14/08/2026
Grecia – La tragedia ática – Eurípides
El vigor de estas dos intensas tragedias (Heracles y Electra) descubre una etapa de Eurípides. En otras obras, mostraba su interés por la política. Durante los primeros años de la Guerra del Peloponeso, Eurípides era un ardiente defensor de la causa ateniense y compartía la creencia de Pericles, quien veía en Atenas la escuela de la Hélade y una ciudad por quien era honroso morir.
En "Los hijos de Heracles", Eurípides trata de la hospitalidad que Atenas ofreció un día a los fundadores de Esparta y recuerda la cordialidad de otros tiempos para con el enemigo de hoy.
"Las suplicantes", en cambio, es un estudio sobre la ciudad ideal que Eurípides concebía. Teseo era la imagen del perfecto gobernante, del que aseguraba los plenos derechos y la libertad de todos los ciudadanos. El drama se refiere precisamente a los derechos de sepultura y ap***s cabe decir que hay en él un conflicto de caracteres. Nos entrega, más bien, una bella y poética figura de la ciudad gobernada por el gran monarca.
14/08/2026
En Heracles (ca. 422 a. C.) y en Electra, (ca. 413 a. C.), Eurípides, toma dos asuntos muy teñidos de tradición religiosa y los interpreta a su manera. Su Heracles es un cuadro del héroe que mata a sus hijos en un acceso de locura. Pero no ya como castigo a su orgullo, sino que su locura, según Eurípides, es inexplicable e injustificada. Y el drama se cierra con una escena de hermoso sentido moral, en la cual Teseo purifica a Heracles ya recuperado y lo absuelve de sus culpas.
En Electra, el argumento es la conocida historia familiar y la sed de venganza asume un aspecto de morbosidad y aberración. Donde Esquilo explicaba y Sófocles aceptaba, Eurípides entendía y condenaba. Nos hace ver cómo Orestes y Electra son
arrastrados a asesinar a su madre, pero también nos hace ver que tal acción y los principios que invocan son horribles. Con sólo mostrar a la madre bajo los rasgos humanos ordinarios, hace comprender la abominación del matricidio. Cometido el crimen, los homicidas no hallan satisfacción posible.
14/08/2026
Grecia – La tragedia ática – Eurípides
Eurípides (480-406 a. C.) sólo era quince años menor que Sófocles, pero ya pertenecía a otra generación y la influencia de la sofística. Los sofistas eran maestros profesionales que aplicaban nuevos métodos críticos a todas las cosas de la vida. Entre ellos había hombres sumamente originales y de gran vigor mental, aunque también existían figuras de sospechosa probidad.
Sin embargo, en conjunto, los efectos del movimiento sofístico fueron incalculables. La tradicional y bien ordenada vida de Atenas quedó sometida al análisis agudo y, sin remedio, muchas nociones aceptadas perdieron crédito. Científico en su origen,
este movimiento invadió muchos campos, la física, las artes, la religión y la moral. De esta manera, se desarrolló la afición por las nuevas ideas, se alteró la vida intelectual de Atenas y, por consiguiente, el drama.
Eurípides fue hijo de este movimiento. De ahí que fuera un escéptico y un crítico. La sofística afectó toda su actitud ante el mundo. Se vio llevado a componer tragedias porque tenía algo que decir, porque era poeta, porque sólo a través de la tragedia
podía llegar a los vastos auditorios. Pero distaba mucho de sentirse en conformidad con la religión establecida y su agnosticismo vio en los dioses olímpicos, más que figuras de la fantasía mitológica, figuras de diablos. Parece no haber poseído una verdadera filosofía propia y, de alguna manera, sus dramas nos dan la trayectoria de sus veleidades espirituales. Sus cambios de punto de vista constantes le quitan a su obra aquella solidez que existe en la obra de Esquilo y de Sófocles. Aquí, en cambio, falta un fondo, falta una personalidad estable. Y, con todo ello, no sólo es Eurípides
un alma superior: es también un poeta que dio a la tragedia algo que hasta entonces sólo había tenido en muy pequeña medida.
