Historia, a través de los ojos de la ciencia.

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El Sacrificio de Políxena
03/10/2026

El Sacrificio de Políxena

03/10/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

La tragedia “Las troyanas” (415 a. c.) es un cuadro terrible de las grandes mujeres de Troya después de la caída de la ciudad, que ya sólo esperan la esclavitud o la muerte. También aquí apenas hay argumento o enredo y el personaje principal es el coro, el cual, en admirables palabras, nos habla del dolor de la guerra y del cautiverio.

Aun Hécuba y la patética profetisa, Casandra, parecen meras figuras destacadas del coro con un leve acento personal. En esta obra hondamente trágica, Eurípides nos revela las amargas experiencias de la guerra y es notable que parece haber tenido pocas ilusiones en cuanto al verdadero valor de la victoria. La guerra, a sus ojos, se ha vuelto una crueldad inútil y sin sentido, tan desmoralizadora para el vencedor como para el derrotado. Es muy expresivo, como muestra de su clara visión, que haya presentado “Las troyanas” en 415 a. C , el año de la funesta expedición ateniense a Sicilia.

La negra sombra de la guerra se cierne también sobre “Las fenicias” (ca. 410 a. C.), En esa obra, Eurípides adopta el tema de Esquilo de “Los siete contra Tebas” y proyecta sobre el pasado remoto un problema candente de la historia contemporánea, como lo es la feroz guerra intestina que destroza a todas las ciudades griegas y los viejos lazos de lealtad y de doméstico respeto. La pintura que nos da del poder en pugna con el derecho, de las groseras e incontenibles ambiciones, de la desmoralización general, está sacado de la misma vida que él contempla y ni siquiera acomoda al escenario heroico. Los límites del arte trágico resultan ya estrechos para los sentimientos del poeta.

20/09/2026
Grecia – La tragedia ática – EurípidesEn otras obras, Eurípides, muestra su interés por la política. Durante los primero...
20/09/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

En otras obras, Eurípides, muestra su interés por la política. Durante los primeros años de la Guerra Peloponesia, era un ardiente defensor de la causa ateniense y compartía la creencia de Pericles, quien veía en Atenas la escuela de Hélade y una ciudad por quien era honroso morir.

En “Los hijos de Heracles” trata de la hospitalidad que Atenas ofreció un día a los fundadores de Esparta y recuerda la cordialidad de otros tiempos para con el enemigo de hoy.

“Las suplicantes” es más bien un estudio sobre la ciudad ideal que Eurípides concebía. Teseo es allí la imagen del perfecto gobernante, del que asegura los plenos derechos y la libertad de todos los ciudadanos. El drama se refiere precisamente a los derechos de sepultura y nos brinda una bella y poética figura de la gran ciudad gobernada por el gran monarca. El tono de subida nobleza corresponde a una acción situada en la Edad Heroica, pero el sentimiento de Atenas bien podía parecer actual a los contemporáneos del poeta.

Grecia – La tragedia ática – EurípidesLos asuntos de la tragedia griega tenían que buscarse entre las historias de la Ed...
20/09/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

Los asuntos de la tragedia griega tenían que buscarse entre las historias de la Edad Heroica y esta limitación, sin duda, entorpecía la índole moderna y "progresista" de Eurípides. Pero aceptó dicha limitación y trató con nuevo espíritu las viejas historias, procurando en ellas lo que había de verdad permanente.
El resultado fue una serie de dramas sobre las mujeres famosas de la antigüedad. En “Medea” (431 a. C), “Hipólito” (428 a. C), “Hécuba” (ca. 424 a. C.) y “Andrómaca” (ca. 422 a. C.), Eurípides ha trazado un conjunto de estudios trágicos sobre la feminidad que admiraban y sorprendían a sus auditorios. Dejando de lado las conveniencias y pasando sobre las opiniones recibidas respecto a la mujer, creó algo enteramente nuevo en estos cuadros de almas violentas, cuadros íntimos, exactos, descarnados y a la vez plenamente simpáticos.

Las heroínas de Eurípides fueron muy distintas de la Antígona o la Deyanira. Con todo y a despecho de su flaqueza demasiado humana y sus raptos de extravagante violencia, son esencialmente trágicas. Pues mucho del interés que estas naturalezas inspiraban a Eurípides, se basaban en el conflicto que conllevan en sí.

