24/08/2026
Durante estos últimos ocho años recorriendo España juntos, cada paso ha sido por y para ellos. Siempre busqué refugios donde el ruido del mundo se apagara, lugares donde un simple paseo fuera sinónimo de paz y donde pudieran correr libres, explorando a su ritmo, respetando sus límites, su curiosidad y su propia personalidad.
Y así encontré este rincón. Un verdadero lugar de ensueño, de esos que cualquier perro pediría si pudiera hablar, el sitio que en solo dos semanas se convertirá en nuestro hogar.
Pero la naturaleza a veces nos encoge el corazón. Por circunstancias ajenas a nosotros, este año el fuego llegó demasiado cerca. Al poner un pie aquí, el golpe fue desgarrador: era como si no reconocieran su propio paraíso. El ambiente olía a ceniza y a chimenea apagada; los campos verdes se habían convertido en un paisaje lunar y en sus miradas habitaba una inquietud que jamás les había visto.
Sin embargo, sé que la tierra tiene memoria y la lluvia hará su magia. El verde volverá a brotar, la vida regresará y ellos dejarán de mirar atrás con esa duda en los ojos que parece preguntar: «¿Dónde estamos? ¿Nos acompañas?».
Apoya a tu perro. Dale el tiempo que necesite y, sobre todo, confía en él.
El amor no depende del paisaje. Seguiremos caminando, explorando y viviendo la vida a su lado, ya sea sobre cenizas o sobre el pasto más verde.