Eurípides abordó la tragedia enteramente desde el ángulo humano. Por cuanto a su sentimiento de los dioses, los tenía por poderes ciegos e irracionales de la naturaleza, tantas veces destructora y mortal. Su interés estaba en los seres humanos y su agudo entendimiento de los hombres y las mujeres. Tuvo mayor profundidad psicológica que Sófocles. Su piedad y comprensión se estremecían ante cosas que pasaban inadvertidas para otros.
29/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles – Edipo en Colono
En su último drama, Edipo en Colono, Sófocles trata, en parte, de pasiones semejantes a las del Fíloctetes, pero les da un tratamiento diferente. El anciano y ciego Edipo ha llegado al Ática, sabedor de que aquí se encuentra el sitio final de su reposo y que la influencia benéfica de sus restos protegerá para siempre a Atenas. A pesar de la devota compañía de sus hijas y de la caballerosa acogida que le ha dispensado Teseo, rey de Atenas, Edipo encontró varios obstáculos en este término de su jornada.
En esta obra, Sófocles nos muestra claramente que Edipo no era culpable de sus actos horrendos y que su expulsión de Tebas fue de una incalificable crueldad. La muerte de Edipo es el alivio de sus sufrimientos y acaso Sófocles encontró en este punto la solución al extremo que toda su vida lo venía perturbando.
Pero el drama propone todavía otras cuestiones más profundas. Las ásperas escenas de diálogos entre Edipo y Creonte o cuando maldice a su propio hijo, Polinices, se
explican por la misma lealtad y el sentimiento de camaradería que Sófocles tenía en tanta estima y que parecen decaer ahora bajo la perniciosa influencia de
la guerra.
Edipo recompensa a quienes lo ayudan, pero para quienes le han sido injustos no encuentra perdón en su pecho, sino recta indignación. Sófocles ha visto demasiado lo que es una guerra civil, sabe que esa guerra corrompe las raíces de la sociedad y que, para ciertas formas de deslealtad, el perdón ni es útil ni merecido. Edipo, enterrado en el suelo de Ática, se mantiene leal para con aquellos que lo ampararon hasta el último instante, y mal podría conceder su amparo sobrenatural a aquellos que lo agraviaron y expulsaron.
En el Edipo en Colono existen aspectos bastante penosos. Cuando el coro canta, en
palabras de insuperable elocuencia, las miserias de la vejez y la inutilidad de la vida, o cuando Edipo dice a Teseo que la fe muere y la deslealtad florece. Allí Sófocles nos muestra que conoce la vanidad de las cosas. Pero también existen consuelos, sintetizados en la inquebrantable lealtad de Antígona, la ágil comprensión de Teseo y, sobre todo, los deleites del campo que lo vio nacer, en aquel bosque de Colono donde cantan los ruiseñores y florecen los narcisos y los azafranes, donde Dionisos discurre entre las Ninfas y donde las Musas rodean a Afrodita.
Para sus contemporáneos, Sófocles era el ateniense perfecto, avenido con su época y con su arte. Era, ante todo, un poeta que encontraba sus materiales en los sufrimientos y conflictos humanos y que usaba todos los recursos de su estilo inigualable y su gran sentido dramático para trasmutar esas discordancias en poesía.
Su mayor preocupación era el hombre. Veía a sus caracteres por dentro y les trasfundía vida real, exaltándolos hasta aquel estado de vitalidad que sólo puede comunicar la verdadera poesía. Si no propuso grandes soluciones para las dificultades cósmicas, no es que se despreocupara de ellas o que fuera incapaz de hacerlo.