En “Medea”, el poeta pinta la lucha entre el amor materno y el ansia de venganza de la esposa burlada; en “Fedra”, el amor ilegítimo busca dolorosamente su expresión por entre las costumbres establecidas; en “Hécuba”, la ternura se hace furia salvaje por efecto del sufrimiento y en “Andrómaca”, una princesa aparece rebajada por la cautividad al punto de aceptar cuanto los dioses ordenen. Y, en todos los casos, el conflicto del personaje se refleja en el conflicto exterior que lo rodea y en cada drama, el asunto resulta del choque entre voluntades encontradas, hasta de caracteres irreconciliables.

El objeto de la insana pasión de Fedra es nada menos que Hipólito, el hijastro, que aborrece el amor y el tremendo duelo de Hécuba se enfrenta con Odiseo, cuyo duro corazón parece insensible. La solución es siempre dolorosa y, en verdad, en vez de solución no habría más que desastre y muerte, a no ser por la intervención de los dioses. En estas obras, Eurípides creaba algo completamente nuevo. El vigor de tales obras es indiscutible. En ellas no todo se reduce a aquella profundidad psicológica que fascinaba a los públicos, sino que campea también aquel apurado y terso estilo y se dejan sentir los aleteos del canto en graciosos giros, los ojos del pintor que empapa en ricos coloridos los trozos de descripción, el genuino poder de los soberbios momentos dramáticos en que, por ejemplo, Medea habla a sus hijos antes de darles muerte, o Fedra declara el amor que tanto desearía ocultar.

Desde luego, hay otras cualidades y condiciones más al gusto de la época que al moderno. Cuando Jasón explica a Medea lo mucho que ella ha ganado con poder ahora disfrutar de la vida griega, o cuando Hipólito insinúa que los dioses no debieron haber creado a las mujeres, o bien Hécuba riñe con los conquistadores de su tierra, parece que los personajes pierden el nivel de la dignidad trágica. Pero esto, para los apasionados de Eurípides, era precisamente un realismo plausible, que acercaba hasta la vida diaria el sentido de las antiguas fábulas.

Otro aspecto que desconcertaba al público era la religiosidad de Eurípides. Los coros no olvidaban el invocar a los dioses y las fuentes de las leyendas son cuidadosamente referidas a las costumbres o tradiciones locales del caso. Pero el tono religioso suena falso. En Hipólito, Afrodita castiga a Hipólito porque éste la ha desdeñado y Artemisa, a quien el joven príncipe ha consagrado su existencia, no puede hacer nada por él al verlo moribundo. Bien está que se trate de grandes poderes naturales, más allá del bien y del mal, pero no se presentan como objetos dignos de adoración y culto.

En Andrómaca, Apolo, por quien Eurípides demuestra singular aversión, traiciona a Neoptólemo y lo conduce a la muerte en Delfos. No es que haya aquí una crítica manifiesta y explícita, tampoco un asomo de blasfemia. Pero el ateniense ortodoxo debe de haberse sentido incómodo ante esta luz desusada, bajo la cual, se le ofrecen los actos de sus dioses.

Grecia – La tragedia ática – EurípidesLas dos primeras obras de Eurípides, “El Cíclope” y “Alcesta” (438 a. C), revelan ...
20/09/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

Las dos primeras obras de Eurípides, “El Cíclope” y “Alcesta” (438 a. C), revelan ya un poeta que ha encontrado su camino y su estilo propios. “El Cíclope” es un drama satírico sobre un episodio de la Odisea. No sólo posee un encanto chispeante en la presentación de la vida pastoral del Cíclope, también hay aquí un nuevo sentido de la personalidad. El Cíclope es semejante, desde luego, al Polifemo de Homero, pero Eurípides desarrolla su carácter y dibuja sombras y matices en el contorno trazado por Homero. El personaje es borracho, lascivo y be***al, pero es algo más. No carece de cierta alegría y aun de cierto espíritu poético. Es un hijo de la naturaleza y Eurípides muestra entenderlo bien.

“Alcesta” se representó no es en modo alguno una tragedia, pero indica el sentido en que la mente de Eurípides había comenzado a moverse. Un rey es salvado de la muerte porque su esposa consiente en morir por él y la esposa es rescatada de la muerte por Heracles. La vieja historia, medio sentimental y medio humorística, cobra nuevos y variados destellos en manos de Eurípides.
La emoción de la reina moribunda y la intervención de Heracles ebrio permiten apreciar el don del dramaturgo para sacar el mayor partido de sus situaciones. Pero para el auditorio, que esperaba una lección en el heroísmo de la esposa dispuesta a morir por su esposo, Alcesta debió parecer algo desconcertante. Eurípides se atiene con apego a la vieja historia, aunque su interpretación de los caracteres trastorna el punto de vista tradicional. El rey, Admeto, que esperamos noble y heroico, resulta inferior y ridículo, por su miserable insistencia en que su mujer se sacrifique por él y por la compasión con que se considera a sí propio, una vez que se ha consumado el sacrificio. Sólo Heracles logra evitar que se derrumbe en el descrédito más completo.

