22/08/2023
CARTA A LOS POLÍTICOS NEGACIONISTAS
POR ACCIÓN U OMISIÓN
Les escribo desde Jaén un 22 de agosto de 2023. Tras 30 años dedicado al estudio de la crisis climática y a la sensibilización ambiental, hace poco decidí tirar la toalla. Me cansé de solicitar a los más humildes un sacrificio que, no nos engañemos, no va a cambiar el statu quo. Me cansé de participar en un teatro de cinismo e hipocresía que no ha conseguido nada en estas últimas décadas, más allá de acelerar el proceso de cambio climático para satisfacer la infame avaricia cortoplacista de un oligopolio protegido por el poder político, cuando no es el mismo poder político. Tan repulsivos me parecen los políticos que niegan abiertamente el cambio climático como los que lo usan como reclamo electoral, osea, todos.
Creo que la manera más pedagógica de explicar lo que nos jugamos si no se ponen en marcha medidas drásticas que reduzcan las emisiones de GEIs es examinar las condiciones meteorológicas de los últimos veranos. Les cuento mi verano de 2023, que bien podría ser el de un cordobés, un sevillano o una extremeña. Llevamos 4 olas de calor casi sin solución de continuidad, con numerosas noches con temperaturas por encima de 35 grados a las 22:00h y mínimas por encima de los 25. No se puede salir a la calle. No se puede ir a la piscina, ni al monte, ni al río, porque el aire abrasa. No se puede vivir, salvo debajo de un aparato de aire acondicionado, acongojado permanentemente por el tamaño de la factura que enriquecerá aún más los bolsillos de los de siempre. No se duerme por la noche, no se disfruta de los días de merecido descanso y se vive en un permanente cabreo.
En definitiva, ¿hemos de asumir que alrededor de 2 meses de nuestro calendario anual se han convertido en periodo de supervivencia en condiciones de máxima hostilidad climática?
Ah no, que algún simpático dice en los noticiarios que vayamos pensando en comprarnos un chalecito en Asturias... que graciosines, así como el que no quiere la cosa. ¿Significa eso que Andalucía, Murcia y Extremadura engrosarán pronto la España vaciada de refugiados climáticos (pobres, claro) y que la cornisa cantábrica será la Marina D´or post-apocalíptica?
Y si la alarma climática es preocupante, aún lo es más la pasmosa naturalidad con la que la sociedad española asume su suerte, como si fuese un designio divino ante el cuál nada puede hacerse.
Pero ustedes, señores políticos (¿o debería decir aspirantes a consejos de administración?) saben lo que hay que hacer. Lo que ocurre es que sus patronos no les dejan. Por el momento, ese vasallaje y cobardía parece no pasarles factura. Pero llegará el día en que hasta sus conseguidores, los medios de desinformación, claudiquen ante la emergencia y será entonces, cuando la sociedad despierte. Ustedes tendrán los días contados, pero seguramente nosotros, los decentes, también.