24/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles –Filoctetes
Sófocles siguió escribiendo hasta la extrema vejez y quedan dos dramas para mostrarnos que, después de los ochenta, sus dones no habían flaqueado. El Filoctetes, representado en 409 a. C., no tiene un final trágico, pero se desarrolla en trágicas perspectivas. Es un estudio vivido, palpitante y doloroso sobre tres caracteres en conflicto íntimo y en conflicto unos con otros.
Es la historia del intento de traer a Troya al héroe Filoctetes, abandonado por diez años en una isla desolada. En el carácter de Filoctetes, Sófocles nos revela una
nueva fase de su arte. El solitario y abandonado personaje, cuya vida aparece quebrantada por enfermedades y continuas dificultades, es todavía un gran hombre, noble, generoso y honorable. Pero se ha pasado años haciendo amargas reflexiones sobre los agravios recibidos y mal podría olvidar o perdonar el daño que le ha hecho Odiseo. El tema del drama es el intento de Odiseo, a través de Neoptólemo, hijo de Aquiles, para comprometer a Filoctetes mañosamente y hacerlo ir a Troya. Odiseo mismo aparece endurecido por la guerra. Entiende de razones de Estado y casi de nada más y a ellas sacrifica, si es fuerza, honor y caridad. Apela a la ambición y al sentimiento del deber de Neoptólemo y por algún tiempo todo va bien. Neoptólemo se muestra muy dotado para los embustes y está a punto de persuadir a Filoctetes, cuando todo se viene abajo. La amistad abierta y confiada de Filoctetes conmueve al joven guerrero, quien de repente le confiesa toda la verdad. Su nobleza natural triunfa de su ambición y de su sentido de la disciplina. Y entonces los tres caracteres se ven enfrentados en un conflicto insoluble. Filoctetes sabe que Odiseo lo necesita y no quiere ceder un punto en sus sentimientos hostiles. Odiseo maldice y se desespera en vano, pero es impotente y nada puede ya domeñar la reavivada simpatía humana de Neoptólemo, que ha prometido amistad a Fíloctetes y sostiene su palabra. Sólo la intervención divina desata este conflicto.
Acaso el Filoctetes no sea una obra enteramente feliz. La conclusión parece una confesión de que la intriga no admite salida por los caminos ordinarios. Pero, entre todos los dramas de Sófocles, éste revela mejor que ninguno la fina intuición psicológica del poeta y su capacidad de abarcar las tempestades que agitan a las naturalezas superiores. A estos elementos dramáticos queda sacrificado casi todo lo
demás. No hay discursos de mensajeros y los cantos de los coros no tienen mucha importancia. Cada verso parece calculado para ir trazando la situación dramática en que los personajes se van enredando y cada verso cuenta. En este mundo de iracundas pasiones y de encontrados intentos, Sófocles encuentra emoción y tragedia auténtica. El honor es amenazado por el interés o corroído por largos agravios. La degradación y miseria creada por la guerra, nos dan el plano de fondo sobre el cual se mueven las torturadas figuras. El final es en cierto modo feliz y las palabras de ira se aquietan al fin en una calma divina, pero nos quedamos con la impresión de que Sófocles una vez más ha sido arrastrado por su asunto y ha encontrado en la vieja fábula ciertas especies oscuras y dañinas que no admiten una justificación ortodoxa.
El poeta se ha aplicado singularmente a trazar sus caracteres y los sentimientos de los personajes, con implacable análisis y un hondo sentido de los valores trágicos, que anulan y borran la moral tradicional de la historia.
24/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles –Electra
Los tristes años de la guerra dejaron diferentes huellas en la Electra. El asunto es el mismo de Las coéforas de Esquilo; sin embargo, Sófocles lo trata a su modo. Para él, la figura principal no es Orestes, sino su hermana Electra.
Sófocles encontró el pulso de su drama la amargura y soledad de Electra, sus lamentos por las calamidades pasadas y sus esperanzas por el regreso de su hermano
La acción se refiere a la noticia de la muerte de Orestes, su llegada y la venganza que ejecuta sobre su madre Clitemnestra y su amante. El drama está escrito con gran brío y en la escena en la cual Electra llora sobre las supuestas cenizas de su hermano ha alcanzado una emoción honda y vigorosa.