El sabroso cuento toma así un giro inusitado, y deja ver el ánimo desembarazado con que Eurípides se acerca a la tradición.

Grecia – La tragedia ática – EurípidesEl vigor de estas dos intensas tragedias (Heracles y Electra) descubre una etapa d...
14/08/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

El vigor de estas dos intensas tragedias (Heracles y Electra) descubre una etapa de Eurípides. En otras obras, mostraba su interés por la política. Durante los primeros años de la Guerra del Peloponeso, Eurípides era un ardiente defensor de la causa ateniense y compartía la creencia de Pericles, quien veía en Atenas la escuela de la Hélade y una ciudad por quien era honroso morir.

En "Los hijos de Heracles", Eurípides trata de la hospitalidad que Atenas ofreció un día a los fundadores de Esparta y recuerda la cordialidad de otros tiempos para con el enemigo de hoy.

"Las suplicantes", en cambio, es un estudio sobre la ciudad ideal que Eurípides concebía. Teseo era la imagen del perfecto gobernante, del que aseguraba los plenos derechos y la libertad de todos los ciudadanos. El drama se refiere precisamente a los derechos de sepultura y apenas cabe decir que hay en él un conflicto de caracteres. Nos entrega, más bien, una bella y poética figura de la ciudad gobernada por el gran monarca.

En Heracles (ca. 422 a. C.) y en Electra, (ca. 413 a. C.), Eurípides, toma dos asuntos muy teñidos de tradición religios...
14/08/2026

En Heracles (ca. 422 a. C.) y en Electra, (ca. 413 a. C.), Eurípides, toma dos asuntos muy teñidos de tradición religiosa y los interpreta a su manera. Su Heracles es un cuadro del héroe que mata a sus hijos en un acceso de locura. Pero no ya como castigo a su orgullo, sino que su locura, según Eurípides, es inexplicable e injustificada. Y el drama se cierra con una escena de hermoso sentido moral, en la cual Teseo purifica a Heracles ya recuperado y lo absuelve de sus culpas.

En Electra, el argumento es la conocida historia familiar y la sed de venganza asume un aspecto de morbosidad y aberración. Donde Esquilo explicaba y Sófocles aceptaba, Eurípides entendía y condenaba. Nos hace ver cómo Orestes y Electra son
arrastrados a asesinar a su madre, pero también nos hace ver que tal acción y los principios que invocan son horribles. Con sólo mostrar a la madre bajo los rasgos humanos ordinarios, hace comprender la abominación del matricidio. Cometido el crimen, los homicidas no hallan satisfacción posible.

Grecia – La tragedia ática – EurípidesEurípides (480-406 a. C.) sólo era quince años menor que Sófocles, pero ya pertene...
14/08/2026

Grecia – La tragedia ática – Eurípides

Eurípides (480-406 a. C.) sólo era quince años menor que Sófocles, pero ya pertenecía a otra generación y la influencia de la sofística. Los sofistas eran maestros profesionales que aplicaban nuevos métodos críticos a todas las cosas de la vida. Entre ellos había hombres sumamente originales y de gran vigor mental, aunque también existían figuras de sospechosa probidad.

Sin embargo, en conjunto, los efectos del movimiento sofístico fueron incalculables. La tradicional y bien ordenada vida de Atenas quedó sometida al análisis agudo y, sin remedio, muchas nociones aceptadas perdieron crédito. Científico en su origen,
este movimiento invadió muchos campos, la física, las artes, la religión y la moral. De esta manera, se desarrolló la afición por las nuevas ideas, se alteró la vida intelectual de Atenas y, por consiguiente, el drama.

