20/01/2022
Aunque todos adoramos a las suculentas, reconstruir su historia evolutiva es un in****no. Lo primero a definir en términos taxonómicos lo que comunmente llamamos suculenta, y si miramos un poco nos damos cuenta que los cactus, los bejeques y los aloes solo comparten el aspecto de sus hojas, que es resultado de la adaptación a climas muy secos.
Si miramos con atención la flor, vemos que muchas suculentas poseen sus ovarios por fuera del receptáculo floral y no fusionado a éste (súpero), formando frutos secos que se separan unos de otros fácilmente (polifolículo). Acabamos de definir a la familia de las Crassulaceae.
Llegado este paso, puede ser útil contar los pétalos, ya que si son múltiplos de 4 seguramente estemos hablando de Kalanchoe y parientes, mientras que si son múltiplos de 5 estaremos próximos a los bejeques (Aeonium o Echeveria).
Evidentemente estos caracteres "resuelven bien" cuando hablamos de 3-4 taxones, pero si intentásemos hacerlo con todas las Crassulaceae veríamos fuertes inconsistencias. Para solventar esto, se tienen que analizar muchos caracteres de valor taxonómico, generalmente relacionado con flores y frutos, así como estudiar la evolución molecular de los mismos para ver si ambos son congruentes.
Aún así, esta pequeña filogenia de las Crassulaceae representa bien la idea de clasificar a los organismos atendiendo a su morfología.