21/08/2026
Se termina agosto y todos vuelven “renovados”. Vos volvés con la mochila, las bolsas, la ropa por lavar y un cansancio que no se cura con playa.
Es que para muchas madres las vacaciones no son descanso: es el mismo trabajo en otro escenario, sin rutinas y con todos en casa todo el día. Cocinar igual, sostener igual, mediar igual (pero con arena).
Así que si llegás a septiembre más cansada que en julio, no es que “no sabés disfrutar”. Es que nadie descansa haciendo el trabajo de varias.
Mandásela a esa amiga que “volvió de vacaciones” agotada: a veces alcanza con que alguien lo diga. 🤍
14/08/2026
Durante miles de años, ninguna mujer crió sola. Había abuelas, tías, vecinas, primas: una red que sostenía, que enseñaba, que te daba de comer mientras vos dabas la teta, que agarraba al bebé para que durmieras unas horas.
Hoy, sobre todo si emigraste, criás lejos de todo eso. Tu mamá está a un océano de distancia. No tenés a quién dejarle el bebé ni diez minutos. Y, muchas veces, te comparás con una versión idealizada de la maternidad que ves en una pantalla.
Que te cueste no es porque seas débil ni porque lo estés haciendo mal. Es que estás haciendo, vos sola, el trabajo que la naturaleza diseñó para muchas manos.
No te falta capacidad. Te falta la tribu. Y reconocerlo no es rendirse: es dejar de echarte la culpa por algo que nunca fue tu culpa.
¿Estás criando lejos de tu gente, sin red? Escribime, te leo. Y si conocés a una mamá que está criando lejos y sola, mandale esto. 🤍
03/08/2026
Llegó el hermanito, la hermanita y, de golpe, tu hijo más grande pega, hace berrinches, vuelve a hacerse p*s, no se te despega ni un segundo, “se porta mal”.
Y vos, agotada y con un recién nacido en brazos, sentís que no podés con todo.
Revisemos esto: lo que tu hijo está viviendo es enorme. De un día para el otro dejó de ser el centro del mundo y tuvo que compartir lo que más ama (vos) con un desconocido chiquito que encima no se va más. Lo que parece “mala conducta” casi siempre es esto: una forma torpe, de niño, de decir “tengo miedo de que ya no haya lugar para mí”.
No necesita un reto. Necesita que le confirmes, una y otra vez, que tu amor no se divide cuando llega un hermano: se multiplica.
¿Tenés más de un hijo/a? Contame cómo se vivieron los celos en tu casa. Te leo. 🤍
30/07/2026
Cuando tu bebé te mira a la cara, no ve una cara cualquiera. Te lee. Tu rostro es su primer espejo: en tu expresión empieza a descubrir quién es, si existe, si importa, si está a salvo.
Winnicott lo decía así: cuando una mamá mira a su bebé con presencia, el bebé se ve a sí mismo reflejado. “Acá estoy, soy querido”.
Y acá viene lo importante, sin culpa: por eso tu estado pesa tanto. Cuando estás agotada, sola, desbordada (y muchas veces lo estás porque hacés el trabajo de varias sin red) el espejo se empaña. No porque seas mala madre. Porque nadie te está sosteniendo a vos.
El mismo Winnicott lo dijo: no hace falta ser una madre perfecta. Alcanza con ser una madre suficientemente buena.
Y si últimamente lo sentís empañado, no es una falla tuya. Es una señal de que a vos también te toca que te cuiden. ¿Te resuena? Contame acá abajo. 🤍
24/07/2026
Hay una idea dando vueltas de que poner límites “reprime”, que lo más amoroso es dejar que el niño haga lo que quiera. Y del otro lado, los que creen que un buen límite es a los gritos o con castigo.
Como siempre, los dos extremos te complican.
Un límite no es un castigo ni una pelea de poder. Es una forma de cuidado. Cuando un chico no tiene límites, no se siente libre, se siente perdido, porque queda a cargo de decisiones demasiado grandes para él. El límite, puesto con firmeza y con cariño, le dice: “yo me ocupo, vos podés ser chico tranquilo”.
No se trata de quién gana. Se trata de darle un mundo predecible donde sentirse seguro. Y eso, a la larga, es de las cosas más amorosas que le podés dar.
¿Cuál es el límite que más te cuesta sostener? Te leo acá abajo. 🤍