Eurípides fue hijo de este movimiento. De ahí que fuera un escéptico y un crítico. La sofística afectó toda su actitud ante el mundo. Se vio llevado a componer tragedias porque tenía algo que decir, porque era poeta, porque sólo a través de la tragedia
podía llegar a los vastos auditorios. Pero distaba mucho de sentirse en conformidad con la religión establecida y su agnosticismo vio en los dioses olímpicos, más que figuras de la fantasía mitológica, figuras de diablos. Parece no haber poseído una verdadera filosofía propia y, de alguna manera, sus dramas nos dan la trayectoria de sus veleidades espirituales. Sus cambios de punto de vista constantes le quitan a su obra aquella solidez que existe en la obra de Esquilo y de Sófocles. Aquí, en cambio, falta un fondo, falta una personalidad estable. Y, con todo ello, no sólo es Eurípides
un alma superior: es también un poeta que dio a la tragedia algo que hasta entonces sólo había tenido en muy pequeña medida.

Eurípides abordó la tragedia enteramente desde el ángulo humano. Por cuanto a su sentimiento de los dioses, los tenía por poderes ciegos e irracionales de la naturaleza, tantas veces destructora y mortal. Su interés estaba en los seres humanos y su agudo entendimiento de los hombres y las mujeres. Tuvo mayor profundidad psicológica que Sófocles. Su piedad y comprensión se estremecían ante cosas que pasaban inadvertidas para otros.

Grecia – La tragedia ática – Sófocles – Edipo en ColonoEn su último drama, Edipo en Colono, Sófocles trata, en parte, de...
29/07/2026

Grecia – La tragedia ática – Sófocles – Edipo en Colono

En su último drama, Edipo en Colono, Sófocles trata, en parte, de pasiones semejantes a las del Fíloctetes, pero les da un tratamiento diferente. El anciano y ciego Edipo ha llegado al Ática, sabedor de que aquí se encuentra el sitio final de su reposo y que la influencia benéfica de sus restos protegerá para siempre a Atenas. A pesar de la devota compañía de sus hijas y de la caballerosa acogida que le ha dispensado Teseo, rey de Atenas, Edipo encontró varios obstáculos en este término de su jornada.

En esta obra, Sófocles nos muestra claramente que Edipo no era culpable de sus actos horrendos y que su expulsión de Tebas fue de una incalificable crueldad. La muerte de Edipo es el alivio de sus sufrimientos y acaso Sófocles encontró en este punto la solución al extremo que toda su vida lo venía perturbando.
Pero el drama propone todavía otras cuestiones más profundas. Las ásperas escenas de diálogos entre Edipo y Creonte o cuando maldice a su propio hijo, Polinices, se
explican por la misma lealtad y el sentimiento de camaradería que Sófocles tenía en tanta estima y que parecen decaer ahora bajo la perniciosa influencia de
la guerra.
Edipo recompensa a quienes lo ayudan, pero para quienes le han sido injustos no encuentra perdón en su pecho, sino recta indignación. Sófocles ha visto demasiado lo que es una guerra civil, sabe que esa guerra corrompe las raíces de la sociedad y que, para ciertas formas de deslealtad, el perdón ni es útil ni merecido. Edipo, enterrado en el suelo de Ática, se mantiene leal para con aquellos que lo ampararon hasta el último instante, y mal podría conceder su amparo sobrenatural a aquellos que lo agraviaron y expulsaron.

En el Edipo en Colono existen aspectos bastante penosos. Cuando el coro canta, en
palabras de insuperable elocuencia, las miserias de la vejez y la inutilidad de la vida, o cuando Edipo dice a Teseo que la fe muere y la deslealtad florece. Allí Sófocles nos muestra que conoce la vanidad de las cosas. Pero también existen consuelos, sintetizados en la inquebrantable lealtad de Antígona, la ágil comprensión de Teseo y, sobre todo, los deleites del campo que lo vio nacer, en aquel bosque de Colono donde cantan los ruiseñores y florecen los narcisos y los azafranes, donde Dionisos discurre entre las Ninfas y donde las Musas rodean a Afrodita.

Para sus contemporáneos, Sófocles era el ateniense perfecto, avenido con su época y con su arte. Era, ante todo, un poeta que encontraba sus materiales en los sufrimientos y conflictos humanos y que usaba todos los recursos de su estilo inigualable y su gran sentido dramático para trasmutar esas discordancias en poesía.
Su mayor preocupación era el hombre. Veía a sus caracteres por dentro y les trasfundía vida real, exaltándolos hasta aquel estado de vitalidad que sólo puede comunicar la verdadera poesía. Si no propuso grandes soluciones para las dificultades cósmicas, no es que se despreocupara de ellas o que fuera incapaz de hacerlo.

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