15/04/2026
Fragmentos, conexiones, personas.
Nuestro pasado es rico y complejo, y aún puede sorprendernos. Hace poco hablábamos sobre el espectacular yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo (Badajoz) y de esa imponente escena de sacrificio ritual de animales documentada en su patio.
Hoy hablamos de objetos que trazan líneas en los mapas y asombro en nuestros rostros. En esta ocasión nos referimos a unas pequeñas placas decoradas de marfil, que fueron producidas entre los etruscos, en la península italiana, y viajaron hasta este enclave alejado del Mediterráneo entre el siglo VI y el siglo V antes de nuestra era. Son objetos delicados, tallados con delicadeza y decorados con decoración dorada y pigmento rojo, que seguramente estuvieron adheridos a algún tipo de caja.
Entre sus decoraciones se adivinan un caballo al galope con su jinete, la cacería de un ciervo, parte de un banquete mítico donde un sátiro ofrece un cuenco de vino a otro personaje, o dos bóvidos recostados.
Objetos que dibujan conexiones, pequeñas obras de arte, reflejos de nuestra humanidad.
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