Sófocles no intenta para nada rivalizar con Esquilo en su manera de proyectar trascendentales conclusiones. Toma la historia tal como la encuentra en la saga o leyenda tradicional. No le importa tanto la significación ética cuanto las reflexiones
y sentimientos de las figuras. Dado el tema, esto hasta parece al principio un tanto cruel. Ni Clitemnestra ni su amante parecen ser tratados con objetividad y desprendimiento.
Lo cierto es que, con la creciente barbarie de la guerra, Sófocles ha acabado por entender el afán de venganza y la dureza de corazón que vienen del mucho meditar los agravios sufridos. En Electra ha mu**to ya todo amor para su madre y en Orestes,
la sed de venganza ha sido exaltada en devoradora pasión por la vieja servidora que lo ha criado para tal venganza. El drama es un estudio de estas oscuras pasiones.
Es un drama casi objetivo, libre de intenciones religiosas o éticas. Sófocles parece haberse preguntado a sí mismo por qué sucedió todo aquello y haber escrito su drama como una respuesta.
22/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles –Edipo rey
En los dramas posteriores a Las traquinias, Sófocles recorre las zonas sensibles de la situación trágica y ha dejado siempre las vías divinas en postura de actos injustificados. Su verdadera solución es una solución de poeta. Sófocles ha entendido que, en las garras del inevitable desastre, el hombre alcanza la cima de su nobleza y con eso se conformó.
El resultado de estos cambios íntimos en su visión de la tragedia se aprecia claramente en su Edipo rey.
Esta obra fue escrita a comienzos de la guerra entre Atenas y Esparta y refleja los funestos días de la plaga que devastó a Atenas. Es íntegra y esencialmente trágica;
es la historia de un grande hombre perseguido y al fin atrapado por la fatalidad. Admirada por Aristóteles como la tragedia perfecta, posee una originalidad
singular y en cuanto al argumento o el estilo, los caracteres o la poesía, nunca fue superada. Edipo ha sido advertido por un oráculo de que habrá de casarse
con su madre y dar muerte a su padre. Hace cuanto
puede para huir de semejante destino y al fin y a la postre, años más tarde, descubre que no ha hecho más que cumplir los avisos del oráculo. La pieza se refiere a este descubrimiento de la espantosa verdad y al rapto de dolor que lleva a Edipo a arrancarse los ojos.
Sófocles acelera los acontecimientos que desembocarán en la tremenda catástrofe con delicadeza y maestría. Cada escena es una etapa que acerca a Edipo un paso más y aun las pausas de esperanza están preñadas de desastres latentes. El gran hombre, ingenioso y bravo, honesto como pocos, es arrastrado por su propio carácter a investigar más y más y cuando al fin da con la verdad, su ánimo se quiebra y horrorizado, se ciega a sí mismo.
El Edipo rey es una tragedia en el sentido moderno. Edipo tiene sus fallas o, al menos, posee los defectos de sus extremadas calidades. Su temperamento violento y su autoritaria rapidez para la acción acaso lo marcaban ya como víctima señalada. Pero la calamidad que cae sobre Edipo es inmerecida y él no hubiera podido evitarla. Aun al cegarse a sí mismo, rasgo que no deja de chocar en la sensibilidad griega, ha sido dictado por el anhelo de escapar al intolerable peso de una culpa casi física. Es esencialmente trágico por cuanto, en su lucha contra accidentes insuperables, revela toda su nobleza y, sin embargo, queda vencido. Los demás personajes están adecuadamente trazados para acompañarlo: el viejo vidente Tiresias, deseoso de ocultar la verdad, pero obligado a confesarla; Creonte, convencional y honorable; Yocasta, profundamente femenina, que sólo sueña en la felicidad de Edipo, sea cual fuere la verdad. Y todos ellos quedan presos en aquella red de horrores mortales. La
pieza comienza con las imploraciones del pueblo que, azotado por una plaga, pide ayuda a Edipo y acaba con el instante en el cual éste se encuentra ciego, desposeído de sus hijas y enfrentado con el destierro. Pero acaso el momento culminante de ésta, como en general de todas las tragedias griegas, sea el reconocimiento. Cuando Yocasta se da cuenta de que está casada con su propio hijo y se dirige al palacio dispuesta a suicidarse diciendo: "¡Ay de mí, maldita, que tal nombre y nunca otro más, es mi nombre!"
