15/06/2025
El 14 de junio de 1985, cinco países europeos —Bélgica, Francia, Alemania, Países Bajos y Luxemburgo— firmaron el Acuerdo de Schengen en una localidad luxemburguesa que pronto se convertiría en símbolo de la libertad de movimiento en Europa. El objetivo era claro: eliminar los controles fronterizos internos y construir un espacio compartido de libertad, seguridad y justicia.
Cuarenta años después, el espacio Schengen se ha convertido en uno de los mayores logros de la integración europea. Actualmente lo conforman 29 países y más de 450 millones de personas pueden circular sin controles internos. Este espacio también facilita un comercio fluido: solo en 2024, el volumen estimado de intercambios intracomunitarios alcanzó los 4.100 mil millones de euros.
En el 40 aniversario, el Consejo de la UE ha reafirmado su compromiso con Schengen: consolidar sus fronteras exteriores, garantizar su resiliencia frente a amenazas híbridas y proteger la libre circulación como derecho fundamental. Sin embargo, este aniversario llega en un momento de tensiones internas. Once países, entre ellos Alemania, Francia y los Países Bajos, han reintroducido controles internos debido a preocupaciones migratorias o de seguridad, algo que ha generado críticas desde Luxemburgo o Polonia.
En Schengen, donde se izó simbólicamente una barrera fronteriza como parte de los actos conmemorativos, las autoridades subrayaron que el espacio no es solo un acuerdo técnico: representa la esencia del proyecto europeo. El Comisario Brunner lo definió como “un pilar de identidad europea y motor de prosperidad económica”.
No obstante, muchos consideran que el proyecto vive una "crisis de la mediana edad": las amenazas externas, los movimientos migratorios irregulares y los retrocesos en la cooperación cuestionan su viabilidad futura. En palabras de representantes españoles: “recuperar la esencia de Schengen” es hoy más urgente que nunca.
Cuarenta años después, Schengen sigue siendo uno de los grandes experimentos de apertura y cooperación del continente. Pero su sostenibilidad dependerá de una voluntad política firme y una apuesta clara por el equilibrio entre seguridad y libertad.
¿Y tú? ¿Qué opinas sobre el futuro de Schengen? ¿Debe priorizarse la seguridad nacional o la libre circulación europea?