesús es muy claro a la hora de explicar cómo hemos de llevar a cabo esas obras que nos relacionan con Dios, la oración y el ayuno, y con el hermano, que, en definitiva, es imagen de Dios para nosotros, la limosna. Ninguna de ellas son simplemente unas prácticas religiosas que se llevan a cabo desde el cumplimiento de unos preceptos en determinados momentos de nuestra vida, ni buscan ningún tipo de recompensa por parte del Padre, pues es éste mismo, que te ve en lo secreto, buscará la forma de recompensarlo. E, indudablemente, no se llevarán a cabo para lograr el reconocimiento de los demás desde ese pecado tan sutil como es el orgullo espiritual o ese otro que es la hipocresía. Porque la hipocresía en el plano religioso es aquella forma de actuar que manipula a Dios en beneficio propio, porque no se intenta ir a Dios sino que se intenta que sea éste el que venga a ti para cumplir tu voluntad, únicamente. Y ahí es donde el Señor nos invita a vivir desde la verdad. Es decir, dejar de vivir la fe como una apariencia, como una especie de escenario, para empezar a vivirla como una relación auténtica, sencilla y profunda con el Padre. Además, como nos muestra Jesús en el episodio de la viuda en el templo, la limosna no busca tan sólo dar lo que sobra, poniendo medallas caritativas en tu pecho para que los demás las puedan ver, ni es una actitud puntual en un momento determinado en el que quieres acallar tu conciencia o el juicio de los demás; la limosna tiene mucho que ver con la búsqueda de lo que Dios quiere: la justicia social y la igualdad de oportunidades entre todos los seres humanos. Es decir, no es un gesto externo sin más, sino una expresión concreta de un corazón que se ha dejado transformar por Dios. La soberbia, la vanidad y el orgullo no son buenos aliados ni consejeros en nuestras relaciones con Dios ni con los demás, más bien al contrario. Es la humildad del silencio, el anonimato y, sobre todo, el deseo de identificarse con el modo de proceder de Jesús lo que debe jugar un lugar importante. Ese “ir a lo escondido” del que habla el Evangelio no es esconderse por miedo, sino entrar en lo más verdadero de nosotros mismos, allí donde no necesitamos aparentar, donde simplemente somos ante Dios. Y la recompensa no habrá que esperarla para un futuro, la recompensa se da ahora. Y no es otra que amar y sentirnos amados por Dios, causas de nuestra felicidad. Esa es la gran promesa: una vida vivida desde dentro, en paz, en verdad, en libertad. Pidámosle en esta mañana al Señor un corazón humilde, capaz de amar sin hacer ruido, de orar sin aparentar, de dar sin esperar reconocimiento. Un corazón que viva desde esa intimidad donde solo estamos Dios y nosotros. Buenos días!!! (Juanjo Martínez, sj)

16/06/2026

El Evangelio de hoy nos sitúa ante la exigente llamada de Jesús a vivir un amor que va más allá de lo espontáneo y humano, un amor que no nace de nuestras fuerzas sino de Dios. Su propuesta, tan radical, puede despertar en nosotros sentimientos de incapacidad y escepticismo, porque amar a quien nos hiere parece imposible. Sin embargo, Jesús nos invita a amar incluso a los enemigos, no justificando el mal, sino impidiendo que el mal domine el corazón, a ejemplo del Padre que ama a todos sin distinción. Este amor solo es posible cuando primero nos sabemos amados y transformados por la misericordia de Dios. Desde esa experiencia, la oración se convierte en camino concreto para aprender a mirar y tratar de otra manera a quienes nos cuesta amar. Así, poco a poco, nos adentramos en la aventura de amar como Dios ama, descubriendo que ahí se encuentra la verdadera plenitud y felicidad. (Mateo 5, 43-48)

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