21/04/2026
Estoy leyendo un libro muy interesante que creo que puede venir bien cuando las cosas no salen como uno espera.
Pero antes te voy a contar una historia de mis inicios como profesor.
El primer trabajo que me dieron era en un FP Básica y yo, por sus características, me lo tomé muy en serio. Tanto que empecé a leer muchos libros de pedagogía y psicología, asistir a cursos y charlas… hasta que un día me motivé.
Ese día preparé una actividad espectacular.
Una actividad inolvidable, de hecho tardé como un par de tardes del fin de semana (aún no había aprendido a tostarme al sol los fines de semana) y pensaba que había alcanzado algo parecido a la perfección docente.
Y allí me planté, el lunes, con mi actividad preparada. Empecé a explicarla y, claramente, oí:
-Pues menudo rollazo.
Se me cayó el alma a los pies. Si hubiera sido un capítulo de Oliver y Benji (Capitán Tsubasa para los de la ESO), ese era el típico momento en que la música se pone épica y la imagen se para.
El resto de la clase lo aceptó y la actividad se hizo. De hecho, fue el comienzo de una serie de actividades que dieron lugar a una ponencia en el Congreso de Profesores de Matemáticas JAEM17, que ese año se hizo en Cartagena.
Sin embargo, ese comentario siempre me lastró. Tenía una espinita clavada. Quizá si hubiera analizado el sentimiento, mi reacción hubiera sido mucho más controlable. Pero estaba aprendiendo.
Si tú también estás aprendiendo, te recomiendo el libro “El arte de no reaccionar”, de Ryushun Kusanagi, que habla de estas cosas desde una perspectiva de filosofía budista.
Y te animo a que tengas un buen día, intentando darle el enfoque justo a las cosas que te pasen y a quien te las diga.