30/01/2020
Todos los que de alguna manera, ya sea en el colegio, Parroquia, centro Juvenil u Oratorio, hemos conocido la figura de Don Bosco, estamos de fiesta este 31 de Enero.
La Iglesia nos propone esta fecha para recordar la figura del santo de los jóvenes, modelo de hombre y de sacerdote.
De origen muy humilde, de un pequeño pueblo de Turín, huérfano de Padre, en las primeras décadas del S. XIX, cuando las condiciones para sobrevivir eran durísimas, decide formarse y con mucho esfuerzo consigue llegar al seminario diocesano de Turín y lucha por alcanzar un gran anhelo, ser sacerdote, para servir a Dios y conseguir la salvación de las Almas, su más importante preocupación durante toda su vida.
Pero, cómo es que lo recordamos? Como ese incansable hombre que no se rinde frente a la adversidad, que pudiendo elegir ser un típico cura de su tiempo, con su vida resuelta y trabajando en alguna obra ya consolidada, prefiere dejarlo todo, y siguiendo un sueño, va en busca de los más débiles de la sociedad, los jóvenes y chicos de la calle, los que no tienen nada y sin posibilidades de mejorar. No hablaré ni de las causas ni de las condiciones de esa vida, pues son las mismas que hoy vivimos en muchos sitios; todos podemos hacernos una idea de esa cruda realidad.
Gracias al consejo de otro santo sacerdote, D. José Caffaso, llega a conocer el destino que la sociedad de su tiempo tenía preparado para los chicos de la calle: la cárcel.
Y cuentan que la escena que constató lo impresionó mucho, y finalmente encontró el camino que buscaba, salvar a los jóvenes de ese desgraciado destino.
Como en muchas cosas, Don Bosco fue un adelantado a su tiempo. En lugar de brindar solamente caridad o limosnas a los chicos abandonados y sin ninguna posibilidad de solución, pensó que el rescate tenía que pasar necesariamente por la propia implicación de los jóvenes. Y en busca de esas necesidades, detectó que antes que nada les faltaba el calor de un hogar, y que luego tendría que prepararlos para enfrentar la vida.
Con muchas penurias, y luego de un peregrinaje por distintos lugares de la ciudad, sin dinero y sin recursos materiales, logra por fin asentarse en antiguo y destartalado cobertizo a las afueras de la ciudad (hoy lo llamaríamos el extrarradio) en Valdocco e inicia el Oratorio de forma más estable.
Les ofrece casa y hogar, hace venir a su propia Madre, Margarita, para completar la figura familiar, aquello que los chicos de la calle no recordaban o nunca habían conocido.
Pero eso por sí solo ya era heroico, atender las necesidades de esa creciente nueva familia que ofrecía a cuantos iba convenciendo a cambiar la calle, con todos los riesgos que eso significaba, por una casa, que aún con reglas, difíciles de aceptar por quienes vivían en permanente anarquía, era mejor que lo que tenían.
Cuentan, quienes lo conocieron y compartieron la labor del Oratorio, que hacía verdaderos milagros para sostener el creciente gasto de atender las necesidades diarias de los que componían aquel hogar común, así como las obras físicas de ir acondicionando la casa para tener el mínimo necesario.
Hasta aquí se parece a la historia de muchos grandes hombres en el tiempo, pero la verdadera grandeza de este singular sacerdote estaba en su permanente preocupación por la salvación de las almas de sus jóvenes y por formarlos para la vida, para que pudiesen insertarse en condiciones aceptables. Combinó hogar con escuela, los empezó formando en oficios que la cambiante ciudad requería.
Fue tan grande su capacidad de demostrar bondad y firmeza a la vez, que muchos de esos jóvenes, quizá descartados por la sociedad, se fueron quedando en casa a trabajar con Don Bosco.
Demostró ser un hombre meditativo en la acción y activo en la meditación, a todos hizo conocer su propia vocación, y contagió a muchos a seguir su ejemplo, hasta llegar a constituir la congregación de los salesianos.
Tendríamos mucho que escribir, pero me gustaría trasladarme a nuestros días, después de la fundación de los salesianos hace ya 160 años.
Hoy ese pequeño hogar de Valdocco, la casa Madre, se ha convertido en la gran familia salesiana, compuesta por 32 ramas distintas pero con un mismo carisma, presente en más de 132 países.
Bien, parte de esa inmensa Familia Salesiana, somos los antiguos alumnos, que estamos organizados en la Confederación mundial, a la que pertenecen las Federaciones Nacionales de más de 100 países y en España, con seis Federaciones Regionales y 54 asociaciones locales.
Somos junto a los salesianos Cooperadores, Adma y otros grupos, el componente laico de esta magnífica obra, llamados a continuar el trabajo iniciado con tanta ilusión.
Si nos pidiesen que resumiéramos el carisma común, podríamos decir en dos frases, el sistema preventivo, aquel que propone que es preferible anticiparnos en la formación integral de los jóvenes antes que buscar castigos o correctivos. Y la segunda y más importante, la incesante búsqueda de la salvación de las almas.
Esto lo expresaba claramente y sin envolturas el lema "Buenos cristianos y Honrados ciudadanos", lo uno y lo otro son inherentes e inseparables.
Este año es un año de gracia especial para los antiguos alumnos. Cumplimos 150 años de un gesto que nos define e identifica. Cuando un pequeño grupo de oratorianos, luego de aprender un oficio y ya contratados trabajando en la ciudad, retornaron espontáneamente el día 24 de junio, fiesta de San Juan, y onomástica de Don Bosco, a visitarlo al Oratorio para agradecerle por todo lo que había hecho por ellos, y ofrecerse para ayudar en lo que necesitase.
Don Bosco, se emocionó, no era nada común, un gesto sin precedentes, y entendió que el sistema, o la forma de educar había dado un resultado satisfactorio, y les pidió dos cosas importantes, "... manteneos unidos y ayudaros mutuamente..."
Hoy podemos traducirlo como un reclamo para que actuemos en favor de los otros, de los necesitados de hoy, que son muchos, y que pasemos a la acción.
Está fecha tan significativa, la celebraremos en todas y cada una de nuestras asociaciones con propuestas efectivas de compromiso y a nivel nacional, tenemos previsto peregrinar a los lugares salesianos en Turín, participando en el EUROBOSCO 2020, la cita continental que realizamos cada cuatro años, y a la que estamos particularmente invitados.
Se trata de un ameno fin de semana del 25 al 28 de Junio en Valdocco, para profundizar en nuestro ser cristianó y volver a la fuente donde se gestó esta hazaña, centrar nuestra espiritualidad y compartir como hijos de una misma familia.
¡¡¡¡¡FELIZ DÍA DE DON BOSCO!!!!!!
Y os esperamos mañana 31 para celebrar esta hermosa fiesta, y en junio para marchar juntos a la casa Madre.
FERNANDO NUÑEZ, presidente de la Confederación Nacional de antiguos alumnos y alumnas de Don Bosco.