15/04/2021
La casa se cerró cuando mis pies decidieron darle la espalda al cruzar la puerta. Vagué sin rumbo fijo, únicamente guiado por la intermitencia de luz y oscuridad que producía la plantación ordenada de farolas de las calles. Como un vampiro me sentía más vivo en el lugar donde las estrellas juegan libres sin el acecho de la contaminación lumínica. Se levantó un viento frío y cortante. El abrigo y la bufanda permanecían nostálgicos en el perchero.