20/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles –Las Traquinias
En sus Traquinias Sófocles abandona toda relación de la tragedia con la idea de castigo y emprende nuevas rutas. En esta historia, la joven Deyanira, incautamente ha causado la muerte de Heracles, su esposo, por el desmedido afán de conservarlo suyo, y al fin acaba suicidándose.
Sófocles trata, en esta obra, un asunto verdaderamente trágico y ha procurado la solución mediante las emociones religiosas. Deyanira está dibujada con exquisitez y sutileza. Su lucha interior de celos y ternura, ansiedad por recobrar el amor del esposo, esposo a quien ap***s conoce por otra parte, son verdaderos
triunfos del arte de Sófocles. Ella nada ha recibido de Heracles y este mismo, ante la noticia de la muerte de Deyanira, no tiene una sola palabra de piedad.
Hasta aquí el drama es enteramente humano y natural, escrito con extremo cuidado y conocimiento. Pero cuando el horror llega al colmo, cuando ha sobrevenido la muerte de Deyanira y Heracles se revuelve entre las torturas de la
fatal túnica de Neso, el tono cambia. Heracles comprende que se acerca a su fin y al fin de todos sus trabajos. En palabras de creciente confianza y que muestran un cabal dominio de sí propio, ordena a su hijo que prepare su pira funeraria en el Monte Eta. Se dispone a cumplir el oráculo que ha predicho su muerte y nada puede ya detenerlo. Semejante conclusión es extraña y el transportar así el interés dramático de Deyanira a Heracles parece cosa desmañada. Pero ello obedece a un plan. Heracles es la encarnación de la virilidad heroica, sobre cuya existencia los dioses se han complacido en acumular fardos y fatigas. De aquí que se mantenga más allá
de los ordinarios contornos de lo humano y aún más allá del dolor de su pobre esposa.
Pero los griegos saben que, al fin y a la postre, Heracles fue recibido entre los dioses. Y cuando Sófocles nos prepara para presenciar su muerte, sabe que se trata de una apoteosis, de una recompensa por las muchas p***s que el héroe ha padecido. Su tremendo error, después de todo, más que un error resulta una parte del plan divino para liberar a Heracles de sus penalidades. Sófocles encuentra, pues, la solución en
este tránsito del héroe hacia la divinidad, acontecimiento cuyos extraños medios caen fuera de la censura humana.
Con todo, la conclusión no es completamente satisfactoria. El hombre es, en Sófocles, más intenso que el moralista y Las traquinias acaban con una nota de
interrogación y casi de queja. El vástago de Heracles y Deyanira habla de las muertes y sufrimientos acontecidos y dice: "En ninguno de ellos hay más que una
cosa: Zeus." Se diría que Sófocles, en su aceptación de la voluntad divina, no aparece aquí tan satisfecho como cuando escribió el Áyax. Queda un humor de discordias no resuelto, un sentimiento de la injusticia de los dioses.
Sófocles nos ha presentado el conflicto entre los dioses y el hombre y las conclusiones no parecen satisfactorias. Aunque se conserva religioso hasta el fin y profundamente respetuoso de las ceremonias y los cultos de Atenas, cada vez parece percatarse más de que la explicación ortodoxa del sufrimiento es estrecha y cruel y se deja fuera todo el calor de la simpatía por lo humano.
20/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles -Antígona
La Antígona está construida con arte consumado. Comenzamos por sentir que Antígona tiene una devoción excesiva para el mu**to y es algo áspera para con
su pusilánime hermana. Pero gradualmente se nos va humanizando. Su certidumbre parece vacilar. Acumula razones para justificar su acto, algunas morales, otras
de íntima ternura. Al enfrentarse con la muerte, casi pierde el valor y piensa en todo lo que se le va con la vida. Y, conforme aumenta nuestra simpatía hacia esta mujer, disminuye nuestra simpatía por Creonte. Éste al principio no es más que el gobernante empeñado en restaurar el orden de una ciudad revuelta.
El desafío de Antígona revela los peores aspectos de Creonte. Ya no obra por principio, sino por orgullo, desoyendo los moderados consejos de su hijo y las graves advertencias del profeta Tiresias. Y cuando llega la hora de su castigo, no podemos menos de sentir que lo ha merecido cabalmente. Y sin duda ésta fue la intención de
Sófocles.
Los cantos del coro examinan los extremos de la cuestión y explican su significado general. Cuando Antígona desobedece a Creonte, el coro entona un himno
para cantar la astucia y la grandeza del hombre. Y cuando Hemón, enamorado de Antígona, argumenta con su padre, el coro emprende la loa sobre el "Amor invencible en los combates". Y el punto de estrecho legalismo pasa, de lo presente y lo particular, a asumir un sentido universal y perdurable.
20/07/2026
Grecia – La tragedia ática – Sófocles -Áyax
el primer drama completo de Sófocles es el Áyax, donde, a despecho de ciertas crudezas, podemos afirmar que Sófocles encontró ya su camino. Su asunto es el conflicto de un gran hombre con su destino. El héroe, Áyax ha sufrido una injusticia por parte de los capitanes aqueos. En un rapto de locura, da muerte al ganado de éstos, creyendo acabar con sus enemigos. Al recobrar la lucidez, se considera deshonrado y se suicida. Toda nuestra simpatía está con él, pero conforme al juicio tradicional Sófocles deja bien claro, desde el principio, que el héroe es culpable de desacato a los dioses y, en tal virtud, será castigado. Esa consideración ética no impide que Sófocles presente a Áyax como digno de simpatía y lo haga hablar en términos nobilísimos sobre los agravios de los que ha sido víctima. Hay un patetismo legítimo en el derrumbamiento de su personalidad y en los consecuentes sufrimientos de su esposa y su hijo. Sin embargo, Sófocles para nada intenta justificarlo ni sublevarse contra la sentencia dictada por los dioses. Su actitud es perfectamente ortodoxa.
La pieza no acaba con la muerte del héroe. La tercera parte final, se emplea en una disputa sobre su cadáver, cosa a nuestros ojos extravagante, pero indispensable
en esta historia para el modo de ver de los griegos.
La carrera de un hombre sólo acaba con su inhumación y si el difunto Áyax había quedado deshonrado en efecto, había lugar a una conclusión penosa. Sófocles, da término a la ingrata historia convirtiendo a Odiseo, el principal enemigo de Áyax, en abogado de sus honras fúnebres. La animadversión que Odiseo le tenía no va más allá de su muerte y la pieza acaba entre los consuelos del perdón y el honor concedidos al desaparecido. Aun así, el Áyax nos resulta un tanto remoto. Posee momentos de inolvidable belleza y el gran poeta se revela cuando Áyax habla de lo efímero de todas las cosas y dice adiós a la existencia terrestre.
Pero la estructura de la obra es algo desmañada y la querella sobre el cadáver tiene un tono grosero. Hasta aquí, Sófocles parece mayor poeta que dramaturgo. Aún no ha aprendido a armonizar su estilo con los requerimientos dramáticos de la acción que presenta, creando así una perfecta unidad ética y artística.